Mi primo Chuchi. (I)
AsĂ que no fue precisamente entusiasmo lo que mostrĂ© cuando llegĂł ni cuando mi madre me pidiĂł que le acompañara a por la noche a tomar algo por el pueblo con mis amigos. Estuvimos de copas y bebimos bastante, Chuchi se mostrĂł como un tipo divertido, nos lo pasamos la mar de bien, la verdad, gracioso y ocurrente con las chicas. No es que fuera guapo, de hecho estaba más bien gordito, pero tenĂa labia y venĂa de la capital.
Cuando me metĂa en la cama mi primo ya hacĂa un rato que dormĂa, yo me puse a leer. Al cabo de un rato levante la vista y vi que, por el calor se habĂa destapado. Estaba desnudo y con su culo apuntando hacia mi cama y las piernas suficientemente abiertas como para poder ver sus pelotas. Unas piernas fuertes y un poco peludas… No podĂa dejar de mirar ese espectáculo mientras mi rabo empezaba a ponerse duro.
Jamás se me habĂa atraĂdo un tĂo, nunca me habĂa interesado ningĂşn hombre. Es cierto que desde hacĂa algĂşn tiempo, cuando estaba muy cachondo y me quedaba solo en casa cogĂa ropa de mi madre y me la ponĂa para masturbarme, pero nunca me habĂa puesto cachondo viendo a un tĂo desnudo, ni en los vestuarios de la piscina, ni en revistas porno, ni en ninguna otra circunstancia como me estaba sucediendo entonces.
EmpecĂ© a hacer una soberbia paja esperando controlar el ruido y la respiraciĂłn. No querĂa por nada del mundo que mi primo se despertara y me pillara en plena faena… y de repente, si darse ni siquiera la vuelta me pregunto:
- ÂżQuieres que te ayude?
Me quede parado y callado. Se dio la vuelta. Estaba completamente empalmado. Su polla era más bien pequeña, pero dura como una piedra. Estaba aterrado, creĂ que me empezarĂa a insultar, pero en cambio, Ă©l me dijo que entre sus amigos se pajeaban con frecuencia y que era mucho mejor que hacerlo uno mismo, que nos podĂamos hace una paja, que Ă©l tambiĂ©n estaba muy cachondo mientras se levantaba y se sentaba en mi cama…
Le dije tĂmidamente que sĂ y cuando me quise dar cuenta le nos estábamos acariciando los huevos y pajeándonos como locos. Su polla estaba caliente y palpitante, no sabĂa muy bien cĂłmo proceder, Ă©l en cambio, despuĂ©s de escupir en su mano empezĂł a acariciarme el glande con cuidado…
Nuestra respiración empezó a agitarse, él musitaba en voz baja
- AsĂ, cabrĂłn… lo cual me ponĂa todavĂa más caliente.
Con el miedo de que mis padres nos oyeran nos corrimos los dos rápidamente.
- ÂżHas probado el semen?, me pregunto. Le contestĂ© que sĂ, pero que el mĂo
- Pues vas a probar hoy el mĂo, primo. LĂmpiame bien la polla con la lengua – me ordenĂł, con suavidad, pero con firmeza, mientras me agarraba la cabeza por la nuca.
Ni me resistĂ. Aquella fue la primera polla que probĂ©. Dura, hĂşmeda, salada… sabrosa. No dejĂ© ni una gota. Cuando acabĂ© de lustrarle el miembro me dijo.
- Hala, a dormir y me dio un cachete en el culo.
Yo estaba entre excitado y avergonzado, me sentĂa sucio y al mismo tiempo satisfecho. TardĂ© en dormirme, la culpa me atenazaba, el miedo a lo que podrĂa suceder el dĂa siguiente, lo que pensarĂan mis padres o mis tĂos o mis amigos si se enteraran no me dejaba conciliar el suño. Chuchi, en cambio, al cabo de un par de minutos ya estaba roncando. Esa fue la primera noche de un verano muy especial.