Soy todo un Sugar Daddy cap. 5 Gloria
VolvĂ a mi casa, despuĂ©s de estos tres dĂas deberĂa volver a mi rutina de siempre. Durante unas semanas tanto mi exmujer como mi sobrina no se fueron de mi cabeza. SabĂa de sobra que no querĂa poner en apuros a Carolina, además, tampoco querĂa otra relaciĂłn con una joven que no me llevarĂa a ningĂşn lado, pero ÂżY mi exmujer?
En mi cabeza seguĂa presente esa noche en la que casi follamos y su rechazo al dĂa siguiente. Seria negármelo a mĂ mismo, que de una manera incomprensible, seguĂa enamorado de mi exmujer y no entendĂa esa actitud. Mi orgullo, mi estĂşpido orgullo me impedĂa llamarla y quedar con ella para aclarar lo que pasĂł, pero solo recordar su rechazo y luego sus estĂşpidas excusas me ponĂan enfermo, joder parece que no se daba cuenta que fue ella y solo ella la que desencadenĂł todo esto.
Cosas del destino quiso que Venus se pusiera de mi parte. A las dos semanas del entierro de mi exsuegro un sábado por la mañana alguien llamaba a mi puerta y con sorpresa cuando abrĂa me encontrĂ© a Gloria guapĂsima, radiante, tanto, que me dejĂł sin palabras.
—¡¡Gloria!! ¿Qué…que haces aqu� ¿Cómo, como…?
—¿Cómo te he encontrado? Preguntó mi exmujer. ¿Me invitas a pasar?
—Si claro pasa, estas en tu casa, dije cortésmente pero sin sentirlo. ¿Me das tu abrigo?
Cuando me lo dio me dejo impactado. Un vestido de punto gris perla a medio muslo y ajustado a su cuerpo, unas medias negras, muy tupidas y unos zapatos de salĂłn a juego con el vestido me dejaban desarmado ante esa mujer que por mucho que lo negara me volvĂa loco. La invitĂ© a sentarse y cruzando sus piernas me enseñó una gran porciĂłn de muslo enfundado en esa media.
—El cĂłmo te he encontrado si lo piensas sabrás quien te ha traicionado, dijo riĂ©ndose. El dĂa del entierro de mi padre le pedĂ que averiguase donde vivĂas, solo ella lo podĂa conseguir y vaya si lo hizo.
Mi sobrina, deberĂa haberlo imaginado. Cierto es que aunque fue una decisiĂłn absurda, me neguĂ© a dar mi direcciĂłn a nadie de la familia. Me negaba a estar controlado en todo momento o por mi hermana y por mi mujer o por mi cuñada, cuando pedĂ el divorcio querĂa que mi libertad no estuviese vigilada.
—Me das un vaso de agua, tengo la garganta seca. Me pidió mi exmujer.
—Claro, perdona, no te he ofrecido nada, pero me has dejado sorprendido con tu visita que no esperaba. Haciendo hincapié en que este encuentro no era de mi agrado. ¿Quieres otra cosa que no sea agua?
—No, con el agua está bien.
Me fui a la cocina y no habĂa entrado cuando notĂ© la presencia de mi ex detrás de mĂ. Se apoyĂł en el marco de la puerta y mirĂł todo detenidamente mientras no me quitaba ojo. Le acerquĂ© el vaso de agua y me apoyĂ© en la encimera, ella no tuvo intenciĂłn de moverse.
—Tienes un pisito muy mono y limpio. Dijo mirándome fijamente.
—Bueno, lo que ves, el recibidor, el salón, la cocina, un baño completo y un dormitorio.
—El tĂpico pisito de soltero. SoltĂł con un deje de reproche Gloria. El dormitorio y el baño lo verĂ© más tarde.
—¡¡BUENO, YA ESTA BIEN GLORIA, ¿A QUE HAS VENIDO?!! Dije elevando mi voz y perdiendo mi paciencia.
NotĂ© el estremecimiento de su cuerpo y vi el vaso temblar por el susto. Su cara empalideciĂł y notĂ© su postura más rĂgida y menos relajada.
—No te enfades, ¿Vale? Solo he venido a verte y a hablar contigo…te echo mucho de menos.
—¿Y de qué quieres hablar ahora?
—Pues de ti, de mi…de lo que…de lo que paso el otro dĂa…
—Lo que paso el otro dĂa fue una equivocaciĂłn, lo mismo que el quedarme en tĂş casa fue un error desde el principio.
—No fue una equivocación, deseaba que ocurriese, pero tuve miedo, miedo de ser otro polvo dentro de tus conquistas…si estas paredes hablasen… Dijo mirando toda la casa con gesto furioso.
—Pues quizás dirĂan lo mismo que las de tu casa. Le reprochĂ© ante ese ataque de celos.
—Por…por mi cama no ha pasado nadie…solamente tú. Dijo avergonzada.
—¿PERDONAA? Enfaticé, ¿Me quieres hacer creer, que después de la que montaste con "Quiero espacio y tiempo" NO HAS HECHO NADA? Venga yaaa…
—Piensa lo que quieras, pero ha sido asĂ. Te amaba y tĂş te divorciaste de mĂ, yo no querĂa eso, te querĂa a ti.
—Y si me querĂas a mi ÂżPor quĂ© me pediste tiempo y espacio? ÂżQuĂ© pretendĂas? Gloria nunca fuiste sincera con tus intenciones y por eso me divorciĂ© de ti. No pensaba consentirte ser un pelele en tus manos.
Gloria agachĂł la cabeza, no quiso rebatir mi Ăşltimo comentario. Lo cierto es que todavĂa no sabĂa muy bien a que venĂa esa visita y no es que me disgustase tenerla allĂ conmigo, al contrario, estaba preciosa y me daban ganas de estrecharla contra mĂ y hacerla el amor hasta caer desfallecido, pero me hacĂa falta que fuese honesta conmigo y me contase lo que escondĂa y no querĂa contarme.
—Arturo, mi visita es para intentar recuperar a mi marido, que se vuelva a enamorar de mĂ. Dijo mirándome para ver mi reacciĂłn.
—Para que eso llegue a producirse, primero tendrás que ser sincera contigo misma y conmigo y decirme la verdad, que ocurrió para que me pidieses lo que me pediste.
Nos fuimos al salĂłn y nos sentamos en el sofá. AgarrĂ© su mano para darle confianza y aunque al principio le costĂł arrancar, empezĂł a soltar lo que llevaba dentro hacĂa más de dos años y no me quiso decir.
Las principales culpables fueron dos amigas suyas, dos golfas de cuidado que se acababan de divorciar y se daban la gran vida a costa de haberles sacado hasta el hĂgado a sus exmaridos. La convencieron de que se divorciase y le aseguraron que nunca le faltarĂa en su cama un jovencito que le darĂa todo lo que no le daba yo. Pero a diferencia de sus amigas, mi mujer estaba enamorada de mĂ y no querĂa perderme, por eso se inventĂł lo del espacio y el tiempo, pensando en irse a casa de su hermana por una temporada y probar esa vida llena de lujuria que le prometĂan sus amigas. Pero con lo que no contĂł fue que yo le pedirĂa el divorcio.
—PensĂ© que te enfadarĂas, que intentarĂas hacerme cambiar de opiniĂłn, pero nunca se me pasĂł por la cabeza que me pedirĂas el divorcio. Lo quise parar, tenĂa miedo de perderte y no fui honesta contigo, con eso alimentĂ© con gasolina el fuego que yo misma habĂa provocado. Pero lo que más me doliĂł fue el que no quisieses saber más de mĂ, que ni me dieses tu direcciĂłn y que ni contestases mis llamadas o mis mensajes.
En ese momento los ojos de Gloria no pudieron retener la avalancha de lágrimas que empezaron a caer por sus mejillas. Me rompĂa por dentro el verla asĂ, nunca me gustĂł verla llorar. Solo me limitĂ© a abrazarla contra mi e intentar calmarla. Cuando se tranquilizĂł le hice la pregunta del millĂłn o por lo menos la pregunta que me llevarĂa a que confesase lo que realmente ocurriĂł.
—Y dime Gloria, ¿Qué te iba a dar ese jovencito que yo no te daba? ¿Qué es lo que buscabas?
Gloria empezĂł a ponerse nerviosa, ese tema no querĂa tocarlo y yo creĂa saber por quĂ©, pero necesitaba escucharlo de su boca. Se puso en pie y empezĂł a moverse intranquila.
—No me hagas esto Arturo.
—¿QuĂ© no te haga el que? ÂżObligarte a ser sincera? ÂżA quĂ© confĂes en mĂ y me digas la verdad?
—Me vas a odiar. Dijo volviendo a llorar.
—Prueba, a lo mejor te sorprendo. Y deja de llorar, el mal ya está hecho, solo puede ir a mejor. Le dije para darle ánimos.
—¿Alguna vez notaste que la monotonĂa se estaba instalando entre nosotros?
—¿MonotonĂa? Gloria, por suerte nos podĂamos permitir el lujo de hacer lo que nos diese la gana. Todos los fines de semana hacĂamos algo diferente, nos divertĂamos, entre semana Ăbamos al cine, al teatro a cenar, lo pasábamos muy bien… ÂżO eso no era suficiente para ti?
—Si bueno, eso estaba muy bien, no te lo discuto, es…es… ÂżTe gustaba el sexo que tenĂas conmigo?
—Aunque me rechazaste muchas veces, porque te dolĂa la cabeza o estabas cansada, si disfrutaba contigo, aunque si notĂ© Ăşltimamente la bajada en la frecuencia que hacĂamos el amor.
—¿No te parecĂa que siempre era igual? ÂżLos mismos besos, en los mismos lugares y las mismas posturas? Es esa la monotonĂa a la que me refiero. No habĂa innovaciĂłn, no habĂa pasiĂłn, era todo muy mecánico, muy predecible.
—Ya, y pensaste que follando con otro hombre o con un jovencito calmarĂas tu furor uterino, ÂżNo? Te recuerdo que fuiste tĂş la que te negaste siempre a innovar. Tu instalaste esa monotonĂa. La reprochĂ© herido.
Gloria estaba muy buena, como dije era un pibonazo y para tener la edad que tenĂa un cuerpo que volverĂa loco a cualquier hombre. Pero en la cama era muy mojigata. No daba pie a nada y a todo decĂa que no. Nunca se tragĂł una corrida mĂa y por supuesto por el culo, en la vida, eso era una guarrerĂa y solo lo hacĂan las putas. A mĂ me gustaban los preliminares, calentar a mi pareja hasta volverla loca. Ella era de cuatro besitos y un magreo de tetas y se abrĂa de piernas para mĂ, o se ponĂa en cuatro, o me cabalgaba, hasta ahĂ nuestra Ăşltima vida sexual. NotĂ© su incomodidad cuando escuchĂł mi reproche. SabĂa que razĂłn no me faltaba y que me "obligĂł" a tragar con esa vida me gustase o no, le fastidiaba tener que darme la razĂłn, pero no dijo nada, solo esquivĂł mi mirada.
—Gloria, te voy a preguntar algo muy importante y quiero que seas totalmente sincera conmigo… ¿Alguna vez has tenido un orgasmo cuando follábamos?
Vi como Gloria cambiĂł de expresiĂłn, se puso muy tensa y abriĂł mucho sus ojos. Me mirĂł durante unos segundos evaluando lo que decir imaginando que de la respuesta que diese dependerĂa y mucho como acabarĂa esa visita.
―No creo que eso sea importante ahora. Dijo Gloria.
―Es más importante de lo que crees y necesito que me respondas. Y te voy a ayudar… yo ya sé la respuesta.
Aun asĂ se lo pensĂł temiendo lo que iba a decir. QuerĂa que fuese ella la que me lo dijese y no tuviese miedo de decir la verdad.
—Bien, dijo resignada, pues echando cuentas, en los, más o menos, 26 años que hace que nos conocemos, habrĂ© alcanzado tantos orgasmos como dedos tengo en una mano, y ahora que lo pienso…creo que me sobran dedos. TerminĂł, dándole un punto de ironĂa.
—Ya. Entonces debo de entender que lo del tiempo y el espacio fue solo la excusa para follar con otros hombres y saber lo que era ser una puta en la cama, con otros, pero no conmigo, ¿No?
—No te pases, me recriminó Gloria enfadada, no me faltes al respeto, yo no te he insultado.
—Solo te digo que esos supuestos "hombres" que te iban a follar te iban a tratar asĂ, como a una puta a la que utilizar, correrse en tu boca, en tu culo y en tu coño, follarte y dejarte tirada hasta que llegase el siguiente, ÂżEso es lo que querĂas?
—PUES SI, ES LO QUE QUERIA. QUERIA SABER QUE SE SIENTE ESTANDO BIEN FOLLADA, SATISFECHA, PLENAAA…Gritaba, ESTABA HARTA DE ESAS DOS GOLFAS PRESUMIENDO DE LOS TIOS QUE SE TIRABAN Y YO QUERIA ESOOO. Clamaba Gloria enfurecida
PodĂa sentir su frustraciĂłn, tantos años fingiendo, yo creyendo que era un jodido empotrador y en cambio era un ****** que no era capaz de satisfacer a mi propia mujer. Me puse en su piel y creo que lo que hizo tiene un nombre…amor. Mi mujer me aguantĂł porque me amaba hasta que dijo, BASTA, y decidiĂł hacer algo diferente aunque se equivocĂł en las formas. Vi como escondĂa la cara entre sus manos y se echaba a llorar amargamente.
—Preferiste intentar engañarme a hablar conmigo y querer solucionar ese problema. Por eso me divorcié de ti.
Gloria lloraba con amargura, levantĂł su vista y me mirĂł con los ojos rojos implorando perdĂłn, brillantes de sus lágrimas pensando que ya no habĂa nada que justificase su presencia en mi casa despuĂ©s de lo que habĂa confesado. Fue hacia el sillĂłn donde estaba su abrigo y su bolso y vi que estaba dispuesta a irse. Me levantĂ© rápidamente y parĂ© su huida abrazándola contra mĂ. Su llanto aumentĂł en intensidad mientras me pedĂa perdĂłn y me abrazaba contra su cuerpo dejándome sentir su desesperaciĂłn.
—¿DĂłnde crees que vas? Le preguntĂ© con cariño. Anda, tranquilĂzate y dĂ©jame vestirme, te invito a comer.
LevantĂ© su mentĂłn y me echĂ© a reĂr, parecĂa un oso panda, todo el rĂmel corrido de sus lágrimas, pero estaba preciosa y yo más enamorado de ella que nunca aunque no lo supiese. La besĂ© con pasiĂłn y ella me recibiĂł de la misma manera. Nuestras lenguas se buscaron, se enroscaron y se mordieron con cariño hasta que la falta de aire nos separĂł.
La invitĂ© a comer en el restaurante que a ella le gustaba, creo que fue una comida que no olvidarĂamos en el resto de nuestras vidas, hubo mucho cariño y mucha complicidad entre los dos, preludio de lo que vendrĂa esa tarde. Durante la comida me dediquĂ© a excitarla sutilmente, los ojos de Gloria brillaban de una manera increĂble y buscaba continuamente mis labios, respondiendo a mis estĂmulos.
Cuando estábamos tomando el cafĂ© y el consabido "chupito" por cortesĂa de la casa, Gloria agarrĂł una mano mĂa, la besĂł y apoyĂł su mejilla en ella mirándome con amor.
—Te propongo que terminemos esto, pagues la cuenta y nos vayamos a nuestra casa a terminar esa ducha pendiente, ¿Quieres? Me dijo excitada.
—Lo estoy deseando mi amor.
Me chocĂł cuando dijo "nuestra casa" era de ella, me pagĂł mi parte y las escrituras estaban a su nombre, pero en su cabeza siempre habĂa sido nuestro hogar, nuestra casa y para ella seguirĂa siendo asĂ.
Cuando llegamos, nos fuimos directos al dormitorio. Me dejĂł desnudarla, aprovechando a cada prenda que le quitaba dejar jugar mis labios con su piel. Cuando le quitĂ© su tanguita su vulva lucia sin un solo pelo, brillante de sus juguitos, salvo una tirita muy sensual en su monte de venus. Mi lengua se metiĂł entre sus labios y le dio un profundo lametĂłn arrancando un gemido ahogado de su garganta. Cuando le quitĂ© el sujetador me dediquĂ© a sus tetas, a excitar sus pezones que se pusieron como piedras mientras un dedo mĂo acariciaba suavemente su clĂtoris arrancando gemidos de placer de mi mujer.
—Ummmm…cariño…mi amor, vámonos a la ducha. Me suplicaba.
—Shhhh, tĂş solo dedĂcate a disfrutar cielo mĂo.
Mansamente se dejĂł tumbar en la cama y levantĂ© sus piernas dejándolas al borde. En esa posiciĂłn estaba abierta de piernas y con su coñito abierto para mĂ. Era una preciosidad, y el aroma de su excitaciĂłn subiĂł hasta mi pituitaria. Me arrodillĂ© ante mi diosa, y empecĂ© a lamer y besar el interior de sus muslos. Mis manos acariciaban y excitaban sus tetas y sus pezones y Gloria bufaba de placer.
—Mi amor…me corrooo…mmmfffff…diooooos.
Solamente con las caricias, sin llegar a tocar con mis labios o mi lengua su coñito, Gloria se habĂa corrido como una zorra ávida de sexo. Cuando empezĂł su orgasmo si busquĂ© su coño para beberme el nĂ©ctar que salĂa de Ă©l. Eso alargĂł más aun su orgasmo que lo gritĂł mientras sus caderas bailaban para mĂ.
—Mi amor fóllame…fóllameeeee que no aguanto más. Suplicaba Gloria.
—Por supuesto que te voy a follar y lo voy a hacer hasta que me pidas que pare, pero hasta entonces, déjame disfrutar de tus orgasmos.
De rodillas como estaba, rodeĂ© con mi brazo su muslo derecho, puse su culo más al borde de la cama y con el pulgar de mi mano derecha empecĂ© a acariciar su clĂtoris, Gloria echĂł su cabeza hacia atrás y volviĂł a gemir. Con los dos dedos, Ăndice y corazĂłn, de mi otra mano empecĂ© a follarla el coñito, primero despacio, notando como se iba encharcando hasta que mis dedos chapoteaban dentro de su coño aumentando la velocidad de la follada. Gloria se retorcĂa de gusto y entonces girĂ© mi mano poniendo la palma hacia arriba y las yemas de mis dedos buscaron su punto "G" para cuando lo encontraron Gloria dio tal grito que se tuvo que escuchar en todo el edificio.
—Ahhhh…diooos que me haces… para…paraaa…me hago pis…para cabrooon…jodeeeer.
Gloria exploto es un squirt mientras se retorcĂa y lanzaba lĂquido desde su coñito poniendo todo perdido. Sus piernas se cerraban y se abrĂan al son de los espasmos de su orgasmo, su espalda arqueada sin tocar la cama su cabeza echada hacia atrás con su cuello lleno de venas y los brazos extendidos agarrando con sus manitas el edredĂłn y tirando de Ă©l. Cuando se fue tranquilizando me dediquĂ© a besar con ternura sus ingles y a lamer el resto de su corrida.
Para ese entonces tenĂa mi polla a reventar. Ver asĂ a mi mujer hizo que la quisiera follar en ese mismo momento. Me desnudĂ©, mientras ella recuperaba la normalidad de su respiraciĂłn. LevantĂł la cabeza y cuando vio cĂłmo me desnudaba se apoyĂł sobre sus codos observando cada movimiento que hacĂa, viendo su mirada de lujuria. Cuando me quitĂ© la ropa interior, mordiĂł su labio con lascivia se puso en mitad de la cama con sus piernas bien abiertas.
—FĂłllame mi amor, fĂłllame, te necesito dentro de mĂ.
Me tumbĂ© encima de ella y nos devoramos la boca con pasiĂłn. Mi polla encontrĂł el camino y sin esfuerzo mis veinte centĂmetros la abrieron haciendo que gimiese como la puta que era en ese momento. NotĂ© la estrechez de su coñito, me recordaba a la sensaciĂłn que tuve cuando follĂ© con Patricia, como los mĂşsculos de su vagina se aferraban a mi rabo para no dejarle escapar, tenĂa la misma sensaciĂłn con mi mujer. Se abrazĂł a mĂ con brazos y piernas y siguiendo los buenos consejos de mi amiga Gina empecĂ© a follarmela.
—Mi amor, como te he echado de menos…fóllame, vamos, fuerteeee…fuerteeee
CambiĂ© ligeramente mi posiciĂłn, para que al penetrarla mi glande rozase ligeramente su punto "G" Eso la volviĂł loca nuevamente, empezĂł a agitarse, a temblar, se aferrĂł a mi como una crĂa a su madre mientras mi polla la barrenaba sin perdĂłn y volviĂł a explotar.
—Mi amooor…otra vez…otra vez…me corrooooooo…me corrooooo.
GritĂł su orgasmo aferrada a mi mientras mi balano no dejaba de follarla. PresumĂa que podĂa controlar mis orgasmos, pero el coñito de Gloria empezaba a hacer estragos en mi aguante y aunque querĂa aguantar más, mi organismo me pedĂa vaciar mis huevos debido a mi excitaciĂłn.
EmpecĂ© de nuevo a follarla con penetraciones largas y profundas, aumentando la velocidad. En la habitaciĂłn solo se escuchaba los gemidos guturales de mi mujer y el chocar de nuestras pelvis. Nos abrazamos como desesperados y nos besamos hasta en el alma en una uniĂłn tan Ăntima que nos fundiĂł. Gritamos nuestro orgasmo sin dejar de besarnos, mientras mi polla lanzaba latigazos de semen en el Ăştero de Gloria. Cuando nos tranquilizamos todavĂa seguĂamos besándonos con ternura y muy abrazados. Mi balano estaba clavado hasta los huevos en el coño de mi mujer, pero ninguno de los dos querĂa deshacer ese momento.
—Te amo mi amor. SusurrĂł Gloria en mi oĂdo.
—Yo también te amo mi vida, nunca he dejado de hacerlo.
Fui a salirme de su interior y ella me lo impidiĂł.
—No mi amor, quĂ©date un rato más asĂ, dĂ©jame sentirte, ahora mismo soy la mujer más feliz del mundo.
Estuvimos asĂ un buen rato hasta que la postura empezĂł a ser incĂłmoda, solo en ese momento es cuando nos separamos. Mi polla seguĂa dura como una piedra, me tumbĂ© al lado de Gloria y ella enseguida se abrazĂł a mi llenándome de besos. Su mano fue a mi verga que pajeo con delicadeza y acariciĂł mis huevos, comprobando la suavidad al estar carente de vello.
—Ummmm…estas tan cambiado mi amor, me has dejado sin palabras ha sido increĂble.
—Si, ha sido increĂble mi vida, eres maravillosa.
Gloria con sus caricias y sus mimos no dejĂł que mi erecciĂłn menguase. Nos fuimos a la ducha y con nuestras caricias y la mamada que me hizo mi mujer la volvĂ a follar, arrancándola otros dos orgasmos más. Gloria no se creĂa lo que le estaba pasando y me miraba confundida pero ese dĂa iba a irse a dormir estando bien, muy bien follada.
Cuando salimos de la ducha y nos fuimos a la cama, la muy zorra entrĂł a gatas, meneando lascivamente su culazo que sabĂa que me volvĂa loco. Sin pensármelo, aun a sabiendas que no le gustaba, hundĂ mi cara en ese tesoro y me dediquĂ© a lamer, chupar y follar con mi lengua su anito, y por los gemidos que daba, no le disgustaba.
—Mi amooor que gustooooo…eres un guarro…ummmmm…pero no pareees…
Cuando la tuve a punto la follĂ© de nuevo. Estando en cuatro pude ver como mi verga desaparecĂa dentro de su coñito hasta las pelotas, pero lo que más me llamĂł la atenciĂłn es como boqueaba su esfĂnter. Sin estar muy seguro de su reacciĂłn me dediquĂ© a masajear su anito con mi dedo pulgar, pero lejos de m*****arse solo emitiĂł un largo gemido de aprobaciĂłn.
La follĂ© con desesperaciĂłn y mi dedo pulgar ya no acariciaba su anito, directamente lo habĂa profanado y la follaba salvajemente, haciĂ©ndola alcanzar dos orgasmos más hasta que volvĂ a llenarla de semen calentito que desbordĂł su coñito. CayĂł rendida en la cama jadeando como si hubiese corrido una maratĂłn
—Eres un bestia, un bárbaro…un a****l del sexo…mi amor no puedo más…ya, ya no sé cuántos orgasmos he tenido, pero…pero estoy rota, quiero descansar.
Y descansamos. Nos habĂamos pasado casi toda la tarde del sábado follando como a****les, recuperando el tiempo perdido y dándome cuenta de lo sencillo que era que mi mujer alcanzara un orgasmo. Joder, antes del divorcio follando no era malo, era peor.
Nos despertamos cerca de media noche, entre arrumacos y mimos. Gloria estaba encantada con su "Nuevo" Arturo, todavĂa no se lo creĂa.
—No sĂ© quĂ© te habrá pasado, ni lo ocurrido en estos más de dos años separada de ti, y creo que quizás no quiera saberlo…pero el resultado es impresionante. Nunca, nunca en toda mi vida, he tenido tantos orgasmos como contigo esta tarde. Me decĂa Gloria fascinada. Dime, dime que esto no ha sido casualidad.
—No ha sido casualidad, y puedo hacerlo de nuevo. Tu excitación inicial también ha ayudado mucho, pero puedo hacer que te corras de muchas maneras, te lo aseguro.
—Uffff mi vida, me estas poniendo a mil otra vez. Gimió mi mujer.
Aunque excitados, decidimos cenar algo. Nos habĂamos pasado toda la tarde follando y eso desgasta mucho, habĂa que recuperar fuerzas. Cenamos desnudos, admirando nuestros cuerpos. Mi mujer me tenĂa loco tenĂa un cuerpazo que ya quisieran muchas chicas de 20 años, pero Gloria alucinaba con el mĂo y me preguntĂł como lo habĂa conseguido.
—Bueno, cuando nos divorciamos, los primeros cinco meses los pasé fatal. Te echaba mucho de menos y mi vida era un desorden continuo, de tal manera que mis horarios ya no guardaban orden.
Gloria se levantĂł y se puso entre mis piernas y me besĂł con amor.
—¿Y por qué no me llamaste? Hubiese acudido a ti enseguida.
—EmpecĂ© a consumir mucha comida basura, la consumĂa para comer y cenar y eso hizo que en un par de meses engordase como un a****l. ComencĂ© a encontrarme mal y el medico me mandĂł una analĂtica, cuando la vio se echĂł las manos a la cabeza, colesterol por las nubes, azĂşcar lo mismo y cuando me tomĂł la tensiĂłn se asustĂł, tenĂa 19 de máxima y 11 de mĂnima. Me propuse poner fin a eso y contratĂ© los servicios de un entrenador personal y que además era nutricionista y en poco menos de un año mira cĂłmo me dejĂł.
—Pues es impresionante el trabajo que habĂ©is hecho los dos. Si las putas de mis amigas te viesen se morirĂan de envidia. Dijo Gloria riĂ©ndose.
Cuando terminamos de cenar nos fuimos a la cama otra vez. VeĂa en la expresiĂłn de deseo de mi mujer las ganas de que follásemos de nuevo. No hizo falta preguntar si me quedaba a dormir, lo dimos por hecho los dos.
Disfrute de su cuerpo, de sus tetas, de sus muslos y le comĂ el coño como creo que nunca se lo habĂan comido. Alcanzo un orgasmo impresionante y sin dejarla descansar hice que se pusiera de lado y haciendo la cucharita con ella la follĂ© hasta que nos corrimos los dos. Cuando nos estábamos recuperando los dos muy abrazados se lo susurrĂ© en el oĂdo.
—Mi amor, te voy a follar el culito, no ahora, pero quiero que lo sepas que me lo vas a dar.
—Lo que me pidas mi vida, te voy a dar todo, soy tuya. Dijo sumisa.
CaĂmos rendidos de nuevo y nos despertamos el domingo casi a medio dĂa y antes de desayunar Gloria ya iba llenita de leche. Ni salimos de casa, nos pasamos el resto del domingo descansando y follando hasta que llegando la noche me tuve que ir a mi casa. Gloria, estaba triste, no querĂa que me fuese, pero me tenĂa que cambiar de ropa y al dĂa siguiente tocaba trabajar.
Cuando me encontrĂ© en el coche me sentĂ muy mal porque la dejĂ© llorando y pensĂ© que era un estĂşpido, yo tampoco me querĂa separar de ella. VolvĂ a su casa y cuando me vio se abrazĂł a mi como si hiciese años que no me veĂa.
—Cariño, he pensado que por quĂ© no te vienes conmigo a mi casa, hacemos una maleta con mi ropa y me vengo contigo a pasar unos dĂas. Yo tampoco me quiero separar de ti.
A la hora estábamos de vuelta en su casa. Cenamos algo rápido, nos duchamos entre gel de baño, caricias y besos y desnudos nos fuimos a dormir. Esa noche dejamos nuestros sexos descansar, Gloria me confesĂł que le escocĂa el coño y a mĂ la polla despuĂ©s de tanto folleteo. Aun asĂ, antes de dormirse la hice un dedito que le provocĂł un orgasmo suave y delicioso que la hizo dormir mejor.
Lo que en un principio fue una estancia de unos dĂas, se convirtiĂł en estancia definitiva. Todas mis cosas estaban de nuevo en esa casa y Gloria y yo hacĂamos vida marital como si el divorcio no se hubiese producido. Volvimos a nuestras escapadas románticas de fin de semana, nuestras salidas nocturnas, pero más enamorados que nunca. El sexo con Gloria empezĂł a ser increĂble y a los quince dĂas de empezar nuestra vida en comĂşn por fin me follĂ© ese culito tan deseado por mĂ.
Siguiendo mi vena morbosa, una tarde despuĂ©s de salir del trabajo, me pase por un sex shop. ComprĂ© dos plug's anales, uno de tamaño medio y otro más grandecito, además de un Lush. Cuando lleguĂ© a casa, Gloria siempre me recibĂa con cariño, preguntándome por mi dĂa. Cuando vio la bolsa de color rojo chillĂłn me lo preguntĂł:
—¿Qué traes en esa bolsa? Dijo mirando su interior con curiosidad.
—Regalitos para mi amor.
Cuando vio lo que era puso cara de vicio, de puta necesitada de rabo, me volviĂł loco, con la voz rota me lo dijo.
—Acabo de mojar mis braguitas, ¿Cuándo empezamos?
PensĂ© que este trámite nos llevarĂa algo de tiempo, con Gloria no querĂa apresurarme. El hacer que su anito se fuese acostumbrando a ser penetrado y tener algo dentro de sus intestinos me llevarĂa algo de tiempo, pero me equivoquĂ©.
Gloria estaba desatada, esa misma tarde probĂł los dos plug's y el Lush y se corriĂł provocándome, no dejándome que la tocara, mi polla estaba a reventar y necesitaba follarme a esa mujer. Esa misma noche mi verga taladraba el culo de mi mujer con el Lush metido en su coño, nunca la habĂa visto correrse de esa manera y me gustĂł como temblĂł al notar como mi polla regaba sus intestinos con mi corrida.
—Joder mi amor…lo que me he estado perdiendo, dijo jadeando como una perra. Me encanta nuestra nueva vida.
Algo que no conseguĂ fue correrme en su boca y que se tragase mi corrida. No se negĂł a probarlo pero no le gustĂł. Me hacia unas mamadas de escándalo y me dejaba correrme en su cara, si alguna gota llegaba a su boca no importaba, pero solo eso, no iba a llegar a más. No se puede tener todo en esta vida, me hubiese gustado tenerlo todo de ella pero adoraba a mi mujer y como se habĂa transformado en una amante increĂble.
A los seis meses de estar viviendo juntos nos volvimos a casar por lo civil, fue una ceremonia muy Ăntima y solo con los más allegados incluida Carolina que no desaprovechĂł ni un momento para excitarme ponerme cachondo y asegurarme que estaba deseando que la follase de nuevo.
Durante el siguiente año, nuestra pasiĂłn inicial se fue relajando, pero el fuego seguĂa muy vivo, nuestras sesiones de sexo eran increĂbles pero tanto ella como yo no Ă©ramos unos jovenzuelos y no podĂamos mantener el ritmo inicial. Nuestra libido se fue relajando y dejo paso a un sexo muy placentero pero más espaciado, sobre todo para Gloria, que al principio quiso recuperar el tiempo perdido y me exprimiĂł a conciencia.
Lo malo de probar las mieles de la juventud es que son como una ***** que es imposible de olvidar. FollĂ© con mi sobrina un par de veces más, mi casa empezĂł a ser mi "picadero" aunque solo lo estrenase con Carolina, pero mi futuro me tenĂa preparada una gran sorpresa.
Fue un mes de diciembre, poco antes de nochebuena. Estaba en mi despacho trabajando sobre una campaña de publicidad de unos clientes cuando sonĂł mi mĂłvil. El nĂşmero que aparecĂa en pantalla no lo tenĂa en contactos seria de algĂşn cliente…
—¿DĂgame?
—¿Arturo? Una voz femenina y muy familiar resonaba en mi cabeza, Patricia.
—¡¡PATRICIA!! Exclamé sorprendido y asustado.
—Hola mi amor, no te haces una idea de las ganas que tenĂa de escuchar tu voz. Dijo Patricia echándose a llorar. Necesito verte, ÂżEstás trabajando? ÂżPodemos quedar hoy?
—Cielo, tu madre me amenazó…Patricia no me dejó decir más.
—Mi amor, ya han pasado más de dos años desde que esa puta me separó de ti. Ahora SI que tengo 18 años y si te quiero ver, ni ella ni nadie me lo va a impedir, además es tan hipócrita, tan golfa y tan puta que ahora tiene un amante y los he pillado, la tengo en mis manos.
Solo escuchar lo que me dijo y oĂr de nuevo su voz y sus ganas de verme y estar conmigo, me la puso más dura que un bate de beisbol. Quedamos esa tarde en un bar cerca de mi casa donde alguna vez me habĂa esperado cuando nos veĂamos.
Cuando la vi de nuevo, parecĂa que el tiempo se habĂa detenido en ella cuando se bajĂł del coche despuĂ©s de nuestro fin de semana en Formigal. Vino corriendo y segĂşn estuvo a mi lado dentro del coche se sentĂł a horcajadas en mi abrazándose y besándome como si no hubiese un mañana.
Agarré de nuevo su perfecto culo y la froté contra mi polla empezando a gemir.
—Mi amor, estoy desnudita debajo de esta ropa, quiero ser tu puta, y que me llenes con tus corridas.
Diciendo esto agarrĂł una mano mĂa y la metiĂł debajo de su sudadera. Me encontrĂ© con su pecho desnudo, duro, su pezĂłn erizado. AmasĂ© su teta y retorcĂ su pezĂłn con suavidad tirando de Ă©l, hasta que Patricia gimiĂł de dolor.
—Vámonos a tu casa mi amor. Quiero sentirte.
Venus se habĂa aliado conmigo de nuevo. No sĂ© cuánto durarĂa esto, pero hasta que nadie o algo dijese lo contrario, y siempre que mi mujer me lo permitiera, (mi prioridad siempre seria Gloria) iba a gozar nuevamente del cuerpo de Patricia. Las mieles de su juventud volvieron a calmar mi sed y mi casa volviĂł a llenarse de gemidos, gritos y choques de pelvis. Ahora que lo pienso…la Ăşnica mujer que no probĂł mi cama ha sido la mĂa, por un momento una ideal loca se me pasĂł por la cabeza, ÂżGloria y Patricia? Un pensamiento absurdo que enseguida se esfumĂł cuando los labios de mi pequeña empezaron una buena mamada.
Fin
6 years ago