Mi madre y Yo
Hola, me llamo MarĂa y tengo 23 años. Desde hace tiempo leo historias de i****to ya que esto me hace sentirme menos rara, ya que yo he vivido una muy especial y esto es algo que normalmente no se puede compartir con el resto de la gente. Nunca me habĂa planteado contarla, pero viendo esta Web me ha parecido que podĂa contribuir a compartir mi experiencia con gente similar a mĂ.
Todo empezĂł hace algo más de diez años, cuando me quedaba muy poco para cumplir los trece años. Debo decir que yo he sido siempre muy caliente y morbosa y me masturbo desde que tengo uso de razĂłn. A la edad que da comienzo mi relato yo ya habĂa follado, tanto con chicos como con chicas. Siempre he sido bisexual, aunque debo decir me atraen algo más las mujeres. Mi madre se habĂa preocupado de decirme la verdad sobre le sexo y los cuidados que debĂa tener, por lo que yo iba bastante despreocupada por la vida.
En casa Ă©ramos mi madre y yo. Mi madre se habĂa separado de mi padre hacĂa mucho, lo cual me parece normal, ya que era un borracho cabrĂłn que la pegaba a menudo. La verdad es que despuĂ©s la vida le pagĂł a ese cerdo con la misma moneda, pero eso es otra historia.
Mi madre y yo Ă©ramos razonablemente felices y nos querĂamos mucho. Nunca tuvimos mucho pudor y hablábamos sin tapujos. Yo sabĂa de sus lĂos e incluso alguna vez se traĂa algĂşn hombre a casa. Amigos que yo conocĂa y que se quedaban a dormir. A mi no me importaba, al revĂ©s, querĂa que mi madre fuera feliz. Y lo conseguĂa, más o menos.
Un dĂa, quince dĂas más o menos de mi trece cumpleaños, yo me estaba duchando. Mi madre entro en el cuarto de baño a peinarse, como hacĂa muchas veces. Mientras yo me duchaba, aprovechábamos para hablar de tonterĂas y yo para pedirle que me comprara alguna ropa, que me encantaba. La ducha tenĂa una mampara semitransparente y nos veĂamos ambas con dificultad, pero yo si habĂa notado que ella me miraba más de lo normal, algo que yo atribuĂ a su curiosidad de madre sobre mi crecimiento.
AcabĂ© de ducharme y abrĂ la mampara. EmpecĂ© a secarme mientras seguĂamos hablando y ella peinándose. Ăšltimamente a mĂ me dolĂan un poco las tetas, asĂ que se lo comentĂ©.
- Mamá, no se lo que me pasa, pero desde hace un tiempo me duelen un poco las tetas – la comenté yo.
- Eso será de que te están creciendo, hija – me respondió.
- Si que me han crecido desde este verano, ¿verdad? – la dije y ella se volvió a mirarme.
- Si, hija. La verdad es que te has puesto tremenda – me dijo mi madre.
- ¿Tremenda de que? – la dije yo sin entender.
- Tremenda de buena, hija – me contestó. Yo me hinché de orgullo y me gustó que mi madre me dijera eso.
- ¿Te gusto? – la pregunté yo bromeando.
- Hija, estás para mojar pan – me contestó ella medio en broma, medio en serio. Yo decidà seguir con aquello para ver hasta donde llegaba. Me picaba la curiosidad.
- ÂżTe gustan las tĂas, mamá? – la preguntĂ© directamente.
- Hija, yo no hago ascos a nada en la cama – y se rió. Yo también. Y decidà ir más lejos.
- ÂżTĂş me follarĂas? – la preguntĂ© directamente. Ella no se extrañó de mi lenguaje porque siempre habĂamos hablado muy claramente. Se volviĂł y me mirĂł a los ojos. En ese momento vi una mirada muy especial.
- Mi niña, si no fueras mi hija, tenlo por seguro – me soltó directamente.
- ÂżY que, que sea tu hija? ÂżNo te parece este cuerpo para comĂ©rselo? – dije yo haciendo el ganso mientras habĂa soltado la toalla y totalmente desnuda me pasaba las manos por todo el cuerpo mientras me contoneaba.
- Calla, anda y estate quieta, a ver si vamos a acabar haciendo lo que no debemos…- y diciendo esto se fue.
En ese momento me di cuenta que mi madre hablaba en serio. Era verdad que le parecĂa apetecible y que me follarĂa si no fuera su hija. De pronto yo vi a mi madre con otros ojos y me di cuenta de lo buena que estaba. Con sus treinta y cinco años era una mujer espectacular. Una rubia de 1,75 con un culo y unas tetas de infarto. Yo habĂa visto muchas veces en la calle a mujeres como ella y habĂa pensado que estarĂa muy bien follármelas, pero nunca lo habĂa pensado de mi madre. En ese momento me di cuenta de que a ella, a mi madre, tambiĂ©n me apetecerĂa follármela.
Con estos pensamientos llegue a su cuarto. Yo llevaba puesta una toalla minĂşscula que más que tapar podĂa provocar. Ella, estaba sentada en su cama poniĂ©ndose unas medias. A mi madre le gustaba llevar liguero y la habĂa visto muchas veces, pero esta vez era distinta. La vista de sus piernas, las medias, el liguero y sus bragas me calentĂł de pronto. En ese momento lo decidĂ, deseaba follarme a mi madre y estaba segura de que no iba a encontrar demasiada resistencia.
Me puse enfrente de ella y me recostĂ© sobre la pared. TratĂ© de poner la postura más sexy que habĂa visto en las pelĂculas, pasándome una mano por las piernas y otra por el pelo. Mirándola fijamente y con una sonrisa picarona, la dije:
- ÂżTienes prisa, mami?
Ella se me quedó mirando, como pensando un buen rato. Me miró de arriba a bajo comiéndome con los ojos.
- Pero, hija, ¿de verdad que tu te lo quieres montar con tu propia madre? – me preguntó incrédula.
- ¿Y tú con tu propia hija? – la devolvà la pregunta.
- Anda, no hagas más el tonto….- me dijo con la “boca chica”.
- Pues a mi me encantarĂa follar contigo…. – la soltĂ© sin pensarlo dos veces. Ella levantĂł otra vez la vista y, ahora, si en su mirada empezaba a asomar la lujuria.
- Hija, para, que estás consiguiendo ponerme caliente….- me dijo como pidiendo clemencia. Yo “ataqué” directamente, me fui hasta ella y me senté “a caballo” sobre sus piernas y de frente a ella.
- Mamá, quiero que me folles. Quiero que me enseñes a follar como estoy segura de que sabes hacerlo. Quiero ser tu putita….- el lenguaje debió hacer su efecto, porque después de unos segundos me dijo:
- Ven aquĂ, zorrita – me abrazĂł y me empezĂł a dar un beso de “tornillo”. Para mi fue como una explosiĂłn dentro de mi. De golpe me vino un calentĂłn tremendo. Mientras nos besábamos apasionadamente me quitĂł la toalla y yo empecĂ© a quitarle la ropa.
- ¡Pero que buena estás, hija mĂa! – me dijo mirando mi cuerpo desnudo. Ella acabĂł de desnudarse.
- DĂ©jame verte bien, mamá. Ella se quedĂł totalmente desnuda y se separĂł un poco para que yo la viera bien. TenĂa unas tetas increĂbles y el coño depilado por completo, lo que me llamĂł la atenciĂłn. Con mis cuatro pelos, tenĂa yo más que ella. Yo me relamĂ ostentosamente.
- Joder, mamá, estás buenĂsima – la dije.
- ¿De verdad, hija? – me pregunto agradecida.
- Y tanto – dije yo – Me parece que no me voy a cansar de comerme esas tetas y ese chocho.
- Me encanta que seas tan putita y que me hables asĂ, hija.
- Quiero ser tu putita y que hagas conmigo lo que quieras, mamá.
- Si supieras la de veces que me he hecho pajas pensando en esto, hija – me dijo. Yo me sentà superhalagada.
- ¿Y por que no me has follado antes? – la pregunté.
- Me daba miedo, hija.
- Basta de charlas – dije yo empujándola hacia atrás – déjame comerme este chochazo que tienes, mami.
- No vayas tan deprisa, hija. Ven, anda, tĂşmbate a mi lado que voy a chupar esas deliciosas tetitas de mi nena.
Nos tumbamos en su cama y empezó a chuparme las tetas. Yo mientras también le sobaba las suya, pero estaba deseando probar su coño. Empecé a tocárselo y lo encontré empapado.
- ¿Estás cachonda, eh, mami? – la dije yo, socarrona.
- Es que me pones a mil, hija – me dijo soltando mi pezón derecho de su boca,
- Vamos a hacer un 69, mamá.
- Venga, hija, a ver si sabes comértelo.
Yo tenĂa ya experiencia con algunas amigas, asĂ que no dudĂ©. Nada más poner mi lengua en su clĂtoris, mi madre dio un grito.
- Ayyyyyyyyyyyyyy, hijaaaaaaaaaaaaa, que gustazo…………….si, que sabes, jodĂa……….
Nos hicimos una mamada mutua de ******. Nos corrimos como dos perras en celo y finalmente nos quedamos tumbadas besándonos saboreando el sabor de ambos coños.
- Hija, ¿Dónde has aprendido a hacerlo?.......menudo orgasmo….casi me muero…..
- Y tu, mamá. Casi me rompes el coño de gusto.
- Como me gusta que me hables asĂ, hija, me calientas muchĂsimo.
- Mamá, quiero que estĂ©s siempre muy caliente para mĂ. Vamos a estar siempre desnudas y dispuestas a follar, Âżvale? Vamos a reventarnos los chochos de gusto, Âżvale?
- Si hija, si – se reĂa – mira que eres calentorra.
- No lo sabes tu bien. No sabes lo puta que es tu hija – la dije.
- Eso esta bien…pero no vayas a decirle nada a nadie, ¿eh? – me dijo asustada.
- ¿Te crees que soy tonta o que? – y me levanté para ir al cuarto de baño.
- ¿A dónde vas? – me preguntó mi madre.
- A mear – la dije.
- Espera…- me dijo.
- Es que me meo – dije yo.
- Vale, pues mea – me dijo mirándome fijamente. Yo me quedĂ© unos segundos sin reaccionar, pero enseguida entendĂ que mi madre querĂa que meara allĂ mismo. Yo no la habĂa hecho nunca, pero lo habĂa visto muchas veces en revistas y videos que mi madre tenĂa en casa. Aquello me calentĂł otra vez sobremanera.
- ¿Quieres que te mee? – la pregunté directamente.
- Si, quiero probar tu meada – me dijo con la voz quebrada por la lujuria.
- Vale, pero voy a mojar toda la cama.
- No importa, luego la cambio – me dijo y me hizo un gesto para que lo hiciera.
- Voy, mamá. Mira que eres guarra – la dije yo
- No sabes cuanto, hija – me dijo.
Yo me puse de rodillas en la cama, sobre su cara. Me costó un poco al principio, pero al rato solté un chorro que fue a parar directamente a su cara. Ella buscó con su boca mi meada y se la tragó enterita. Después empezó a lamerme el coño para no dejar ni una gota, lo que hizo que me corriera otra vez.
Aquel dĂa empezĂł una relaciĂłn en mi vida que no ha terminado. Yo me ha casado hace año y medio y mi marido no sabe absolutamente nada, claro. Yo sigo viendo a mi madre todo lo que puedo y nuestros encuentros son más fogosos que antes si cabe. No tenemos lĂmites en el sexo. Hemos hecho todas las guarradas imaginables, hemos hecho trĂo con putas y hemos disfrutado como locas. Yo estoy embarazada de seis meses de una niña. Muchas noches pienso en lo maravilloso que serĂa un trĂo, abuela, madre e hija. Ya veremos…