En verso
Estábamos de frente, sentados en la mesa.
La gente degustaba e inesperadamente,
SentĂ sobre mi pierna un roce que no pesa.
Era tu pie descalzo. Trepando entre mi ropa.
Mi pantalĂłn holgado por donde tĂş subĂas.
Pensé en tu piel, tus senos, tus labios y tu boca
Tus ojos, tu cabelloÂ… ÂżEso es lo que querĂas?
Entonces cuando pides, me cambie a la otra silla
Que está desocupada a un lado de la tuya,
Me siento como náufrago que llega hasta la orilla
De alguna isla situada a un lado de la suya.
Entiendo la indirecta tomándote la mano
Que guĂas hacia tus muslos, de falda recogida.
Comprendo que disfrutas de este deseo profano
Pues miro en tu semblante la cálida acogida.
Mis dedos se colocan debajo de tu falda
Y palpan con cautela tu prenda humedecida.
Y rozan con sigilo lo que el placer respalda
Pues nada disimula tu cara enrojecida.
Entonces me permites entrar a lo escondido
La tela se hace a un lado, mojada hasta el extremo
Porque las olas brotan de un mar embravecidoÂ…
Delatan que te acercas a ese placer supremo.
Tus ojos desorbitan, tu cuerpo se estremece.
TambiĂ©n el mĂo se agita. Respiro acelerado.
Y cuando al fin explotas – Eso es lo que parece –
Suspiras aliviada, por lo que has alcanzado.