De putita con el plomero
Hace unos meses, mi madre me comentĂł que durante la semana vendrĂan reparar una gotera que habĂa en una de las cañerĂas de la casa. Yo no le tomĂ© mayor importancia y sĂłlo le contestĂ© que no habĂa problema, que si es que iba el plomero durante el dĂa (tiempo en el que quedo solita en casa) estarĂa yo ahĂ para indicarle dĂłnde arreglar.
Era dĂa miĂ©rcoles y me levantĂ© tipo 10 de la mañana, tomĂ© una ducha y cuando me iba a vestir, pensĂ© que como estarĂa solita podrĂa dar rienda suelta a mi deseo de vestir como mujercita durante el dĂa. Me sequĂ© y busque algo de ropa en los closets de mi casa: tomĂ© un sostencito de mi hermana que era blanco con unas florcitas rosadas muy lindas que calzaban casi perfecto a mis tetitas, unos colaless rosaditos tambiĂ©n pero que en la parte de atrás eran como dos hilitos que quedaban metidos en el culo, una faldita que me llegaba hasta media pierna rosadita clara, una polerita blanca que quedaba sobre mi ombligo y completaba el trajecito un par de zapatitos de tacĂłn blanco. Fui a la pieza de mi madre y me maquillĂ©, puse un labial rosado en mis gruesos labios, un poco de rimel y algo de rubor en mis mejillas, todo muy suave. TomĂ© tambiĂ©n unas extensiones en forma de trenza que tenĂa en su cajĂłn y las puse en mi cabello (que tenĂa algo largo, por el hecho de ser vacaciones) una a cada lado. Me mirĂ© en el espejo grande que tiene tras su puerta y vi a una nenita muy linda pero con una cara de zorrita y quedĂ© maravillado de lo bien que me veĂa y hasta empecĂ© a fantasear con salir algĂşn dĂa asĂ a la calle y pasar desapercibida como hombre, más no como putita.
Puse un poco de mĂşsica y comencĂ© a ordenar mi habitaciĂłn, ordene mis discos, mi ropa, etc. Estuve en eso un par de horas cuando suena el timbre… corrĂ a abrir pero al llegar a la puerta me doy cuenta de que estaba con una ropa que no era la mĂa. El timbre sonaba insistentemente…
¡Señora, vengo de pasadito, ando algo apurado porque tengo otra pega! – dijo de repente el sujeto que al otro lado de la puerta.
AhĂ recordĂ© lo que dijo mi mamá sobre la visita del plomero. Yo vestidita asĂ y ese hombre afuera gritando que estaba algo apurado… En eso pensĂ© que quizás esta era una oportunidad para ver quĂ© tan nena me veĂa… total era un sujeto que no me habĂa visto nunca. Pero por otra parte era peligroso pues si no lo parecĂa, capaz que el sujeto me diera un golpe, le dijera a mis padres o quiĂ©n sabe quĂ©. Muchas cosas pasaron por mi cabeza en ese instante (todo fue muy rápido, no más allá de 2 o 3 minutos). Lo caliente que me puso el pensar que me confundiera con una jovencita hizo que ganara mi parte más puta y me atrevĂ a abrir la puerta con la ropa que llevaba.
En el trayecto de la puerta ensayĂ© mi voz y mis movimientos más femeninos y creĂ que saldrĂa todo bien… el plomero entrarĂa, arreglarĂa la llave mala y se irĂa sin más problema.
Hola – dijo el sujeto cuando abrĂ la puerta. Mi corazĂłn latĂa a mil de los nervios.
Hola – le contesté con la voz más fina que pude
Soy el plomero, tu mamá me dijo que viniera a arreglar una gotera que habĂa
SĂ, me lo dijo, pase – seguĂa tan tensa de no saber si estaba haciĂ©ndose el tonto o de verdad pasĂ© como l****a
ÂżUsted podrĂa decirme dĂłnde está la cañerĂa rota, señorita?
Yo respirĂ© algo aliviada… ¡me confundiĂł con una jovencita!… sonreĂ y le indiquĂ© donde era… le dije que si le importaba que me quedara en la cocina (lugar donde estaba la gota) tomando desayuno mientras Ă©l hacĂa su trabajo.
-No importa señorita- me dijo con algo de coqueterĂa aquel sujeto.
-¿Cómo se llama usted? – pregunté
-Carlos, pero me dicen Charlie, Âży tĂş?
- Fran… ¡Francisca! – le contesté sonriendo
-Bueno Francisca, yo tengo que hacer lo mĂo
- Adelante señor – le contesté y fui a preparar mi taza de café
Me sentĂ© en la mesa de la cocina y me crucĂ© de piernas, como una señorita. Y pude darme el lujo de mirar al hombre que estaba ahĂ, a unos metros de mi y solos, los dos, en mi casa. Debe haber tenido unos 35 años, era alto, como 1.90, macizo, en realidad era como un tipo grandote… no tenĂa barba, pelo corto tipo militar. VestĂa unos jeans, unas zapatillas y una polera blanca. TraĂa un cajĂłn de herramientas que puse en el sitio donde trabajarĂa.
Se arrodillo en el suelo a mirar y al ver la gota caer dijo “ya la encontré”. Se tirĂł de espaldas al suelo y pude notar un maravillo paquete entre sus piernas. TenĂa un poco de barriga, aunque la verdad era muy poco. Sus brazos eran enormes y sus piernas tambiĂ©n.
Yo estaba alucinada con la vista que tenĂa desde donde estaba sentadita.
TerminĂ© mi desayuno y me levantĂ© para dejar lo que habĂa ensuciado en el lavaplatos… además para poder mirar un poco más cerca de aquel machazo que estaba tirado en mi cocina. QuedĂ© paradita a unos centĂmetros de Ă©l y de reojo miraba su paquete. De repente, escuchĂ© caer unas herramientas y golpear contra el suelo, saliĂł un chorro de agua disparado en todas direcciones y Ă©l saliĂł muy rápido de donde estaba. Fue a cortar la llave de paso y volviĂł.
Como creĂa que era sĂłlo apretar la cañerĂa, no pensĂ© que habrĂa que cortar el agua, te pido me disculpes – me dijo
No se preocupe, yo limpio – le dije amablemente
Mira cómo he quedado – miró su polera y efectivamente estaba toda empapada en agua y parte de su pantalón – ooh, mira como te he dejado a ti – agregó mirando mi faldita.
Efectivamente habĂa mojado un poco la faldita que llevaba… la situaciĂłn era extraña: por un lado era algo tenso todo, pero por otro era bastante hot. PensĂ© que serĂa una buena oportunidad para ver si era peludito de torso y mirar a semejante hombre sin su polera.
Dame tu polerita, te la secaré un poco – le dije
No te preocupes, se seca sola- me respondiĂł
No es ningĂşn problema para mi, tenemos secadora y estará lista en unos 5 minutos – le insistĂ
Mmmm, bueno pero espero que no te sientas incomoda con esto ni se preste para malos entendidos
Jajaja – reĂ
Es que tú sabes como están las cosas hoy, y más encima tú eres tan nena – dijo algo preocupado.
Nooo, si tengo 18 ya… tan nena no soy y además es sólo para que no te vayas a enfermar, tonto – coqueteé un poquito
Me pasĂł su polera y pude ver su pecho desnudo: era como lo habĂa imaginado, muy peludito y tenĂa algo marcados su pectorales, una barriguita leve que lo hacĂa mas atractivo aĂşn.
TomĂ© su ropa y la lleve a mi secadora y la puse ahĂ. Le dije que estarĂa lista en algunos minutos y si querĂa podĂa pasar al sofá mientras terminaba. Él aceptĂł y nos fuimos al sofá a conversar un poco.
-ÂżTĂş que haces? – me preguntĂł. Yo no respondĂ pues estaba muy concentrada en mirar a aquel hombre que tenĂa frente a mà – oye, Âża quĂ© te dedicas? – me volviĂł a preguntar
-Ah yo… emmm… estudio… pero salà este año – le contesté
- Ahhh… yo tengo 36 (más menos lo que yo habĂa pensado) pero cuando tenĂa tu edad aĂşn estaba en el cole… ufff…… lejos lo mejor de ahĂ eran las chicas. Claro, porque en las materias no daba una.
- Jajaja. Y ¿cómo eran tus compañeras? – Pregunté- de seguro te iba muy bien con ellas – agregué
- SĂ, me iba bien… del curso que eran como 20 niñas, debo haber atinado con más de la mitas… pero ninguna era tan linda como tĂş
Me puse algo coloradita por su comentario y di unas carcajadas de nerviosa.
-Disculpa mi comentario, pero eres muy guapa tú – repitió
-Gracias, tú tampoco estás mal – le dije riendo, para que la situación no fuera tan incómoda
- DeberĂas ir a cambiarte ropita tambiĂ©n, no te vayas a enfermar tĂş – me dijo
-Tienes razĂłn, ya vuelvo- le dije y me fui a la habitaciĂłn
Fui al dormitorio de mi hermana a buscar una faldita nueva y encontré una muy linda, rojita un poquito más larga. Me saqué la que llevaba puesta y me sequé un poco.
SentĂ que se abrĂan la puerta del dormitorio, me di vuelta y era Carlos que habĂa entrado.
Me quedé mirándolo algo desconcertada y sorprendida.
-Vaya que estás buena – dijo con una mirada lasciva
- Gracias – le dije sin ninguna timidez, pues ya sabĂa lo que pasarĂa, o más bien lo que yo querĂa que pasara.
Carlos se acerco a mĂ y me pidiĂł que me diera una vuelta. Dijo que estaba muy linda y que mi colita era espectacular, mucho mejor que todas las que hubiera visto.
Ven – dije yo. Agarré su mano y la puse en una de mis tetitas.
Vaya que eres lanzada –me dijo
Cuando un hombre me pone calentita, puedo ser una puta – dije descaradamente
Mmm que rica Panchita- comentó él agarrando más confianza.
Sus dos manos masajeaban mis senitos naturales. Los movĂa, los juntaba, los apretaba.
Me sacĂł la remera que llevaba y los sostencitos, quedando en mi tanguita rosada frente a ese hombre. ¡QuĂ© parecĂa yo con mi 1.65 de altura frente a ese hombre de 1.90!7
Se agacho y comenzĂł a chupar mis tetitas, las besaba. Se alejaba y volvĂa tocarlas con mucha fuerza.
Cuando se detuvo, yo acaricié su pecho y lo besé, él se agachó un poco para recibir mi besito. Pasé mi lengüita por su cuello, por su pecho, por su barriga.
Cada vez iba bajando más hasta quedar frente a su bulto. DesatĂ© su correa, bajĂ© sus jeans, sus calzoncillos y tome su verga. Era muy grande, como de 20 o 21 CMS, gruesa, morena, tenĂa todas las venas marcadas. Y lo mejor de todo, la tenĂa durĂsima.
PasĂ© mi lengua por su glande y Ă©l cerrĂł sus ojos y lanzĂł un pequeño quejido de placer. Me tomĂł por la cabeza y metiĂł su verga en mi boca. Yo la saboreĂ© completa, lamĂ sus bolitas, luego volvĂa a su verga. La recorrĂ con mi lengua desde la base hasta la cabeza, y luego la metĂa en mi boca nuevamente. Se la mamĂ© un buen rato hasta que Ă©l me parĂł.
Me puse de espaldas a él y dijo: “quiero darte por tu vagina de nenita, debe estar apretadita tu concha cosita”.
Me puse algo nerviosa pero pude responder rápidamente.
-No me gusta que me den por mi coñito, prefiero que me den por el culito.
-Entonces es cierto que te pones bien puta – dijo él- Qué rico que te guste por culo, es más apretadito… uffff… me tienes a mil pancha
- Entonces demuéstremelo y cláveme su verga en mi culo, ¿te gustan mis nalgas? – le pregunté
-Son las mejores que he visto… suavecitas, duras, grandes… mmm… como disfrutará mi pene en tu hoyito.
Me puse de espaldas a él. Comenzó a morder mi cuello, mis orejas. Me besaba por la espalda.
Puso un poco de saliva en su mano y la pasĂł por la entrada de mi culito. ApoyĂł su verga ahĂ y fue una sensaciĂłn maravillosa sentir cĂłmo mi culito era amenazado de ser roto por ese gran palo.
Lo puso lentamente y yo gemĂa de placer mientras sentĂa su respiraciĂłn agitada en mi nuca.
-ÂżLa sientes Fran?
-SĂiii… siga, más adentro, por favor
- Si, ya va, calma
De a poco su palo iba entrando en mi hasta que sentĂ su pelvis chocar contra mĂ… ComenzĂł a moverse de adentro a afuera sin sacarla nunca. Yo gemĂa y gemĂa mientras mi culo iba siendo partido en dos por ese hombre.
Ayyy papi, que rica es tu verga
Mmmm. Grita putita.
Ayy, ayyy papi… déme más duro
¡Cómo te gusta por el culo zorra! Me has sorprendido
Bombeaba mi hoyito cada vez más fuerte. De repente se detuvo y me tomĂł en brazos, sin sacar nunca su pene de mĂ. Puso una mano en cada pierna y me levantĂł, quedando de espaldas a Ă©l, Ă©l de pie. TenĂa tanta fuerza que me subĂa y me bajaba con su verga clava en mi… yo me sentĂa muy puta… querĂa acabar pero sabĂa que no podĂa, pues podrĂa notar que no era la l****a que Ă©l pensaba que estaba jodiendo.
Me tenĂa ensartada en su pene y me decĂa que mi culito estaba muy apretadito y que para Ă©l era un placer estar con nenas tan buenas como yo.
Me bajĂł, sacĂł su pene de mi culito y me dijo que me pusiera en cuatro patitas. AsĂ lo hice y Ă©l se arrodillo tras de mi y volviĂł a meterla, pero ahora con más fuerza… me estaba culeando duro, firme… me embestĂa muy rico y me decĂa cositas muy sucias. “VendrĂ© a verte más seguido”, “Te harĂa mi esposa”, “Tu culo es delicioso”.
Me dio por mi culote una media hora… yo sentĂa que mi hoyito no daba más de recibir tanto, pero me gustaba. Me gustaba Ă©l, me gustaba que fuera tan grandote.
Comenzó a gemir más agitado cada vez, la sacó de mi culito y tiró toda su leche en mi espalda y en la entrada de mi culito.
¡Que rico papi! – dije
Qué bueno que te haya gustado cosita- dijo él.
Me dio un beso muy rico. Nos limpiamos y nos vestimos.
-Ya está seca tu ropa – le grité desde el lavadero pasándole su polera.
-Gracias cosita – dijo Ă©l con una voz muy tierna- TerminarĂ© de arreglar la cañerĂa esta y me irĂ©, lamentablemente, tengo otros trabajos más rato, si no, te joderĂa una vez más nena.
ArreglĂł lo que tenĂa que arreglar y le dije que pasara en la noche a buscar el dinero, pero que se lo cobrara a mis padres pues yo no tenĂa nada.
Ya me han pagado mejor de lo que podĂa haberme pagado, Francisca.
Le agradecĂ mucho por todo (por arreglar la cañerĂa mala pero más que nada por la manera en que partiĂł mi culito) y lo acompañé a la puerta.
Ahora sigo esperando a que una llave vuelva a romperse para que mi madre llame al plomero nuevamente.
Era dĂa miĂ©rcoles y me levantĂ© tipo 10 de la mañana, tomĂ© una ducha y cuando me iba a vestir, pensĂ© que como estarĂa solita podrĂa dar rienda suelta a mi deseo de vestir como mujercita durante el dĂa. Me sequĂ© y busque algo de ropa en los closets de mi casa: tomĂ© un sostencito de mi hermana que era blanco con unas florcitas rosadas muy lindas que calzaban casi perfecto a mis tetitas, unos colaless rosaditos tambiĂ©n pero que en la parte de atrás eran como dos hilitos que quedaban metidos en el culo, una faldita que me llegaba hasta media pierna rosadita clara, una polerita blanca que quedaba sobre mi ombligo y completaba el trajecito un par de zapatitos de tacĂłn blanco. Fui a la pieza de mi madre y me maquillĂ©, puse un labial rosado en mis gruesos labios, un poco de rimel y algo de rubor en mis mejillas, todo muy suave. TomĂ© tambiĂ©n unas extensiones en forma de trenza que tenĂa en su cajĂłn y las puse en mi cabello (que tenĂa algo largo, por el hecho de ser vacaciones) una a cada lado. Me mirĂ© en el espejo grande que tiene tras su puerta y vi a una nenita muy linda pero con una cara de zorrita y quedĂ© maravillado de lo bien que me veĂa y hasta empecĂ© a fantasear con salir algĂşn dĂa asĂ a la calle y pasar desapercibida como hombre, más no como putita.
Puse un poco de mĂşsica y comencĂ© a ordenar mi habitaciĂłn, ordene mis discos, mi ropa, etc. Estuve en eso un par de horas cuando suena el timbre… corrĂ a abrir pero al llegar a la puerta me doy cuenta de que estaba con una ropa que no era la mĂa. El timbre sonaba insistentemente…
¡Señora, vengo de pasadito, ando algo apurado porque tengo otra pega! – dijo de repente el sujeto que al otro lado de la puerta.
AhĂ recordĂ© lo que dijo mi mamá sobre la visita del plomero. Yo vestidita asĂ y ese hombre afuera gritando que estaba algo apurado… En eso pensĂ© que quizás esta era una oportunidad para ver quĂ© tan nena me veĂa… total era un sujeto que no me habĂa visto nunca. Pero por otra parte era peligroso pues si no lo parecĂa, capaz que el sujeto me diera un golpe, le dijera a mis padres o quiĂ©n sabe quĂ©. Muchas cosas pasaron por mi cabeza en ese instante (todo fue muy rápido, no más allá de 2 o 3 minutos). Lo caliente que me puso el pensar que me confundiera con una jovencita hizo que ganara mi parte más puta y me atrevĂ a abrir la puerta con la ropa que llevaba.
En el trayecto de la puerta ensayĂ© mi voz y mis movimientos más femeninos y creĂ que saldrĂa todo bien… el plomero entrarĂa, arreglarĂa la llave mala y se irĂa sin más problema.
Hola – dijo el sujeto cuando abrĂ la puerta. Mi corazĂłn latĂa a mil de los nervios.
Hola – le contesté con la voz más fina que pude
Soy el plomero, tu mamá me dijo que viniera a arreglar una gotera que habĂa
SĂ, me lo dijo, pase – seguĂa tan tensa de no saber si estaba haciĂ©ndose el tonto o de verdad pasĂ© como l****a
ÂżUsted podrĂa decirme dĂłnde está la cañerĂa rota, señorita?
Yo respirĂ© algo aliviada… ¡me confundiĂł con una jovencita!… sonreĂ y le indiquĂ© donde era… le dije que si le importaba que me quedara en la cocina (lugar donde estaba la gota) tomando desayuno mientras Ă©l hacĂa su trabajo.
-No importa señorita- me dijo con algo de coqueterĂa aquel sujeto.
-¿Cómo se llama usted? – pregunté
-Carlos, pero me dicen Charlie, Âży tĂş?
- Fran… ¡Francisca! – le contesté sonriendo
-Bueno Francisca, yo tengo que hacer lo mĂo
- Adelante señor – le contesté y fui a preparar mi taza de café
Me sentĂ© en la mesa de la cocina y me crucĂ© de piernas, como una señorita. Y pude darme el lujo de mirar al hombre que estaba ahĂ, a unos metros de mi y solos, los dos, en mi casa. Debe haber tenido unos 35 años, era alto, como 1.90, macizo, en realidad era como un tipo grandote… no tenĂa barba, pelo corto tipo militar. VestĂa unos jeans, unas zapatillas y una polera blanca. TraĂa un cajĂłn de herramientas que puse en el sitio donde trabajarĂa.
Se arrodillo en el suelo a mirar y al ver la gota caer dijo “ya la encontré”. Se tirĂł de espaldas al suelo y pude notar un maravillo paquete entre sus piernas. TenĂa un poco de barriga, aunque la verdad era muy poco. Sus brazos eran enormes y sus piernas tambiĂ©n.
Yo estaba alucinada con la vista que tenĂa desde donde estaba sentadita.
TerminĂ© mi desayuno y me levantĂ© para dejar lo que habĂa ensuciado en el lavaplatos… además para poder mirar un poco más cerca de aquel machazo que estaba tirado en mi cocina. QuedĂ© paradita a unos centĂmetros de Ă©l y de reojo miraba su paquete. De repente, escuchĂ© caer unas herramientas y golpear contra el suelo, saliĂł un chorro de agua disparado en todas direcciones y Ă©l saliĂł muy rápido de donde estaba. Fue a cortar la llave de paso y volviĂł.
Como creĂa que era sĂłlo apretar la cañerĂa, no pensĂ© que habrĂa que cortar el agua, te pido me disculpes – me dijo
No se preocupe, yo limpio – le dije amablemente
Mira cómo he quedado – miró su polera y efectivamente estaba toda empapada en agua y parte de su pantalón – ooh, mira como te he dejado a ti – agregó mirando mi faldita.
Efectivamente habĂa mojado un poco la faldita que llevaba… la situaciĂłn era extraña: por un lado era algo tenso todo, pero por otro era bastante hot. PensĂ© que serĂa una buena oportunidad para ver si era peludito de torso y mirar a semejante hombre sin su polera.
Dame tu polerita, te la secaré un poco – le dije
No te preocupes, se seca sola- me respondiĂł
No es ningĂşn problema para mi, tenemos secadora y estará lista en unos 5 minutos – le insistĂ
Mmmm, bueno pero espero que no te sientas incomoda con esto ni se preste para malos entendidos
Jajaja – reĂ
Es que tú sabes como están las cosas hoy, y más encima tú eres tan nena – dijo algo preocupado.
Nooo, si tengo 18 ya… tan nena no soy y además es sólo para que no te vayas a enfermar, tonto – coqueteé un poquito
Me pasĂł su polera y pude ver su pecho desnudo: era como lo habĂa imaginado, muy peludito y tenĂa algo marcados su pectorales, una barriguita leve que lo hacĂa mas atractivo aĂşn.
TomĂ© su ropa y la lleve a mi secadora y la puse ahĂ. Le dije que estarĂa lista en algunos minutos y si querĂa podĂa pasar al sofá mientras terminaba. Él aceptĂł y nos fuimos al sofá a conversar un poco.
-ÂżTĂş que haces? – me preguntĂł. Yo no respondĂ pues estaba muy concentrada en mirar a aquel hombre que tenĂa frente a mà – oye, Âża quĂ© te dedicas? – me volviĂł a preguntar
-Ah yo… emmm… estudio… pero salà este año – le contesté
- Ahhh… yo tengo 36 (más menos lo que yo habĂa pensado) pero cuando tenĂa tu edad aĂşn estaba en el cole… ufff…… lejos lo mejor de ahĂ eran las chicas. Claro, porque en las materias no daba una.
- Jajaja. Y ¿cómo eran tus compañeras? – Pregunté- de seguro te iba muy bien con ellas – agregué
- SĂ, me iba bien… del curso que eran como 20 niñas, debo haber atinado con más de la mitas… pero ninguna era tan linda como tĂş
Me puse algo coloradita por su comentario y di unas carcajadas de nerviosa.
-Disculpa mi comentario, pero eres muy guapa tú – repitió
-Gracias, tú tampoco estás mal – le dije riendo, para que la situación no fuera tan incómoda
- DeberĂas ir a cambiarte ropita tambiĂ©n, no te vayas a enfermar tĂş – me dijo
-Tienes razĂłn, ya vuelvo- le dije y me fui a la habitaciĂłn
Fui al dormitorio de mi hermana a buscar una faldita nueva y encontré una muy linda, rojita un poquito más larga. Me saqué la que llevaba puesta y me sequé un poco.
SentĂ que se abrĂan la puerta del dormitorio, me di vuelta y era Carlos que habĂa entrado.
Me quedé mirándolo algo desconcertada y sorprendida.
-Vaya que estás buena – dijo con una mirada lasciva
- Gracias – le dije sin ninguna timidez, pues ya sabĂa lo que pasarĂa, o más bien lo que yo querĂa que pasara.
Carlos se acerco a mĂ y me pidiĂł que me diera una vuelta. Dijo que estaba muy linda y que mi colita era espectacular, mucho mejor que todas las que hubiera visto.
Ven – dije yo. Agarré su mano y la puse en una de mis tetitas.
Vaya que eres lanzada –me dijo
Cuando un hombre me pone calentita, puedo ser una puta – dije descaradamente
Mmm que rica Panchita- comentó él agarrando más confianza.
Sus dos manos masajeaban mis senitos naturales. Los movĂa, los juntaba, los apretaba.
Me sacĂł la remera que llevaba y los sostencitos, quedando en mi tanguita rosada frente a ese hombre. ¡QuĂ© parecĂa yo con mi 1.65 de altura frente a ese hombre de 1.90!7
Se agacho y comenzĂł a chupar mis tetitas, las besaba. Se alejaba y volvĂa tocarlas con mucha fuerza.
Cuando se detuvo, yo acaricié su pecho y lo besé, él se agachó un poco para recibir mi besito. Pasé mi lengüita por su cuello, por su pecho, por su barriga.
Cada vez iba bajando más hasta quedar frente a su bulto. DesatĂ© su correa, bajĂ© sus jeans, sus calzoncillos y tome su verga. Era muy grande, como de 20 o 21 CMS, gruesa, morena, tenĂa todas las venas marcadas. Y lo mejor de todo, la tenĂa durĂsima.
PasĂ© mi lengua por su glande y Ă©l cerrĂł sus ojos y lanzĂł un pequeño quejido de placer. Me tomĂł por la cabeza y metiĂł su verga en mi boca. Yo la saboreĂ© completa, lamĂ sus bolitas, luego volvĂa a su verga. La recorrĂ con mi lengua desde la base hasta la cabeza, y luego la metĂa en mi boca nuevamente. Se la mamĂ© un buen rato hasta que Ă©l me parĂł.
Me puse de espaldas a él y dijo: “quiero darte por tu vagina de nenita, debe estar apretadita tu concha cosita”.
Me puse algo nerviosa pero pude responder rápidamente.
-No me gusta que me den por mi coñito, prefiero que me den por el culito.
-Entonces es cierto que te pones bien puta – dijo él- Qué rico que te guste por culo, es más apretadito… uffff… me tienes a mil pancha
- Entonces demuéstremelo y cláveme su verga en mi culo, ¿te gustan mis nalgas? – le pregunté
-Son las mejores que he visto… suavecitas, duras, grandes… mmm… como disfrutará mi pene en tu hoyito.
Me puse de espaldas a él. Comenzó a morder mi cuello, mis orejas. Me besaba por la espalda.
Puso un poco de saliva en su mano y la pasĂł por la entrada de mi culito. ApoyĂł su verga ahĂ y fue una sensaciĂłn maravillosa sentir cĂłmo mi culito era amenazado de ser roto por ese gran palo.
Lo puso lentamente y yo gemĂa de placer mientras sentĂa su respiraciĂłn agitada en mi nuca.
-ÂżLa sientes Fran?
-SĂiii… siga, más adentro, por favor
- Si, ya va, calma
De a poco su palo iba entrando en mi hasta que sentĂ su pelvis chocar contra mĂ… ComenzĂł a moverse de adentro a afuera sin sacarla nunca. Yo gemĂa y gemĂa mientras mi culo iba siendo partido en dos por ese hombre.
Ayyy papi, que rica es tu verga
Mmmm. Grita putita.
Ayy, ayyy papi… déme más duro
¡Cómo te gusta por el culo zorra! Me has sorprendido
Bombeaba mi hoyito cada vez más fuerte. De repente se detuvo y me tomĂł en brazos, sin sacar nunca su pene de mĂ. Puso una mano en cada pierna y me levantĂł, quedando de espaldas a Ă©l, Ă©l de pie. TenĂa tanta fuerza que me subĂa y me bajaba con su verga clava en mi… yo me sentĂa muy puta… querĂa acabar pero sabĂa que no podĂa, pues podrĂa notar que no era la l****a que Ă©l pensaba que estaba jodiendo.
Me tenĂa ensartada en su pene y me decĂa que mi culito estaba muy apretadito y que para Ă©l era un placer estar con nenas tan buenas como yo.
Me bajĂł, sacĂł su pene de mi culito y me dijo que me pusiera en cuatro patitas. AsĂ lo hice y Ă©l se arrodillo tras de mi y volviĂł a meterla, pero ahora con más fuerza… me estaba culeando duro, firme… me embestĂa muy rico y me decĂa cositas muy sucias. “VendrĂ© a verte más seguido”, “Te harĂa mi esposa”, “Tu culo es delicioso”.
Me dio por mi culote una media hora… yo sentĂa que mi hoyito no daba más de recibir tanto, pero me gustaba. Me gustaba Ă©l, me gustaba que fuera tan grandote.
Comenzó a gemir más agitado cada vez, la sacó de mi culito y tiró toda su leche en mi espalda y en la entrada de mi culito.
¡Que rico papi! – dije
Qué bueno que te haya gustado cosita- dijo él.
Me dio un beso muy rico. Nos limpiamos y nos vestimos.
-Ya está seca tu ropa – le grité desde el lavadero pasándole su polera.
-Gracias cosita – dijo Ă©l con una voz muy tierna- TerminarĂ© de arreglar la cañerĂa esta y me irĂ©, lamentablemente, tengo otros trabajos más rato, si no, te joderĂa una vez más nena.
ArreglĂł lo que tenĂa que arreglar y le dije que pasara en la noche a buscar el dinero, pero que se lo cobrara a mis padres pues yo no tenĂa nada.
Ya me han pagado mejor de lo que podĂa haberme pagado, Francisca.
Le agradecĂ mucho por todo (por arreglar la cañerĂa mala pero más que nada por la manera en que partiĂł mi culito) y lo acompañé a la puerta.
Ahora sigo esperando a que una llave vuelva a romperse para que mi madre llame al plomero nuevamente.
11 years ago