Mamadora el placer de sacar leche
Me echo un vistazo con deseo, que calaba hasta los huesos agitado me acaricio y me dijo mescla de susurro y orden… - ven - y me hizo una seña a su bragueta… No¡¡¡ -imploré - nos van a ver, estábamos en una fiesta sentados en un sillón en la penumbra del salón… una luz psicodélica blanca prendía y apagaba mi vestido dejando una luz intermitente sobre mi silueta, había un par de parejas en el entorno cercano besándose en otros sillones.
Mis labios delineados de rojo profundo, centellaban por el brillo, mi pelo recogido con una tiara, el vestido que dejaba a la vista mis muslos, la espalda al descubierto y un generoso escote donde se marcaban sin sostén los botones de mis pezones. Me giraba todo quizás el perfume, la música, los tragos o la embriaguez del deseo…
Me tomo la mano y la trasladó a su entrepierna lo apretujé dócilmente y sentí por arriba del pantalón deslizándola suavemente su miembro rígido y palpitante. – Su cara desencajada de deseo instaba mi boca - Me estremecí mescla de codicia y desasosiego a la realidad casi innegable de que nos vieran. Estaba oscuro pero no tanto. El se abrió el cierre y emergió su glande entre mi mano… me tomo la barbilla y me acaricio con dulzura, - ven ordenó por favor… - ven Martita - y yo como una autómata, con los pezones punzantes por brotar de mi cuerpo, los cachetes encendidos y un mohín de padecimiento y picor acaté.
Amante obediente aproximé mi rostro a su miembro, aprecié el olor penetrante de macho de su verga, sus testículos, los acaricié, levemente y fui engullendo su glande entre mi labios, profesé el sabor ácido de la cabeza del pene y la ***** del aroma del macho. Gimoteé y él se estremeció, abordé a chupar anhelosa el bálano, variando besuqueo, arrumacos, salivas, lengüetazos succión, quejidos, sollozos y miradas profundas.