Hola, acostumbro a darles mi dulce agua de Valencia a mis invitados. Afirman, echa más. Bebe que te bebe, dale que dale y dale que te vuelvo a dar. Entra tan bien, me dicen. La aprecian de tal modo que cogerían gustosamente un pe do. La risa suelta es común denominador. Luego no hay forma de tirarlos. Me pienso que a la próxima debo convidarlos a lejía. Pero de malvada no me veo. Podemos ir al bar. ¿Será solución? ¡Tan mal habituados! ¿Tú cómo lo ves? Besitos