DE CUCKOLD A SISSY I
De cuckold a Sissy I
Entramos, pedimos en la barra dos gin tonics a una de las camareras que habĂa, y nos sentamos en la ultima mesa libre con sofás que quedaba, el uno frente al otro. Desde donde estábamos se divisaba casi todo el bar. Carmen quedaba de frente a la entrada y a la barra, y yo de espaldas a ellas. A la izquierda de mi chica, a unos pocos metros, se encontraba la puerta de los lavabos y, detrás nuestro, habĂa una pequeña zona de baile, donde se divertĂan varias parejas al son de la mĂşsica. HabĂa bastante gente, pero el ambiente era tranquilo y agradable, lo que permitĂa poder hablar más o menos cĂłmodamente; era el local ideal para mis planes.
OjeĂ© entre la gente: vi que casi todo eran parejas, pero que habĂa tambiĂ©n algunos pequeños grupos de tĂos solos en la barra, como buscando ligar. Yo estaba deseando poder enviarle ya un mensaje a RamĂłn , confirmándole que estábamos allĂ.
—Voy un momento al baño, amor. No te dije nada hasta ahora, pero llevo casi desde que llegamos al pueblo meándome —comenté a Carmen al poco de acomodarnos.
Ella asintiĂł con la cabeza y me levantĂ© en direcciĂłn al lavabo. Y desde allĂ, nada mas entrar, le mandĂ© un whatsapp a RamĂłn :
—SĂ, claro que hemos venido. No te pude enviar mensaje hasta ahora. Estamos en el bar La Loca Noche .Era probable que Ă©l estuviese un tanto ansioso a la espera de un mensaje mio, pues casi no me habĂa dado ni tiempo a desabrocharme por completo el pantalĂłn y sacarme la polla para mear, y ya vi cĂłmo me entraba su respuesta...
Mientras orinaba, metà mi mano en el bolsillo y saqué de nuevo mi móvil para leerlo...
—OK, GENIAL... Ya creĂ que no vendrĂais... Que te habrĂas rajado o que ella no habrĂa querido venir. En un momento me paso por ahĂ... Esperadme.
Me guardé la polla y le puse otro WhatsApp:
—Ya verás quĂ© vestido se ha traĂdo mi chica!! QuĂ© morbo ufff!!!
—Genial.... jejeje... Esto empieza bien —me contestó.
—OK... pero eso sĂ, como dijimos eh... DiscreciĂłn total!!!...
—Sà claro... por eso tranquilo. Además, me acompaña una chica... Tu novia no va a sospechar nada.
Antes de salir, decidà mandarle la foto que le acababa de sacar en el puerto a mi chica acompañada de este texto:
—Qué te parece...? No está preciosa hoy?
Ahora tardĂł un poco más en contestar que a los anteriores mensajes. Seguro estarĂa mirando detenidamente la foto. Pero, al cabo de un instante, aquella foto tuvo por fin su respuesta:
—Bufff tĂo!!! CĂłmo está hoy de jamona!! Voy para allá enseguida...
Me guardĂ© el mĂłvil y me dispuse a salir del baño; mi chica ya tendrĂa que estar preguntándose por quĂ© tardaba tanto en mear; llevaba al menos cinco minutos adentro. SalĂ del servicio y, desde la puerta, mirĂ© hacia donde mi novia estaba sentada; desde allĂ la veĂa por un costado. Miraba hacia la barra, con cara nerviosa, aunque en su mirada percibĂ cierto morbo; con un semblante parecido al que tenĂa en el restaurante mientras le quitaba el tanga. PermanecĂ unos segundos quieto, mirando hacia ella; la vi hacer varios movimientos raros con su cuerpo, sentada en el sofá como estaba. No entendĂ si eran de nerviosismo o de excitaciĂłn. Sin más dilaciĂłn, caminĂ© a su encuentro. Ella se girĂł y, al verme llegar, hizo rápido un gesto, cambiando la postura en la que estaba sentada...
—Hola, amor, ¿qué pasa? —le dije al sentarme a su lado de nuevo.
—Nada, cariño, estaba preocupada... Tardabas mucho en el baño. CreĂ que quizá te encontrases mal o algo. —Su forma de hablar la notĂ© extraña. PercibĂ en su expresiĂłn, que me estarĂa mintiendo en algo.
MirĂ© tras de mĂ y, en la barra, vi a tres chicos de una edad similar a la mĂa sonriendo y mirando sin parar de reojo hacia nosotros. CreĂ tal vez descubrir lo que pasaba: seguramente, Carmen no se habrĂa acordado que estaba sin bragas y, en algĂşn cruzado de piernas o cambio de postura, habrĂa dejado al descubierto y al desnudo su coño, totalmente rasurado. Aquellos chicos, se habrĂan pensado que era una “guarrilla” que buscaba “guerra”,luciendo tetazas con aquel escotazo, y encima sin bragas...
Ella, por momentos, parecĂa seguir nerviosa. No preguntĂ© más sobre el asunto y decidĂ cambiar de tema, hablándole sobre lo que harĂamos a partir del dĂa siguiente. Charlaba con ella pero, a ratos, no podĂa olvidarme de RamĂłn ; seguro no tardarĂa en aparecer. Con los nervios cada vez aflorando más dentro de mĂ, fui apurando la copa, intentando que el efecto del alcohol me los fuese mitigando. AĂşn temĂa lo quĂ© pudiese suceder al aparecer Ă©l.
LlevarĂamos ya un rato hablando sobre sus tĂos y su prima, cuando notĂ© cĂłmo Carmen cambiaba el semblante de su rostro, mirando hacia la barra, asombrada.
Al instante, me cortĂł lo que yo estaba diciendo y exclamĂł:
—Luis... oye... —Estiró su mano hasta tocar mi brazo y avisarme—. ¡Mira quién acaba de entrar y está en la barra!
Me di la vuelta, mirĂ© a la barra como me pedĂa, y vislumbrĂ© a RamĂłn acompañado de una mujer, besándola y acariciándole el trasero, mientras pedĂan algo de beber. Me hice el tonto y, dándome la vuelta, le contestĂ© a mi chica:
—¿No sé?... ¿quién coño está? ¿Tú conoces a alguien de ah�
—¡SĂ, joder!... ¡mira bien! El tĂo de la camisa azul celeste; el que está con esa tĂa morena: ¡es el tipo de antes!... ¡el de la playa! ÂżNo lo ves?
ContinuĂ© haciĂ©ndome el tonto, e insistĂ:
—No, tĂa. ¡CĂłmo no me digas algo más!... No le recuerdo. ÂżQuĂ© tipo?, Âżel del chiringuito? ÂżEl camarero del chiringuito?... Âżel que te vio el pezĂłn?
—¡No joder!, ¡que pareces tonto!... ¡El del pollĂłn! ¡El de la playa nudista! El que te contĂ© que me habĂa saludado cuando me quedĂ© sola en topless. No te hagas el tonto, que sĂ© que te acuerdas de sobra —replicĂł ella, sin dejar de mirar a ratos hacia Ă©l y su compañera.
—Pues no le reconocĂa, la verdad. Pero ahora, veo que tĂş sĂ que te acuerdas perfectamente de toda su anatomĂa... o eso parece—añadĂ soltando una pequeña carcajada pĂcara.
Ella agachĂł la mirada dándole un nuevo trago a su copa. Yo lancĂ© mi mirada nuevamente hacia RamĂłn y Ă©l, al divisarnos, se quedĂł observando hacia nosotros fijamente, como si asĂ pretendiese demostrar que nos conocĂa y que le apetecĂa saludarnos.
Entonces, decidĂ comentarle a Carmen :
—Pues.... parece que Ă©l tambiĂ©n nos reconoce a nosotros. ÂżQuĂ© hacemos?... Âżle saludamos y asĂ le conocemos? Bueno... tĂş ya le conoces. —ReĂ.
—¡QuĂ© le voy a conocer, si sĂłlo me preguntĂł por el tiempo! —respondiĂł ella, aĂşn disimulando, dando pequeños sorbos a su cubata— No sĂ©... no parece mal tipo. Le saludamos y asĂ, si se acerca a conocernos, nos tomamos algo y no estamos solos toda la noche...
Carmen alzĂł la vista, le mirĂł, y levantando la mano le saludĂł. Él le devolviĂł ese saludo con una sonrisa amable y guiñándole un ojo, demostrando reconocerla al momento. Unos instantes más tarde, despuĂ©s de comentarle algo al oĂdo a la mujer que lo acompañaba, se acercaron los dos muy decididos hacia nuestra mesa.
—Hola, Carmen ,saludĂł RamĂłn , con gran naturalidad, nada más llegar a nuestro lado—, ¡quĂ© sorpresa que te acuerdes de mĂ! Antes, en la playa, te saludĂ© sin querer, confundiĂ©ndote con otra amiga que hacia tiempo no veĂa. ¡Sois clavadas! —MirĂł a su compañera, como buscando su asentimiento.
Yo, mientras RamĂłn decĂa esto, le observaba mientras me reĂa por dentro; la forma tan creĂble con la que mentĂa de forma tan descarada era digna de admirar. ¡QuĂ© temple!
—¿Éste supongo que será tu novio? —continuĂł preguntándole a mi chica, mientras le daba dos castos besos como saludo—. Encantado... ¡Hola, soy RamĂłn ! —Ahora hizo el paripĂ©, presentándose a mĂ, frente Carmen , muy educadamente y dándome la mano.
Casi sin darnos ni cuenta, ya nos habĂa salido ese “encuentro casual” que habĂamos “planeado” antes.
—Yo soy Jose...Ella Natalia... —intercedĂ—. Pero, parece que vosotros ya os conocĂ©is , añadĂ luego, mirando a aquel tipo a los ojos, con una falsa sonrisa de sorpresa. FingĂ asĂ no conocerle de nada más, que de haberle visto de refilĂłn por la playa.
—Bueno, os presento... —prosiguió Ramón ahora—, ella es Sandra... una amiga. —La mujer que lo acompañaba, decididamente, se presentó también dándonos dos besos a cada uno.
Sin pedir permiso, se sentaron en nuestra mesa, comenzando a charlar de forma rápida y muy suelta con nosotros. No paraban de preguntarnos de dĂłnde eramos; quĂ© tal lo estábamos pasando esos dĂas por allĂ; sobre las playas; sobre los restaurantes de la zona.... La facilidad de conversaciĂłn que tenĂan los dos era extraordinaria. En poco más de 15 o 20 minutos charlando, ya parecĂa que nos conociĂ©semos de antes; lo Ăşnico que me extrañaba, era que no comentaban nada acerca de su relaciĂłn: de si eran sĂłlo amigos, pareja o algo más... ParecĂa como si quisieran evitar ese tema.
—¿Nos tomamos otra copa?, Âżos apetece...? Invito yo —interrumpiĂł RamĂłn por un instante la fluida conversaciĂłn, mirándonos sucesivamente a Carmen y a mĂ.
—SĂ... Âżno? —le respondĂ yo, lanzando una mirada consultiva a mi chica, que me hizo un gesto afirmativo con la cabeza—. Vale... por nosotros perfecto —le confirmĂ©.
Carmen, ahora parecĂa estar muy a gusto, habĂa cambiado ese gesto nervioso y serio que tenĂa antes de su llegada allĂ, por uno mucho más alegre y despreocupado; la noche estaba transcurriendo genial hasta ahora...
—Sandra, por favor... ÂżTe importarĂa ir tĂş a pedir las copas? —le pidiĂł RamĂłn a su amiga, mientras se sacaba un billete de su cartera y se lo daba.
Aquella mujer se levantĂł y, estando ya de pie, le pidiĂł a mi chica con tono amable:
—Carmen, guapa... Âżme acompañarĂas para ayudarme a traerlas? Yo sola con las cuatro no voy a poder... ¡Soy muy torpe!
Mi novia, sonriente, se levantĂł con total naturalidad, como si se conociesen de antes, y juntas se dirigieron a la barra. ParecĂa que habĂan hecho buenas migas en tan solo esos escasos minutos que pudieron charlar. Sandra era una mujer madura, de una edad similar a la de VĂctor o quizás un poco más joven, pero no mucho más; yo le echarĂa unos 42 o asĂ. Era bastante morena de piel, y un poco más alta y más delgada que mĂ chica. Llevaba unos vaqueros muy ajustados, de esos tipo desgastados, que le marcaban un pequeño pero redondo y respingĂłn culo, y una blusa de tirantes que casi dejaba transparentar un poco sus pezones; parecĂa no llevar sujetador debajo. TenĂa unas tetas bonitas, pero al lado de las de mi chica, y más con el espectacular escote que lucia aquella noche, parecĂan más “normales” y algo más pequeñas: de una talla 85o 90,calcularĂa. Eso sĂ, lo mejor de ella era sin duda la cara de viciosa que tenĂa; de esas tĂas que, al verlas, intuyes que deben follar como unas autenticas “leonas”.
—Bufff, tĂo... ¡QuĂ© buena está hoy tu chica con ese vestido, amigo! —me sorprendiĂł RamĂłn con esas palabras, mientras ojeaba yo a su amiga—. ÂżCĂłmo la conseguiste convencer para traerse ese escotazo? ¡Diosss!.... Mira ahĂ en la barra, a esos tĂos a su lado... cĂłmo no le quitan ojo. —De forma descarada y sin cortare ni un pelo, empezĂł a hablarme sobre Carmen , mirando hacĂa ella, mientras las dos esperaban que las atendiesen; ahora, habĂa llegado más gente, y la barra estaba mucho más saturada que antes.
—Ya, bueno.... —balbuceĂ© nervioso ante esos comentarios suyos tan directos—. Pues, si te digo la verdad, tampoco la tuve que convencer mucho; fue ella misma la que se lo puso con agrado. Además... hoy se ha arreglado mucho más que de costumbre —le fui diciendo, mirando hacia Ă©l. RamĂłn no le quitaba ojo a Carmen desde allĂ—. Hoy está con ganas de gustar y se le nota. Esta noche la veo distinta, con más morbo. Serán estas vacaciones y el ambiente de este pueblo, que la está animando a soltarse. Y eso me gusta...
—¡SĂ, diosss!.... ¡QuĂ© tetones, tĂo! —me cortĂł Ă©l de nuevo, sin apartar la vista de mi novia—. Es que no puedo dejar de mirarlas. ¡Son sublimes! Desde que la vi la otra noche en la playa , me pone malo... ¡QuĂ© morbo me da que te guste exhibirla y que no te importe que la miren! A mĂ, esto de mirar a las mujeres de otros y que me dejen hacerlo, me vuelve loco. Bufffsss... —Aquel cuarentĂłn bufaba del morbo que parecĂa despertar en Ă©l que yo le dejase hablarme asĂ de mi novia. Yo, al instante, intentĂ© rebajar un poco su Ămpetu:
—Bueno... pero tampoco te pases mucho, ¡eh!, no se vaya a enterar ella... ¡y la armemos! —No podĂa dejar que se desmadrara demasiado—. Y bueno... Sandra no está nada mal tampoco, es distinta... más madurita... pero esta cañón tambiĂ©n. ÂżQuĂ© es tu pareja? —me decidĂ a preguntarle, aprovechando para hacer lo mismo que Ă©l con mi novia: mirar de arriba abajo, con morbo y sin cortarme ni un pelo a su compañera.
RamĂłn puso una sonrisa pĂcara, un tanto malĂ©fica, y con un enorme tono de sarcasmo, me contestĂł:
—NO... NO, no es mi pareja... ¡que va!. A mà me gustan demasiado las mujeres para tener sólo una esposa o novia fija, Sandra es la mujer de un amigo.
Prefiere que salga yo con su chica y se la divierta —dijo con una normalidad pasmosa, persistiendo en su rostro esa sonrisa maléfica.
Yo, al escucharle contarme esto, me quedé un poco extrañado, recordando cómo antes estaban ellos dos juntos, en la barra, comiéndose la boca y él magreándola por completo de arriba abajo. Ramón debió notar mi cara de extrañeza y me dio más detalles de aquello:
—A ver... ÂżCĂłmo te lo explico sin que te asustes demasiado?... Su marido... es... digamos que.... un marido consentidor. —La perplejidad de mi rostro hizo que RamĂłn concretase más—. Vamos... quĂ© le gusta que yo me la folle y que la haga disfrutar. Lo pasamos muy bien los tres con esto. Tienen una relaciĂłn muy liberal... ÂżNunca has oĂdo hablar de los parejas swingers? Pues algo asĂ... cuckold.
A mĂ, con sus palabras, en un segundo, se me puso la piel de gallina... De repente, como en un fugaz y repentino recuerdo, volviĂł a mi mente la visiĂłn de aquella SofĂa , la profesora madurita con la que tuve aquel “encontronazo” años atrás. VolvĂ a mirar hacĂa Sandra y, en ese momento, me recordĂł en cierto modo a SofĂa ; pensĂ© si esta amiga de RamĂłn y su marido serĂan una pareja como aquel otro matrimonio que “conocĂ” años atrás. Entonces, al escuchar esa confesiĂłn de la boca de RamĂłn , pude descubrir, que parecĂa ser verdad aquello de que existĂan realmente ese tipo de parejas, como me habĂa dicho mi amigo Alex; no era sĂłlo una fantasĂa de “tipos raros”, como yo me pensaba hasta ahora.
Una enorme sensaciĂłn de excitaciĂłn y miedo recorrieron todo mi cuerpo en ese instante. ÂżA ver si al final me estaba yo convirtiendo tambiĂ©n en uno de ellos? Hasta ahora, yo pensaba que lo que sentĂa era sĂłlo el morbo por ver de forma inocente cĂłmo otros miraban a mi novia, pero... ÂżquiĂ©n sabe?
RetornĂ© la mirada hacia Carmen y la vi allĂ, junto a Sandra, en la barra, rodeada de tĂos que no perdĂan ojo de su escotazo, sonriendo tan alegremente mientras charlaban las dos. Al instante, agarrĂ© lo poco que me quedaba del gin tonic y me lo bebĂ todo de un trago. Sin nada ya en la copa, mirĂ© de nuevo hacia RamĂłn para preguntarle:
—Pero... a ver... no puedo llegar a entender bien lo que me dices, cuéntame más... ¿Cómo es eso?
RamĂłn , por la forma en que comenzĂł a explicarme, parecĂa estar loco por contarme más detalles:
—Bueno, pues... que, como hoy, yo salgo con su mujer y nos divertimos mientras Ă©l nos espera en la habitaciĂłn del hotel. A veces, me la follo a solas y luego ella le cuenta todo al volver; otras veces regresamos y la follo delante de Ă©l... En algunas de esas veces participa, otras sĂłlo mira... depende del dĂa; de vez en cuando hacemos tambiĂ©n trĂos con otros hombres... Bueno, de todo —me iba contando RamĂłn , con tono tranquilo, mientras apuraba su copa, como si para Ă©l fuese algo totalmente normal y rutinario.
—Y todo esto.... Âżlo hacĂ©is desde hace mucho? —le volvĂ a preguntar, todavĂa un poco asombrado por lo que me contaba este “amiguete vacacional”que me habĂa echado.
—Más o menos, a Sandra y a su marido los conocerĂ© desde hace tres, cuatro años o asĂ... Los conocĂ un poco como a vosotros: un verano aquĂ mientras paseaban por la playa. Ella, ahĂ donde la ves ahora, con esa pinta de loba que tiene —riĂł con malicia—, antes no se atrevĂa ni a quitarse el bikini en la playa. Ahora, ¡no veas la de guarradas que hace! Ayer, hasta hicimos un trĂo...
Al segundo, los dos giramos a la vez la mirada hacia ellas, y descubrimos juntos cĂłmo se dirigĂan de vuelta hacia nosotros, ya con las copas. Llegaron a la mesa y, sorprendentemente, Sandra se situĂł a mi lado, obligando asĂ a que mi novia se tuviese que sentar junto a RamĂłn . Carmen, mirándome antes, como comprobando si eso me podĂa parecer mal o no, se colocĂł al momento tranquilamente y como si nada a su lado. A mi izquierda, Sandra se habĂa sentado pegada a mĂ, rozando sus muslos contra los mĂos.
—¿No os importa que hayamos cambiado las posiciones, no? Lo he hecho instintivamente... Nosotros solemos hacerlo mucho cuando conocemos a parejas nuevas. Es para ir asà entablando amistad más fácilmente —comentó Sandra, como queriendo explicarse y darle normalidad a aquel repentino cambio de asientos.
—No... no pasa nada —la excusĂł mi chica, aunque de forma muy tĂmida.
Carmen se habĂa colocado al lado de RamĂłn , no de forma tan pegada a Ă©l como Sandra a mĂ, ella se sentĂł dos palmos alejada de Ă©l, recostada en el sofá. AsĂ, desde esa posiciĂłn, ya sentada sonriente y tranquila, mirĂł hacia RamĂłn , despuĂ©s a Sandra y luego hacĂa mĂ, de una forma, como creyendo que Sandra podrĂa estar interesada en ligar conmigo o algo.
Carmen siempre habĂa sido bastante celosa y desconfiada cuando otras chicas me hacĂan gracietas o me saludaban muy efusivamente. Pero hoy no, hoy estaba muy distinta. Me daba a entender que esta noche aquello no parecĂa importarle. No parecĂa para nada preocupada y estaba siguiendo la situaciĂłn como algo muy natural. Además, incluso parecĂa que fuese algo que estuviese deseando: tener gente desconocida con quien divertimos y charlar, para no estar solos como estuvimos durante toda aquella semana de vacaciones.
Sandra no paraba de hablar; las palabras le salĂan por los codos, sobre todo, conmigo; relatándome sobre lo genial que era esta zona para veranear, y quĂ©, ella, desde la primera vez que vino, ya no querĂa ir a otro sitio que no fuese a Ă©ste y tal... Nos recomendaba hacer lo mismo a nosotros.
Carmen , mientras todo esto, casi no hablaba, sĂłlo asentĂa con la cabeza muy atenta a las conversaciones, pero sin comentar casi nada. RamĂłn , mientras tanto, disimulando y camuflado en la conversiĂłn de su amiga, descubrĂ cĂłmo se habĂa acercado mucho más a mi chica, y estaba ya casi tan pegado a ella como Sandra a mĂ. Pude ir comprobando cĂłmo se ponĂa las botas mirando el escote de mi novia. Primero, comenzĂł de reojo, de forma discreta, pero luego, a medida que notaba que Carmen no se daba cuenta, que no decĂa nada o que no parecĂa m*****arle, fue observándolo con más descaro.
Entonces,Carmen , de repente, en medio de una conversaciĂłn de RamĂłn con su amiga, en la que Ă©sta le contaba una anĂ©cdota tonta que le habĂa ocurrido esa misma tarde en la playa, la interrumpiĂł llevando la mirada hacia RamĂłn :
—Yo, bueno... nosotros —precisĂł Carmen mirando hacia mĂ—, tambiĂ©n, como anĂ©cdota, podrĂamos contar cĂłmo nos encontramos sin saberlo con una playa nudista. RamĂłn allĂ... parecĂa muy tranquilo paseándose desnudo... Yo no creo que fuese capaz de desnudarme totalmente y estar tan tranquilamente asĂ, a la vista de cualquiera...
—Ja, ja, ja... Ya tĂa... —la cortĂł Sandra con una carcajada—, pero RamĂłn tiene mucha experiencia en eso —le guiñó un ojo a RamĂłn de forma cĂłmplice—. Yo tampoco al principio me atrevĂa. Pero ahora, me encantan un montĂłn las playas nudistas. Ademas, bueno... tĂş habrás podido descubrir, que con eso que tiene, ¡como para no enseñarlo! —contĂł ella, sin reparo alguno, mirando a Carmen con otro guiño cĂłmplice y luego pasándome a mĂ la mano por el antebrazo, como pidiĂ©ndome permiso para hablarle a mi chica sobre la polla de RamĂłn .
—SĂ... la verdad... que sà —asintiĂł Carmen , de forma un tanto avergonzada, al haber comentado abiertamente el nudismo de RamĂłn . Luego, me mirĂł a mĂ, tal vez esperando que no me enfadase por ello. Yo sonreĂ, dejando claramente a entender que en absoluto me habĂan m*****ado esos comentarios sobre los atributos de RamĂłn . Es más, quise echar un poco mas leña al fuego, y exclamĂ© dirigiĂ©ndome a mi chica:
—Si yo tuviese una polla como la de Ă©l, tambiĂ©n me gustarĂa lucirla a todas horas. —SoltĂ© un risa un tanto avergonzada—. Además, Carmen, ahora no te avergĂĽences, que no pasa nada. ¡Bien que estuviste fijándote en ella cuando cruzamos esa playa nudista! Me di cuenta y lo hablamos... Y lo veo normal. Llama mucho la atenciĂłn.
Carmen , un poco sonrojada, mirĂł hacia abajo mientras intentaba disimular su vergĂĽenza dando otro trago a su copa. Entonces yo, de reojo, vi como mi chica no pudo evitar llevar su mirada hacia la entrepierna de RamĂłn que, allĂ sentado, con los ajustados pantalones blancos que llevaba, marcaba un buen “paquete”. Yo intuĂ, que incluso podrĂa habĂ©rsele puesto ya algo morcillona; seguro provocado por la visiĂłn tan cercana de las tetazas de mi novia.
—Bueno, Jose... y ya que estamos... siendo yo tambiĂ©n sincero, he de confesarte, que en la playa tambiĂ©n me he fijado en las tetas de tu chica. AllĂ, en topless, en esa playa, lucĂan genial —prosiguiĂł RamĂłn la conversaciĂłn, mirándome primero a mĂ, pero luego dirigiendo su mirada de retorno hacia mi novia—. Y bueno... tĂş, Carmen , si me lo permites y me disculpa tambiĂ©n tu novio, he de decirte, ¡quĂ© tienes unos pechos preciosos! —Sus ojos, ahora, se clavaron directos en sus tetas—. Es una delicia que te guste lucirlos en la playa. ¡A ver si un dĂa os animáis los dos a hacer nudismo! Ya verĂ©is cĂłmo os gusta... Al principio, a casi todo el mundo le da corte, vergĂĽenza o lo ve como algo extraño y raro, pero es genial. Si lo probáis, os digo que repetĂs seguro —volviĂł a comentar, dirigiĂ©ndose en exclusiva a Carmen.
RamĂłn tenĂa un encanto especial; aunque casi no le conocieses de nada, tenĂa una forma de ser que te hacĂa sentirte cĂłmodo y tranquilo con Ă©l casi al instante. Se le notaba un tipo muy abierto y amigable.
Carmen , sintiendo claramente los ojos de RamĂłn sobre su escote, parecĂa sumida en una mezcla de nervios y excitaciĂłn. Pero se percibĂa que estaba a gusto allĂ, piropeada por aquel hombre, sintiĂ©ndose deseada y con ganas de fiesta. Ya casi se habĂa terminado su copa; ella era la que más vacĂa la tenĂa de los cuatro. La verdad, que a mĂ me empezaba a preocupar un poco que pudiese pasarse con la bebida; no estaba acostumbrada a beber tanto, y ya iba algo “contentilla”; se lo podĂa notar por esa manera de comportarse de forma un tanto desinhibida. Y eso, en ella, sĂłlo era algo normal cuando bebĂa...
Al momento, RamĂłn echĂł la mano a su bolsillo, parecĂa sonarle el mĂłvil...
—¡Creo que me llaman! —exclamó—. Voy a salir fuera un momento a hablar. ¡Vengo ahora! ¡Perdonadme! —nos dijo, mientras se levantaba con su móvil sonando en la mano.
Mientras pasaba por delante de mi chica para salir, noté cómo acercaba su entrepierna con disimulo al rostro de Carmen. Vi que ella no lo esquivó demasiado, sino que aprovechó ese pequeño instante para ojeársela sin ningún tipo de reparo y a lo descarado.
Al “pasarle” el paquete frente a la cara, casi rozándola, vi claramente a Carmen fijarse en el enorme bulto; el tĂo iba medio empalmado y no le importaba que se le notase.
Nada más Ramón ir acercándose a la puerta de salida del local, Sandra nos comentó:
—Le habrá llamado algĂşn amigo... Creo que antes me comentĂł que habĂa quedado con uno.
Carmen y yo nos miramos, y ella, en ese instante, aprovechĂł para hacerme un gesto, insinuándome si yo preferirĂa mejor que se volviese a sentar a mi lado. Pero yo le devolvĂ el gesto, indicándole con señas que eso no era posible, a no ser que Sandra se levantase.
Aquella mujer siguiĂł charlando con nosotros como si nada, mientras RamĂłn seguĂa fuera. Hasta que, unos diez minutos despuĂ©s, RamĂłn regresĂł de su charla y se sentĂł de nuevo al lado de mi chica.
—¡Ya estoy aquĂ! He salido a hablar un segundo con un amigo —Hizo un gesto cĂłmplice, sonriendo de forma pĂcara a Sandra, como si los dos supiesen de quĂ© amigo se trataba.
Carmen, en ese instante, despuĂ©s de mirarme a mĂ, nos comentĂł a los cuatro:
—Disculparme a mà ahora un segundo... pero tengo que ir al baño, ¡que me meo!
—Yo voy contigo, guapa... ¡QuĂ© estoy igual! ─replicĂł Sandra rápido, al oĂrla, levantándose casi a la vez que mi chica.
Se dirigieron juntas al baño, y en la mesa nos quedamos de nuevo solos Ramón y yo, mirándolas como bobos mientras caminaban en dirección el servicio. Nada más entrar las dos dentro, él me preguntó con tono intrigado:
—¿QuĂ© era eso tan morboso que me decĂas que habĂais hecho viniendo? ¡Vamos, cuenta!
VolvĂ a mirar hacia la puerta del servicio, cerciorarme que Natalia habĂa entrado ya dentro, y le respondĂ:
—¡Bufff! Fue en el restaurante... ¡qué gozada!
—Pero... a ver, ¿qué pasó en el restaurante? Dime... —me insistió.
—Pufff... ¡fue un pasote el morbo! Nunca me habĂa dejado hacerle algo asĂ. Se dejĂł que le quitase el tanga... allĂ sentada en la mesa. ¡Yo creo que se enterĂł el camarero y todo!
Nada más comentarle esto, me metĂ la mano en el bolsillo y, mirando de nuevo alrededor, no fuesen a volver las chicas, saquĂ© el tanga que antes le habĂa quitado a Natalia y se lo enseñé, posándolo encima de la mesa, al lado de su copa...
—¡¡Joder, tĂo!! ÂżNo me jodas... quĂ© encima ahora anda la muy guarra por aquĂ sin bragas? —exclamĂł RamĂłn , mientras cogĂa ese tanga y se lo acercaba a su nariz para olerlo—. ¡¡Dios, quĂ© morbazo!!
DespuĂ©s de olfatearlo unos segundos, hizo un movimiento con una de sus manos colocándose la entrepierna; seguro se habrĂa empalmado al visionar a mi chica en su cabeza, con ese escote y ese vestido que llevaba... y ahora encima sin bragas.
—¡Guárdala!... ¡te la regalo! Además, ella en estos momentos se cree que se la dĂ al camarero del restaurante. No sabe que aun la tengo —le contĂ©, mientras podĂa observarle la enorme cara de lujuria que se le habĂa quedado, como si estuviese de nuevo visionando en su mente una imagen de mi chica desnuda...
Sin dudarlo se guardĂł aquel tanga en el bolsillo.
Al instante, mirándome a los ojos y con tono serio, me preguntó:
—Oye... a ver, una pregunta: ¿qué te comentó tu chica cuando le sugeriste lo de venir hasta la fiesta? ¿Cómo se lo tomó?, ¿te costó convencerla?... ¿o aceptó rápido?
—No, bueno... si te digo la verdad, aceptĂł a la primera. Y eso me sorprendiĂł un poco.... Fue algo asĂ como si ya estuviese deseando venir. No sĂ©... Âżpor quĂ© lo preguntas? —le dije. No sabĂa por dĂłnde iba.
—A ver... Yo creo, que ella ya sabĂa de antemano que hoy habĂa aquĂ una fiesta. Incluso, casi te dirĂa, que quedĂł con alguien para verse. ÂżTĂş no sabĂas nada?
Yo me quedé un poco sorprendido por sus palabras, y le respondà extrañado:
—No... ¡para nada! No sé por donde vas... ¿Con quién coño iba a quedar? Cómo no fuese contigo...
—Bueno, no te iba a comentar nada, pues no sabĂa si serĂa del todo cierto... Pero viendo ahora lo morboso que estás y todo lo que estas compartiendo conmigo y, cĂłmo veo que no te vas a mosquear, te lo contarĂ©... —Fue diciĂ©ndome mientras bebĂa de su copa.
—Dime... a ver sĂ, ¡cuĂ©ntame! ÂżPero quĂ© pasa? —Empezaba a estar cada vez más intrigado y nervioso.
—A ver cĂłmo te lo cuento para que no te asustes demasiado; creo que, tu chica y Riqui, puede que hayan medio quedado ya esta noche para encontrarse por aquĂ... por esta fiesta. —RamĂłn me miraba a los ojos mientras me lo contaba—. Por eso quizá tu chica aceptĂł encantada y sin preguntarte nada lo de venir aquĂ. ¡Se lo pusiste en bandeja!, no tuvo ni que proponĂ©rtelo ella y que tĂş sospechases algo.
Yo estaba muy sorprendido; jamás habrĂa pensado algo asĂ de Carmen . Sinceramente, aquello me parecĂa sĂłlo una fanfarronada por su parte... No le creĂa.
—¿Y tĂş, si ya sabĂas todo esto?, ÂżcĂłmo no me dijiste nada? ÂżQuĂ© eres cĂłmplice de ese tal Riqui? No me está gustando Ă©sto... ¡Me dijiste que se podĂa confiar en ti! —le interroguĂ©, con un tono de voz un tanto nervioso, y con el semblante de mi rostro serio, demostrando algo de enfadado.
—Bueno... yo no te engañé para nada. SĂ sabĂa que Riqui estaba desando follarse a tu chica, me lo dijo la misma noche que os vimos en su pub... —me iba diciendo RamĂłn . ParecĂa sincero—. Pero bueno, eso, ¡que tĂo no lo desea!, con esos melones y lo jamona que está. Pero, lo de que habĂa quedado con ella, eso, te juro que no lo sabĂa hasta hace un instante. Me acabo de enterar ahora mismo; me lo comentĂł hace un momentito que me acaba de llamar y yo le contĂ© que estabais aquĂ los dos conmigo. Acaba de terminar su turno en el pub y se viene para acá.
—Joder tĂo... La verdad, que todo esto no me lo puedo ni creer. Aunque, bueno, quizá por eso se puso sin rechistar este vestido, y se arreglĂł tanto y se maquillĂł tan estupendamente —le comentĂ© yo, terminando mi copa ya mediada—. Pero aun asĂ... no sĂ© si me hace mucha gracia todo Ă©sto. Estoy a gusto contigo, sĂ, y me da mucho morbo que me hables de ella y que la mires... Pero no sĂ©, seguir adelante me parece peligroso. ¡A ver si me voy arrepentir luego de todo esto! —añadĂ.
—¡Tu verás, Jose !, es tu decisiĂłn. Pero a ver, voy a hacerte una pregunta muy clara: Âża ti te podrĂa dar morbo que se follasen a tu chica? ÂżSĂ o No?... —Se me quedĂł mirando con rostro serio y morboso—. Que te gusta que la miren y que te digan cosas sobre ella, eso ya lo veo, ya se que sĂ. Pero... Âżte darĂa morbo algo más? —preguntĂł de nuevo.
Yo, pensativo y nervioso, pero a la vez enormemente excitado y curioso, pensĂ© durante unos segundos quĂ© contestarle. Una parte de mĂ tenĂa una curiosidad enorme por ver hasta dĂłnde serĂa capaz de llegar mi chica, y si era verdad todo aquello que me contaba ahora RamĂłn :
—Bueno, tĂo... Eso no lo sĂ©. Es muy fuerte lo que me propones —iba respondiĂ©ndole, a trompicones, midiendo bien cada palabra que decĂa—. No te voy a negar, que alguna vez sĂ que me he pajeado y fantaseado con esa idea, pero... de ahĂ a dar el paso. No sĂ©... —Dudaba—. Bufff, por un lado... ¡joder quĂ© morbo! Pero no sĂ©... estoy en dudas. Además, no creo que ella quisiera llegar nunca a tanto; es muy tĂmida y recatada, aunque hoy la veas asĂ vestida y algo lanzada. ¡No la conoces bien! Carmen no es asĂ, no es como Sandra —le fui diciendo esto, en cierto modo, queriendo auto convencerme a mi mismo de que seguir adelante con aquello no era arriesgado. Una parte de mĂ lo deseaba, pero a la otra, la más racional, le daba mucho miedo...
—Bueno... tienes razĂłn, no la conozco aĂşn casi nada. Pero, esta noche ella se ha preparado a conciencia para salir, Âżno?, y te ha ocultado que medio quedĂł con este chico, Riqui, Âżno? Pues yo veo bastante claro que algo tiene en mente; no sĂ© si será sĂłlo tontear o llegar a follar con Ă©l, no me atrevo a afirmar tanto, pero seguro que algo... algo sĂ que planea. Si no, ¡no te habrĂa ocultado que hablĂł y medio quedĂł con Ă©l!, Âżno te parece? ÂżTe lo habrĂa contado, no? —comentĂł RamĂłn , tambiĂ©n acabando ya su copa.
—No sĂ©... Bufff... igual tienes algo de razĂłn. Pero no sĂ©, quizá sea por eso que dices: sĂłlo por tontear un poco y sentirse guapa y deseada por otro que no sea su novio. A mĂ me quiere mucho y yo a ella. No concibo que le apetezca follarse ni ligarse a nadie que no sea yo —le volvĂ a decir, cada vez con mayor morbo por comprobar si ella habĂa quedado en verdad con aquel chico, ese tal Riqui, y hasta dĂłnde pudiese tener en mente llegar. Estaba seguro, quĂ© mi Carmen no iba hacer nada con nadie que no fuese yo; como mucho, tontear un poquito. Quizás, ni eso.
—Mira, te propongo un trato... —insistiĂł RamĂłn unos segundos despuĂ©s, viendo que me habĂa quedado en silencio y muy pensativo—. Si no quieres que Riqui haga nada con tu chica, yo le digo que se olvide de ella y no intente nada. Pero, si te da morbo ver hasta dĂłnde puede llegar ella con todo esto... yo te ayudo a planear algo morboso con Riqui, para que disfrutes viendo hasta dĂłnde es capaz tu chica de llegar con Ă©l. ÂżQuĂ© te parece?... ÂżAceptas? Será morboso. ÂżY quĂ© tienes tĂş que perder? Mañana ya os vais, Âżno?
Yo me quedĂ© otro segundo pensativo, la idea era ciertamente morbosa y, la verdad, era algo que llevaba fantaseado tiempo. Estábamos en un pueblo, donde nadie nos conocĂa y a donde quizá no volviĂ©semos jamás... Quizás nunca más se me presentase otra ocasiĂłn tan propicia para morbosear de ese modo y con esta idea. AsĂ quĂ©, decidĂ aceptar. Pero con una pequeña gran condiciĂłn:
—Vale, acepto, pero... eso sĂ, sin forzar para nada la situaciĂłn. Si mi novia no quiere o se siente incomoda, detenemos todo y nos vamos. Y además, yo tengo que enterarme de todo. No vale que Riqui se la lleve al baño e intente meterle mano sin yo enterarme. ÂżEntendido?
—SĂ... claro, por supuesto... Se me está ocurriendo algo para hacer Ă©sto mucho más morboso y excitante, y que tĂş puedas vivirlo, enterándote de todo. ¡TĂş confĂa en mĂ! —RamĂłn mostraba una cara de vicio enorme, que hacĂa que me intrigase quĂ© pensamientos estarĂan rondando su cabeza.
En esto, de repente, vimos salir ya a las dos chicas de vuelta del baño. VenĂan ambas muy sonrientes y haciĂ©ndose bromas la una a la otra. Esta vez, Carmen sĂ que se sentĂł a mi lado, y Sandra, antes de sentarse, comentĂł algo en alto mirándonos a mĂ y a RamĂłn :
—¡Joder con la tĂa! ¡Tiene a los tĂos locos con ese escote que lleva! Mientras hacĂamos cola en el baño, por lo menos tres intentaron ligar con ella. ¡VigĂlala Jose , que hoy te la levantan! —Se dirigĂa a mĂ, con tono de broma, mientras se iba acercando a RamĂłn para susurrarle al oĂdo algo en bajito. Éste, le contestĂł con una sonrisa cĂłmplice, como si ya supiese lo que le estaba contando.
—Bueno, ahora me toca a mà pagar las copas. ¿Os apetece otra, no? —les propuse a Ramón y Sandra.
—SĂ, venga, Jose ¡dame dinero!, que vamos Sandra y yo a por otras cuatro —me apurĂł Carmen , muy decidida, y haciĂ©ndome un gesto con la mano para que sacase pasta rápido...
—Vale, amor... ¡pero tranquila!, ¡qué te voy notando ya muy lanzada! —le repliqué, mientras le daba un billete de 50 euros para que pagase las copas.
—Tranquilo, cariño, no pasa nada... ¡estoy genial! ¡Vamos, Sandra!! —Con una mano, ayudaba a su nueva amiga madurita a levantarse del asiento.
AsĂ pues, nos quedamos nuevamente solos RamĂłn y yo...
—Oye... ¡cĂłmo está hoy de lanzada tu chica, eh! ÂżLa has visto? Me parece que aquĂ hay algo... Je, je, je...—intentaba Ă©l provocarme de nuevo, con voz y risas pĂcaras.
—Ufff... no sĂ©... ya veremos —respondĂ, mirando hacia ellas, que habĂan llegado ya a la barra y esperaban alegremente por las copas de espaldas a nosotros...
Al momento, RamĂłn girĂł su cabeza hacia la puerta y, al unĂsono, vimos entrar a dos chicos, los dos de sobre mi edad, de unos 29 o 30 años.
—Mira, ahà llegan ya Riqui y su amigo Andrés... —me comentó Ramón , guiñándome un ojo.
Hoy pude fijarme bien en Ă©l: Riqui era un chico de pelo negro, muy corto; un poco más alto que yo, aunque no mucho. Pero eso sĂ, con mucho mejor cuerpo; fuerte, musculado, con un bronceado de muchos dĂas de playa y curtido en deporte. No lo calificarĂa como más guapo que yo de cara, pero sĂ que era bien parecido y vestĂa elegantemente con una camiseta de marca y unos pantalones cortos por las rodillas. Su amigo era rubio, más delgado que Ă©l y con aspecto asĂ tipo “surferillo”. A mĂ, al verlos, el pulso se me acelerĂł a mil. MirĂ© hacia Carmen , y vi que aĂşn no les habĂa visto entrar, al estar despistada pidiendo las copas con Sandra.
Ramón les hizo un gesto a los dos para que le viesen, y ambos se acercaron rápido a nuestro lado.
—¡Hombre, RamĂłn , tĂo, estas en todas, eh! ¡No te pierdes una fiesta! ¡QuĂ© cabrĂłn! —comentĂł Riqui, chocándole fuerte la mano, como si fuesen colegas Ăntimos. Se quedaron de pie, justo al lado de nuestra mesa.
—SĂ, tĂo, ya ves... He salido otra vez a divertir a Sandra. Je je je...—les contestĂł RamĂłn riendo y mirando hacia ellas.
—Joder... Âżestá Sandra contigo hoy?... Âżotra vez? —Riqui se girĂł y la vio allĂ en la barra, junto a mi chica—. Yo, despuĂ©s de lo de ayer, creĂ que no tendrĂa ganas. ¡Pero quĂ© marcha que tiene la cabrona! —le dijo a RamĂłn , sonriĂ©ndole malĂ©ficamente. Por el cambio en el semblante de su cara, notĂ© cĂłmo se habĂa percatado de la presencia de Carmen al lado de Sandra.
Yo, durante todo esto, me quedĂ© callado y observando bien a Riqui y a su amigo, los cuales parecĂan no enterarse de mi presencia o no querer mirar aĂşn hacia mĂ.
—Mira, Riqui, Ă©ste es Jose—intervino RamĂłn —, estuvo el otro dĂa con su chica en el pub donde trabajas. ÂżTe acuerdas de Ă©l? —le preguntĂł, como presentándome.
—SĂ, claro... Encantado —Riqui me saludĂł ofreciĂ©ndome su mano—. Éste es AndrĂ©s, un colega mio... —Ahora fui yo el que mirĂ© hacia su amigo y le ofrecĂ tambiĂ©n mi mano.
En esto, las chicas aparecieron ya en la mesa con las copas. Al descubrir Sandra que aquellos dos chicos estaban allĂ, exclamĂł efusivamente mientras se abalanzaba sobre Riqui para darle dos fuertes besos en la mejillas:
—¡Hombre, Riqui! ¿Qué tal? ¡Has venido!... ¡Y hola Andrés, guapo! ¡Te ha liado hoy éste para salir con él!, ¿eh? —le preguntaba también a su amigo, al que correspondió con otros dos besos iguales.
Carmen , ante todo Ă©sto, se quedĂł quieta, asombrada, vergonzosa, de pie y mirando con timidez a Riqui. Estuvo un par de segundos asĂ, hasta que decidiĂł posar sobre la mesa las dos copas que ella traĂa en su mano: una para mĂ y la otra para ella.
—Hola, Carmen ... ÂżquĂ© tal estas? —le preguntĂł Riqui, educadamente, aunque observándola con disimulo de arriba abajo, sin cortarse ni un pelo en llamarla por su nombre en mi presencia, dejando asĂ claro que no se le habĂa olvidado.
—Bien... aquĂ... con mi novio. Nos enteramos casualmente de la fiesta y aquĂ estamos... —le respondiĂł ella, un tanto nerviosa y mirando de reojo hacia mĂ.
—AndrĂ©s... ¡vamos a buscar unas copas para tomárnoslas aquĂ, acompañándoles! —le propuso Riqui a su amigo, y los dos se dirigieron juntos hacia la barra.
Carmen , que les seguĂa con la mirada, volteĂł su cabeza hacia mĂ, con el resto del dinero que le habĂa sobrado de pagar las copas en la mano y, aĂşn un poco tĂmida pero de forma decidida, me preguntĂł:
—Jose ... ¿les pago a ellos también las copas? ¡Como estabas invitando tú!
—SĂ, Carmen ... ve y págaselas —le indiquĂ©.
Mi chica, rápido y de forma alegre, se fue hacia ellos, colocándose en la barra en medio de los dos para invitarles a sus copas.
Yo, sentado desde el sofá en el que estaba, divisaba la escena con inquietud y morbo a partes iguales. Mi chica se situó en la barra, casi rozándose con Riqui y charlando muy amistosa con él mientras esperaban por las copas.
SonreĂan los tres abiertamente cuando, de repente, Riqui, en un gesto rápido y disimulado, le colocĂł a mi novia un brazo sobre sus hombros, medio abrazándola, para continuar hablándole. Pero ahora, apoyándose un poco sobre ella, seguro queriendo observarle el escote desde lo más cerca posible. Carmen , ya totalmente desvergonzada, y como sin importarle que yo estuviese presente en el bar viĂ©ndoles, se agachĂł ligeramente sobre la barra, ofreciendo asĂ a Riqui una mejor visiĂłn de su canalillo. Yo no entendĂa si eso lo hacĂa apropĂłsito, o sin darse cuenta, pero continuĂł la conversaciĂłn asĂ apoyada...
Andres, el amigo de Riqui, observaba junto a ellos la escena, esbozando una sonrisa y pegando tambiĂ©n sucesivas miradas con descaro a los pechos de mi novia, pero no entrando en la conversaciĂłn con ellos, como dejando a Riqui charlar a solas con ella. La escena era realmente morbosa para mĂ, pero aun asĂ, estaba realmente nervioso. Mi novia iba a invitar a una copa, con mi dinero, a un tĂo que se la querĂa follar y, encima, Ă©ste empezaba ya a tirarle los tejos con descaro. Me excitaba ver cĂłmo aquellos dos tĂos le miraban el escote, pero me asustaba quĂ© más pudiese pasar luego.
Aunque, si lo pensaba bien, estaba muy seguro de que Carmen no harĂa nada más allá de eso: de sentirse observada y deseada. En aquel instante, siendo sincero, para mĂ ya era un logro verla exhibirse de ese modo tan claro. Siempre la habĂa tenido por una chica en extremo recatada, y aquello le podrĂa venir bien para ir cambiando de forma de ser, pues, ciertamente, era lo que yo deseaba: que comenzase a lanzarse más y a exhibir sin pudor su precioso y voluptuoso cuerpo.
AndrĂ©s pidiĂł dos cubatas a una de las camareras y, Carmen , muy sonriente y decidida, insistĂa en pagarles las copas ante la negativa al principio de los dos chicos, seguro queriendo quedar caballerosos, no dejándole pagar a ella. Al final, aceptaron, y Carmen las pagĂł con parte del dinero que aĂşn llevaba en la mano, antes de volver hacia la mesa.
En el regreso, mi novia venĂa caminando delante y, ellos, disimuladamente, se fueron quedando dos pasos por detrás, con sus copas en la mano y observando el movimiento que hacĂa su culo al caminar con ese vestido.
—Toma, Jose ... el dinero que me sobró —me dijo Carmen , nada más volver y sentarse de nuevo a mi lado.
GuardĂ© el dinero en la cartera, mientras veĂa la risa malĂ©fica que me ponĂa RamĂłn . De repente, sentĂ a mi chica darme un fuerte empujĂłn con su cadera, y decirme algo en alto:
—¡Jose, muévete un poco más a la derecha! Deja sitio para que se puedan sentar Riqui y Andrés.
Casi a la vez que ella, Sandra hizo lo mismo con RamĂłn , dejando hueco para que se sentase AndrĂ©s a su lado. Riqui, disimuladamente pero decidido, se sentĂł al lado de mi chica, casi pegado a ella, aprovechando el poco espacio libre de sofá que le permitĂa hacerlo.
Carmen , con Riqui allĂ sentado junto a ella, cruzĂł sus piernas dejando gran parte de sus muslos a la vista de Ă©l. Yo comencĂ© a deleitarme un poco con la situaciĂłn; los ojos de ese tĂo, parecĂan querer expresar todo lo que deseaba acariciar y frotar aquellos dos muslos. Yo, para mis adentros, imaginaba quĂ© podrĂa sentir si supiese que en realidad ella estaba allĂ sin bragas ni nada.
En esto, Sandra, comenzĂł a charlar con AndrĂ©s, de un modo parecido al que tuvo antes conmigo, pero esta vez sĂ que sĂ, y de todas todas, intentando descaradamente ligar con Ă©l.
Al cabo de un rato, mientras ellos dos copaban toda la atenciĂłn de la mesa, con una conversaciĂłn que tenĂan sobre una supuesta ex pareja de AndrĂ©s, vi cĂłmo Sandra ya le estaba pasando la mano por su pecho, acariciando su fibrado torso por encima de la camiseta sin mangas que llevaba...
—Ya te dije yo, que esa chica tan pija no te convenĂa, AndrĂ©s... Nunca me gustĂł para ti. Sabes bien que te lo dije ya el verano pasado que os conocà —le comentaba Sandra, mirándole de una forma lasciva, como queriendo demostrarle que hoy no se iba a volver a casa sin follar con ella.
Riqui, se mantenĂa callado y miraba a AndrĂ©s con una sonrisa pĂcara, como cĂłmplice con Ă©l; parecĂan demostrar con aquello, que habĂan venido allĂ precisamente a eso: a quĂ© ese tal AndrĂ©s se tirarse a la “madurita cachonda” Ă©sta. TenĂa pinta de tener fama de tĂa “fácil” y liberal, y tampoco es que pareciese importarle en exceso demostrarlo.
En esto, Ramón miró a Andrés y le sugirió:
—¡Venga, tĂo.... saca a Sandra a bailar, anda! A mĂ hoy no me apetece. ¡QuĂ© lo está deseando y no sabe cĂłmo pedĂrtelo!
Después, Ramón rodeó con su brazo derecho los hombros de su amiga, y le dijo:
—¿A que sĂ, Sandrita?, Âża que estas deseando mover un poco el cuerpo? Te veo mirando hacia la zona de baile desde ya hace un buen rato. —RamĂłn parecĂa muy interesado en que su amiga y AndrĂ©s se fuesen juntos a bailar.
—¡SĂ, eso! Tiene razĂłn, RamĂłn—exclamĂł ella—. ¡Vamos, AndrĂ©s! —insistiĂł, toda lanzada, mientras intentaba levantar a AndrĂ©s tirando de Ă©l con una mano, muy marchosa, y haciendo gestos con los brazos al son de la mĂşsica.
—¡Venga, tĂo, coño! ¡Sácala a bailar! No ves que lo está deseando —le animĂł tambiĂ©n Riqui, guiñándole un ojo.
AndrĂ©s, sonriendo y agarrando a Sandra de la cintura, se dirigiĂł con ella hacia la mini pista de baile, donde ya habĂa cada vez más gente bailando o tomándose allĂ las copas. Al verles llegar a la pista, RamĂłn y Riqui intercambiaron una mirada y sonrisa cĂłmplice, mientras yo observĂ© de nuevo a Carmen , que llevaba unos instantes en silencio; parecĂa divisar la escena entre Sandra y AndrĂ©s tranquila, pero cĂłmo con algo de incredulidad y asombro; como si no entendiese nada de nada de lo que pasaba. No debĂa comprender, si es que aquella mujer estaba con RamĂłn , como parecĂa en un primer momento, o si por el contrario era una cachonda que se liaba con todos. En otra momento, sentirĂa que esa incertidumbre no le gustarĂa nada, se encontrarĂa incomoda y querrĂa marcharse. Pero aquella noche era distinto. Por alguna razĂłn, más que causarle incomodidad, le causaba curiosidad... o ese era mi modo de ver las cosas en ese instante.
Entonces, Carmen se giró por completo en el asiento para mirar hacia la zona de baile, y contemplar fijamente cómo bailaban Sandra y Andrés...
A mi chica, siempre le habĂa gustado el baile, pero yo, la verdad, es que lo odiaba a ******. Esa serĂa posiblemente una de las pocas cosas que no tendrĂamos en comĂşn. Más de una vez me habĂa dicho que por quĂ© no me gustaba bailar, que a ella le encantaba... Pero yo siempre le contestaba lo mismo: que me podĂa pedir cualquier cosa, menos eso... Para lo del baile era un negado.
Yo, al verla observarles con fijaciĂłn y una leve sonrisa en su rosto, por la cara que estaba poniendo, tenĂa la certeza, que verles bailar le estaba dando mucha envidia. AsĂ quĂ©, ni corto ni perezoso, le preguntĂ© sin dudarlo:
—¿Te apetece bailar? —Ella girĂł su cabeza hacĂa mĂ, nada más notar mi mano acariciarle el pelo.
—Bueno... sĂ... un poco —me contestĂł, con mirada tĂmida, sabiendo que yo no querrĂa bailar con ella... Nunca querĂa.
MirĂ© hacĂa RamĂłn , que rápido intervino comentando:
—Pues Riqui lo hace genial. Está muy entrenado de bailar con las chicas en el pub donde trabaja. Se le da muy bien. ¡Menudos bailes se echa! Yo le he visto varias veces, y casi parece un profesional. —Los tres miramos hacĂa Riqui, que sĂłlo esbozaba una sonrisa, insinuando que aquello que RamĂłn decĂa podrĂa ser del todo cierto.
Vi ahĂ una buena oportunidad y, sin dudarlo, le sugerĂ a mi chica:
—Baila entonces un rato con Riqui, cariño... si quieres. Yo ya sabes lo negado que soy para eso.
Carmen mirĂł hacĂa Riqui, como comprobando la disposiciĂłn que podrĂa tener a esa oferta de bailar y, demostrando desearlo, le preguntĂł:
—¿Bailamos un poco entonces? Hace años que no bailo con un chico. Me apetece mucho, la verdad.
—Vale... si a tu novio no le importa, yo encantado —respondió Riqui, dando a entender que lo deseaba también. Le ofreció su mano para levantarla.
Mi novia, descruzĂł sus piernas, se puso en pie y se marchĂł con Ă©l hacia la zona de baile, sin poder parar de sonreĂr. A mĂ, la verdad, que no me ofreciĂł ni una simple mirada. SerĂa por lo novedoso del momento, pero me sonĂł un tanto extraño, bastante raro en ella...
—Bufff... ¿ésto empieza bien, eh? —añadiĂł RamĂłn , nada más quedarnos solos otra vez en la mesa—. ¡Mira quĂ© rápido se ha ido tu chica con Ă©l en cuanto le has dado oportunidad! Te dije que venĂa buscando algo.
Yo no contestĂ© nada, me di la vuelta, y desde allĂ fuimos los dos observando detenidamente la escena. Riqui y Carmen , llegaron a la pista, se colocaron al lado de AndrĂ©s y Sandra, y les saludaron al encontrarse. Sandra le dijo algo a mi chica al oĂdo, y Ă©sta le contestĂł tambiĂ©n algo a su vez, mientras se agarraba a Riqui comenzando a bailar.
Éste la tenĂa cogida por la cintura y con su mano a escasos centĂmetros de su trasero. ParecĂa haberla colocado de ese modo, con la clara intenciĂłn de ir bajándola luego poco a poco, y asĂ disimular mejor el ir acercándose a su culo, mientras se movĂan al son de la mĂşsica latina que ponĂan. Riqui, poco a poco, al ritmo de esos sonidos caribeños, agitaba todo el cuerpo de Carmen haciendo botar asĂ cada vez más sus tetas. Eso lo estaba haciendo seguro a propĂłsito, pues, por momentos, parecĂa que se le podrĂan llegar a salir y quedar libres en cualquier momento. Estaban llamando mucho la atenciĂłn de los tĂos que andaban solos por la pista, tomando sus copas y buscando ligar. Carmen atraĂa la atenciĂłn de muchos de ellos. La verdad, que el botar de sus pechos al son del merengue era un espectáculo...
—¡Joder, tĂo! Sigo diciendo quĂ© ¡vaya par de tetas tiene tu noviecita! Y cĂłmo se le mueven... ¡Bufff! —me comentaba RamĂłn , cada vez mas excitado, viendo con morbo, al igual que yo, cĂłmo Riqui bailaba sensualmente con Carmen y cĂłmo cada vez iba acercando más una mano hacia su culo.
Ella parecĂa dejarse hacer, o no se daba cuenta al estar metida en el baile, pero Riqui ya le rozaba claramente el trasero.
—SĂ, la verdad... —afirmé—, nunca la habĂa visto asĂ, de esta forma tan lanzada con un desconocido. Será porque le apetecĂa bailar... Conmigo nunca lo ha hecho. No sabĂa que le gustaba tanto. ¡Quizás deberĂa aprender! —iba diciendo yo, sin perder detalle de todo, pero sorprendido por lo distendida y suelta que se veĂa a Carmen , y por lo bien que se le daba a Riqui el baile. Se notaba que debĂa practicar mucho, y que lo usarĂa a menudo como “arma infalible”en sus conquistas femeninas.
—Ya sólo falta saber cómo hacemos para que lo veas todo... Que tu chica se lo va acabar montando con Riqui, parece ya un hecho. A no ser que te arrepientas y la frenes... —volvió a repetirme, sobándose un poco la entrepierna por encima del pantalón.
La verdad, que aquellas palabras de RamĂłn me parecieron un completo y desvergonzado vacile; para nada pensaba que, por unos cuantos movimientos de baile, ya mi novia se lo fuese a montar con otro. Me lo tomĂ© como una parte más del juego morboso con el que tanto le gustaba a RamĂłn provocarme. Yo lo sentĂ asĂ... y le seguĂ un poco el rollo:
—Bueno, no sĂ©... De momento sĂłlo esta bailando, o como mucho tonteando un poco con Ă©l. Ya veremos hasta dĂłnde llega la cosa... ¡Pero yo que tĂş no me harĂa muchas ilusiones! —repliquĂ©, volviendo a mirar hacia ellos, y cĂłmo fingiendo tranquilidad y seguridad en mĂ mismo.
—Ja, ja, ja, ja, ja...—RamĂłn riĂł a carcajadas—. Bueno, tĂş piensa lo que quieras... Pero vete pensando si quieres verlo todo o no. Porque, si estas dispuesto, hoy se follan a tu querida novia. ¡Te lo digo yo! Que me conozco muy bien a las tĂas. Y te digo que, a la tuya hoy, si la dejas libre, se lo monta con Riqui. ÂżQuieres apostarte algo? —me dijo de nuevo, devorando a mi novia con la mirada. Si la follan me obedecerás esta noche?
Mientras, veĂamos cĂłmo Riqui ya tenĂa la mano tanteando el culazo de Carmen por encima de su vestido...
Yo me quede callado, como mudo, observando bien la escena. No sabĂa quĂ© decir. Me parecĂa que aquel hombre se estaba pasando tres pueblos con sus comentarios, pues, aunque me daban cierto morbo, no me parecĂa que nada de lo que me decĂa se ajustase al carácter de mi chica. Ella me querĂa mucho, y estaba seguro que jamás harĂa nada a mis espaldas.
Aunque, serĂa de necios negar que aquella noche no estaba descubriendo una faceta distinta de Carmen que hasta ahora desconocĂa. Mi chica estaba allĂ, agarrada a un semi desconocido, bailando de forma sexy y con la mano del aquel tĂo tocándole ya sin reparos el trasero. Y Carmen se estaba dejando o al menos hacĂa que no se daba cuenta. Estaba claro, que no se estaba comportando como esa chica tan recatada y tĂmida por la que la tenĂa. SerĂa por el alcohol, por el sitio o por estar de vacaciones donde nadie nos conocĂa, pero en verdad, un poco cambiada sĂ que estaba...
!Vale,pero solo si no es forzada y lo veo yo ¡.
De repente, mientras miraba absorto cĂłmo seguĂan bailando los cuatro, Sandra se apartĂł de AndrĂ©s y fue en busca de mi novia, cortándoles de golpe el baile. Al instante, le comentĂł algo al oĂdo, y se marcharon juntas en direcciĂłn al baño. Los dos amigos, quedándose ahora sin parejas de baile, se pararon a intercambiar unas cuantas palabras mientras reĂan efusivamente. Riqui, entonces, al instante, dejĂł a AndrĂ©s allĂ solo, y retornĂł hacia la mesa junto con RamĂłn y yo.
Al llegar, se parĂł frente a nosotros, cogiĂł su copa que aĂşn tenia mediada sobre la mesa y ya sin hielo, y me mirĂł con rostro tĂmido pero despreocupado. En esto, RamĂłn se levantĂł para decirle:
—Riqui, acompáñame un momento... Quiero comentarte una cosa. —Los dos miraron al unĂsono hacia mĂ y, sin decir nada más, se largaron juntos hacia la puerta, saliendo raudos del local.
Yo, inmediatamente, al ver esto, mirĂ© hacia el baño y tuve la enorme tentaciĂłn de ir corriendo en busca de Carmen , para largarnos de allĂ; no sabia quĂ© podrĂan estar tramando aquello dos tipos, o si, este morbo incontrolable que de repente me habĂa entrado, me podrĂa suponer un problema gordo con ella si la cosa fuese a mayores. Por nada del mundo querrĂa perderla.
Ya justo me iba a levantar a buscarla, cuando Andrés llegó a mi lado y me preguntó por Riqui y por Ramón :
—¿A dónde han ido estos dos? —me comentó, extrañado, y mirando alrededor del local.
—No sĂ©... han salido fuera de repente. Supongo que volverán pronto —respondĂ, demostrando todavĂa algo de nervios, mientras no perdĂa ojo de la puerta del lavabo, esperando ansioso que saliese mi novia.
—¡Na... mira!, vienen ahà ya —exclamó Andrés, al ver aparecer a los dos de nuevo por la puerta, hablando algo entre ellos, sonriendo, y asintiendo Riqui a Ramón con la cabeza.
Al instante, casi a la vez que llegaron RamĂłn y Riqui junto a la mesa, salieron ya las chicas del baño. Sin mediar palabra, Sandra se abalanzĂł sobre AndrĂ©s como una loca, dándole un morreo ya totalmente desvergonzada. Mi chica se les quedĂł mirando y, al instante, observĂł a RamĂłn y Riqui que les sonreĂan pĂcaramente. Durante esos escasos segundos, Carmen a mĂ ni me mirĂł nerviosa , y al tomarla Riqui de nuevo de la mano, Ă©sta volviĂł raudo con Ă©l hacia la pista. RamĂłn se volviĂł a sentar conmigo en la mesa, mientras Sandra y AndrĂ©s seguĂan besándose y magreándose ante nuestra mirada.
Al momento, la amiga de Ramón agarró a Andrés de la mano y se marcharon juntos del bar...
—¡Te ha dejado solo tu amiga... parece! —le dije a RamĂłn , cĂłmo queriendo burlarme un poco de Ă©l, mientras los veĂa alejarse hacĂa el exterior del bar, de la mano.
Aquella escena tambiĂ©n era muy morbosa; parecĂa sacada de una peli porno, con la tĂpica “MILF” yĂ©ndose con un chico bastante más joven que ella.
—Ya... je je je...—asintiĂł RamĂłn riendo—.¡DĂ©jala! Hoy tiene ganas de una polla más joven. De la mĂa ya le dĂ bastante ayer... ¡con su marido mirando! Y bueno, piensa en ti, que puede que te dejen solo tambiĂ©n en cualquier instante —me replico Ă©l, indicándome con el dedo hacia Carmen , que seguĂa bailando con Riqui, dejándose ya sobar el trasero de una forma casi casi descarada...
—SĂ... mi novia no parece estar pasándoselo mal, no... —dije, resignado al ver aquello.
Aunque esto me pusiese bastante nervioso, no podĂa negar que era excitante verla asĂ. Aquel chico ahora se estaba pasando mucho más con sus gestos y, por momentos, yo pensaba que podrĂa estar incluso tentado a meter su mano bajo la falda de mi novia. No sabĂa quĂ© le podrĂa haber contado RamĂłn de mĂ; igual le habĂa dicho que eramos una pareja «swinger» de esas, y que yo estaba por completo de acuerdo en todo esto.
Carmen volteaba a veces su mirada hacia atrás, pero parecĂa querer fingir que no se daba cuenta, que por veces Riqui la sobaba con descaro. Incluso parecĂa querer ocultarse entre la gente para que yo no les viese. Me resultaba ciertamente increĂble el asunto. Aquella era una Carmen distinta a la que conocĂa. Estaba claro que tenĂa que ser por el alcohol. DebĂa decirle que no bebiese más...
—SĂ... Ya ves, que obligada no parece estar, no... —retomĂł la charla RamĂłn , al ver que yo no perdĂa detalle de todo—. Dime... entonces, Âżestás preparado para ver si se follan esta noche a tu dulce tetona Carmen ? —me preguntĂł RamĂłn , con voz morbosa, que me quitĂł un poco mis dudas de antes y me excitĂł aĂşn mas. Yo tenĂa claro que Riqui no se la iba a follar de modo alguno, pero me intrigaba ver hasta dĂłnde podĂa llegar ella.
—SĂ, creo que sĂ... —le dije, para apaciguar sus ansias por sacarme una respuesta afirmativa, aunque dentro de mĂ tenĂa la certeza de que eso nunca pasarĂa.
—Bueno, mira... —Ramón me pidió en un gesto disimulado que me diese la vuelta—, por ahà vuelve tu novia, botando sus tetones de putita. ¡Apuesto a que ya trae su chocho empapado! ¡La muy guarra! —Ramón dijo esto en voz alta, mientras caminaba Carmen hacia la mesa, y en un tono que, si no lo escuchó ella, debió ser por muy poco. La verdad, que Ramón se estaba pasando tres pueblos. Pero en el fondo, a mà eso me excitaba.
Carmen llegĂł junto a nosotros y, casi sin mirar hacia mĂ, cogiĂł la copa mediada que tenĂa aĂşn sobre la mesa, sin nada de hielo, caliente como ya debĂa de estar, y se la bebiĂł toda de un solo trago. Yo, al verla, le comentĂ© con tono enfadado:
—¡Carmen , cariño!, ¿no te estarás ya pasando un poco con la bebida? No quisiera tener que meterte yo en la cama esta noche. ¡No bebas más! Sabes lo rápido que te hace efecto el alcohol...
—No pasa nada,Jose ... qué estoy bien —me contestó, posando de golpe ese vaso sobre la mesa. Vi que le cayó un poco de liquido sobre su escote, mojando sus pechos—. Además... ¿no fuiste tú el que me propusiste tener una noche loca hoy aqu� Pues tranquilo, que sé controlarme. ¡Tú no me vas a tener que meter en cama! Lo estoy pasando muy bien. Hacia años que no bailaba tanto.
Dicho Ă©sto, rauda, y sin decir nada más, retornĂł con Riqui que ahora se habĂa quedado solo en la pista leyendo y contestando unos whatsapps en su mĂłvil. Al llegar mi chica de nuevo con Ă©l, siguieron bailando, con Riqui cada vez rozándose más contra ella, la cual tendrĂa que estar notando ya el seguro empalme que Ă©l tendrĂa.
Mientras continuaban bailando, Riqui le comentaba algo al oĂdo...
Una parte de mĂ, querĂa cortar todo aquello e irnos al hotel. Pero ya no podĂa... Por un lado, estaba Carmen , que parecĂa estar disfrutando, y tampoco querĂa ser un “agua-fiestas” actuando como un novio celoso. Pero, por otro lado, no podĂa negar que en parte me excitaba aquello; querĂa ver hasta dĂłnde llegarĂa Carmen . ÂżSe dejarĂa sobar una teta? Eso era sĂłlo ya lo que le faltaba; el culo ya se lo habĂa palpado aquel chico varias veces durante el baile.
De pronto, Carmen y Riqui dejaron de bailar, y se volvieron con nosotros. Mi chica, sentándose a mi lado y mirándonos sucesivamente a RamĂłn y a mĂ, nos comentĂł:
—Cariño, Âżvamos hasta la fiesta? AndrĂ©s le ha mandado un mensaje a Riqui diciendo que está allĂ, bailando con Sandra. ÂżVamos?—Carmen me hablaba de aquellos dos chicos como si los conociese de siempre.
Después de mirar hacia Ramón , le contesté:
—SĂ... Vamos...
—¡Guay! ¡Pues genial!... Allà invito yo a las copas —intercedió Riqui, entusiasmado.
Salimos del local y nos dirigimos hacia la fiesta. EstarĂa como a unos doscientos metros. En el trayecto, Carmen y yo fuimos juntos, agarrados del brazo, y RamĂłn y Riqui unos pasos por detrás, charlando.
Acercándonos a la fiesta, mi chica me preguntó:
—¿Te está m*****ando que baile con Riqui, cariño? Es quĂ©... la verdad, me apetecĂa mucho... ¡HacĂa tiempo que no lo hacĂa!
—No, amor... ¿por qué me iba importar? —le contesté, esperando más bien conocer, cuáles eres sus deseos, que mostrarle mi permiso abiertamente.
—Bueno... no sĂ©... por si te ponĂas celoso o algo... —prosiguiĂł ella diciĂ©ndome—. Me apetecerĂa seguir bailando con Ă©l en la fiesta, otro ratito más. ÂżMe dejas, no? Siempre me dijiste que te pidiese cualquier cosa, menos bailar tĂş conmigo. Pues ahora... te estoy pidiendo que me dejes bailar con Ă©l todo este rato que estemos por aquĂ, ¡me lo estoy pasando genial!
—SĂ, vale... baila con Ă©l todo lo que te apetezca. Pero en no mucho más de una hora nos vamos, Âżeh? ¡Son las tres de la mad**gada ya! Y mañana tenemos que salir temprano a casa de tu prima. ¡AcuĂ©rdate! —le recordĂ©, justo cuando llegábamos donde era la fiesta, y al Carmen mirar hacia atrás buscando de nuevo a Riqui con la mirada.
Se la notaba con ganas de seguir bailando con Ă©l, y eso, en el fondo, a mĂ excitaba. Verla mover sus curvas al son de la mĂşsica, mientras aquel “desconocido” la comĂa con la mirada, me ponĂa cardĂaco. No lo podĂa evitar. Intentaba seguir comportándome como un novio normal y no perder los papeles, pero el morbo me superaba.
—Es muy buen chico... y baila genial... Gracias por dejarme bailar con él. ¡Te quiero! —me dijo ahora, dándome un beso, mientras Ramón y Riqui nos alcanzaban, proponiéndonos ir a pedir algo de beber a la barraca de la fiesta.
Pedimos cuatro cubatas, que Riqui pagĂł, y los tres tĂos, o sea, Riqui, RamĂłn y yo, nos colocamos apoyados en la barra con nuestros ojos pegados en Carmen , que ahora bailaba sola en frente nuestro; distraĂda, de espaldas, moviĂ©ndose sensualmente mientras comenzaba a tomarse la copa observando la orquesta. Los tres nos quedamos como bobos mirándola, viendo cĂłmo balanceaba su cuerpo, agitando sus rotundas caderas al ritmo de la mĂşsica.
Riqui, en esto, dio un largo trago a su cubata, terminánselo casi por completo y, disimulada pero decididamente, se separĂł de nosotros para irse acercando directo hacĂa ella. Al encontrarse los dos de nuevo frente a frente, se agarraron de la manos, continuando el baile que habĂan iniciado antes en el pub...
Mientras, Ramón y yo, les observábamos sin quitarles ojo, viendo cómo poco a poco se iban alejando discretamente, metiéndose entre la gente...
—¿Ya te estás preparando para ver cĂłmo folla hoy tu chica con otro? —RamĂłn se acercĂł a mi oĂdo para decirme esto—. Creo que la cosa va a ser ya cuestiĂłn de minutos; tu chica debe estar a punto de perder las bragas por Riqui... A no... espera, ¡que ya le has hecho tĂş ese trabajo y se la traes ya sin nada! Ja ja ja...—me comentaba RamĂłn , riĂ©ndose a carcajadas sobre mi oreja, pero a la vez tocándome en el hombro, cĂłmo tranquilizándome... cĂłmo pidiĂ©ndome que no me enfadara... quĂ© todo era una broma.
Yo, aunque creĂa que todas esas bromas y comentarios ya iban demasiado lejos para habernos conocido hacĂa solo un par de dĂas, no les di importancia y quise fingir que ya me estaba planteando que pudiese llegar a pasar algo entre ellos...
—Bueno... ya veo que ella está un poco más decidida... pero aun asĂ, yo todavĂa tengo mis dudas que ella de el paso. Sigo pensando que sĂłlo quiere divertirse y tontear un poco con Ă©l... ¡nada más! —le contestĂ©.
Continuábamos divisando con morbo la escena, viendo que seguĂan bailando y que Riqui le agarraba el culo con las dos manos, como ya creyendo que no les veĂamos desde donde estábamos.
—Eso... tĂş dĂ©jala... y hazme caso a mĂ en todo lo que te diga, que te aseguro que hoy compruebas cĂłmo tu novia folla con otro... A Riqui no se le escapa una. ¡Te lo digo yo!, que le he visto hacer esto muchas otras veces con tĂas como la tuya —continuaba RamĂłn , provocándome, mientras se terminaba la copa.
Al momento, vimos aparecer entre la gente a Sandra y a AndrĂ©s, que se acercaban a Carmen y a Riqui. Sandra parecĂa venir mucho más despeinada que antes, y con pinta de bastante bebida.
“¡Estos dos vienen fijo de echar un polvo!”, pensĂ© para mĂ. Ella comenzĂł a charlar con mi novia y, al momento, se fueron juntas, dejando solos a Riqui y a AndrĂ©s, que seguĂan charlando sonrientes.
Mientras observaba cĂłmo Sandra y mi chica se iban alejando, perdiĂ©ndose entre la gente, vi tambiĂ©n como AndrĂ©s le daba algo a Riqui: parecĂan ser las llaves de su coche. DespuĂ©s, continuaron hablando unos instante más como si nada.
Pasaron unos breves minutos más, y la chicas seguĂan sin aparecer. Para mĂ, Carmen estaba tardando demasiado en volver. Me estaba comenzando a preocupar y me parecĂa que aquello estaba yendo ya demasiado lejos. Me impacientĂ©. EmpecĂ© a sospechar, que tal vez se habrĂa pasado con la bebida y podrĂa estar encontrándose mal o *****ando en algĂşn rincĂłn, ayudada por Sandra, sin querer decirme a mĂ nada o que no me enterase para que no la regañase. HacĂa un rato, yo la habĂa avisado seriamente que no bebiese más...
Entonces, de repente, vi como Riqui y su amigo se acercaban hacia nosotros...
Al llegar a nuestro lado, Riqui mirĂł a su cubata casi vacĂo que aĂşn estaba sobre barra, antes de comentarnos:
—Bueno, amigos... Ă©ste y yo nos vamos ya —dijo, refiriĂ©ndose a su colega—. Las chicas no creo que tarden mucho. Se han ido a mear aquĂ al lado... en el aparcamiento. Y bueno, Jose , tĂş despĂdeme de tu chica. Sois un encanto los dos. Ha sido un placer conoceros... ¡Hasta otra!... ¡A ver si volvĂ©is por el pueblo el año prĂłximo!
DespuĂ©s de darme Riqui afectuosamente la mano, los dos amigos se fueron, y yo me quedĂ© mirando a RamĂłn con una confortable sonrisa en mi cara, como diciĂ©ndole con esa expresiĂłn, que no iba a tener razĂłn en eso que Ă©l tan seguro me decĂa que pasarĂa.
Al ver ese semblante en mi cara, él rápido quiso salir al paso:
—¡Tranquilo! TĂş no cantes victoria tan rápido. Que aĂşn no habĂ©is vuelto al hotel. AĂşn estoy yo aquĂ... ¡Espera!
VolvĂ a esbozar una nueva sonrisa, al creer, que ahora era Ă©l quiĂ©n se pensaba que se follarĂa a mi chica. SĂ tenĂa dudas de que con Riqui llegase a hacer algo, con RamĂłn menos aun, que era un tipo casi veinte años mayor que ella.
Aun asĂ, siguieron pasando los minutos, y las chicas seguĂan sin aparecer. Di un Ăşltimo trago a mi copa y le dije a RamĂłn , ya bastante inquieto:
—Oye, RamĂłn ... Esto ya es para preocuparse... ¡Vamos a dejarnos ya de bromitas y vamos a buscar a las chicas! Sandra parecĂa muy ********, y mi novia iba ya bastante tocada tambiĂ©n. ¡A ver si se encuentran mal o les pasĂł algo!
—Vale, sĂ... te acompaño. ¡SĂgueme! —exclamĂł RamĂłn , pidiĂ©ndome que le acompañase en direcciĂłn a ese aparcamiento que habĂa a unos trescientos metros de la fiesta, donde Riqui nos dijo que supuestamente habĂan ido ellas a mear.
Entramos, pedimos en la barra dos gin tonics a una de las camareras que habĂa, y nos sentamos en la ultima mesa libre con sofás que quedaba, el uno frente al otro. Desde donde estábamos se divisaba casi todo el bar. Carmen quedaba de frente a la entrada y a la barra, y yo de espaldas a ellas. A la izquierda de mi chica, a unos pocos metros, se encontraba la puerta de los lavabos y, detrás nuestro, habĂa una pequeña zona de baile, donde se divertĂan varias parejas al son de la mĂşsica. HabĂa bastante gente, pero el ambiente era tranquilo y agradable, lo que permitĂa poder hablar más o menos cĂłmodamente; era el local ideal para mis planes.
OjeĂ© entre la gente: vi que casi todo eran parejas, pero que habĂa tambiĂ©n algunos pequeños grupos de tĂos solos en la barra, como buscando ligar. Yo estaba deseando poder enviarle ya un mensaje a RamĂłn , confirmándole que estábamos allĂ.
—Voy un momento al baño, amor. No te dije nada hasta ahora, pero llevo casi desde que llegamos al pueblo meándome —comenté a Carmen al poco de acomodarnos.
Ella asintiĂł con la cabeza y me levantĂ© en direcciĂłn al lavabo. Y desde allĂ, nada mas entrar, le mandĂ© un whatsapp a RamĂłn :
—SĂ, claro que hemos venido. No te pude enviar mensaje hasta ahora. Estamos en el bar La Loca Noche .Era probable que Ă©l estuviese un tanto ansioso a la espera de un mensaje mio, pues casi no me habĂa dado ni tiempo a desabrocharme por completo el pantalĂłn y sacarme la polla para mear, y ya vi cĂłmo me entraba su respuesta...
Mientras orinaba, metà mi mano en el bolsillo y saqué de nuevo mi móvil para leerlo...
—OK, GENIAL... Ya creĂ que no vendrĂais... Que te habrĂas rajado o que ella no habrĂa querido venir. En un momento me paso por ahĂ... Esperadme.
Me guardé la polla y le puse otro WhatsApp:
—Ya verás quĂ© vestido se ha traĂdo mi chica!! QuĂ© morbo ufff!!!
—Genial.... jejeje... Esto empieza bien —me contestó.
—OK... pero eso sĂ, como dijimos eh... DiscreciĂłn total!!!...
—Sà claro... por eso tranquilo. Además, me acompaña una chica... Tu novia no va a sospechar nada.
Antes de salir, decidà mandarle la foto que le acababa de sacar en el puerto a mi chica acompañada de este texto:
—Qué te parece...? No está preciosa hoy?
Ahora tardĂł un poco más en contestar que a los anteriores mensajes. Seguro estarĂa mirando detenidamente la foto. Pero, al cabo de un instante, aquella foto tuvo por fin su respuesta:
—Bufff tĂo!!! CĂłmo está hoy de jamona!! Voy para allá enseguida...
Me guardĂ© el mĂłvil y me dispuse a salir del baño; mi chica ya tendrĂa que estar preguntándose por quĂ© tardaba tanto en mear; llevaba al menos cinco minutos adentro. SalĂ del servicio y, desde la puerta, mirĂ© hacia donde mi novia estaba sentada; desde allĂ la veĂa por un costado. Miraba hacia la barra, con cara nerviosa, aunque en su mirada percibĂ cierto morbo; con un semblante parecido al que tenĂa en el restaurante mientras le quitaba el tanga. PermanecĂ unos segundos quieto, mirando hacia ella; la vi hacer varios movimientos raros con su cuerpo, sentada en el sofá como estaba. No entendĂ si eran de nerviosismo o de excitaciĂłn. Sin más dilaciĂłn, caminĂ© a su encuentro. Ella se girĂł y, al verme llegar, hizo rápido un gesto, cambiando la postura en la que estaba sentada...
—Hola, amor, ¿qué pasa? —le dije al sentarme a su lado de nuevo.
—Nada, cariño, estaba preocupada... Tardabas mucho en el baño. CreĂ que quizá te encontrases mal o algo. —Su forma de hablar la notĂ© extraña. PercibĂ en su expresiĂłn, que me estarĂa mintiendo en algo.
MirĂ© tras de mĂ y, en la barra, vi a tres chicos de una edad similar a la mĂa sonriendo y mirando sin parar de reojo hacia nosotros. CreĂ tal vez descubrir lo que pasaba: seguramente, Carmen no se habrĂa acordado que estaba sin bragas y, en algĂşn cruzado de piernas o cambio de postura, habrĂa dejado al descubierto y al desnudo su coño, totalmente rasurado. Aquellos chicos, se habrĂan pensado que era una “guarrilla” que buscaba “guerra”,luciendo tetazas con aquel escotazo, y encima sin bragas...
Ella, por momentos, parecĂa seguir nerviosa. No preguntĂ© más sobre el asunto y decidĂ cambiar de tema, hablándole sobre lo que harĂamos a partir del dĂa siguiente. Charlaba con ella pero, a ratos, no podĂa olvidarme de RamĂłn ; seguro no tardarĂa en aparecer. Con los nervios cada vez aflorando más dentro de mĂ, fui apurando la copa, intentando que el efecto del alcohol me los fuese mitigando. AĂşn temĂa lo quĂ© pudiese suceder al aparecer Ă©l.
LlevarĂamos ya un rato hablando sobre sus tĂos y su prima, cuando notĂ© cĂłmo Carmen cambiaba el semblante de su rostro, mirando hacia la barra, asombrada.
Al instante, me cortĂł lo que yo estaba diciendo y exclamĂł:
—Luis... oye... —Estiró su mano hasta tocar mi brazo y avisarme—. ¡Mira quién acaba de entrar y está en la barra!
Me di la vuelta, mirĂ© a la barra como me pedĂa, y vislumbrĂ© a RamĂłn acompañado de una mujer, besándola y acariciándole el trasero, mientras pedĂan algo de beber. Me hice el tonto y, dándome la vuelta, le contestĂ© a mi chica:
—¿No sé?... ¿quién coño está? ¿Tú conoces a alguien de ah�
—¡SĂ, joder!... ¡mira bien! El tĂo de la camisa azul celeste; el que está con esa tĂa morena: ¡es el tipo de antes!... ¡el de la playa! ÂżNo lo ves?
ContinuĂ© haciĂ©ndome el tonto, e insistĂ:
—No, tĂa. ¡CĂłmo no me digas algo más!... No le recuerdo. ÂżQuĂ© tipo?, Âżel del chiringuito? ÂżEl camarero del chiringuito?... Âżel que te vio el pezĂłn?
—¡No joder!, ¡que pareces tonto!... ¡El del pollĂłn! ¡El de la playa nudista! El que te contĂ© que me habĂa saludado cuando me quedĂ© sola en topless. No te hagas el tonto, que sĂ© que te acuerdas de sobra —replicĂł ella, sin dejar de mirar a ratos hacia Ă©l y su compañera.
—Pues no le reconocĂa, la verdad. Pero ahora, veo que tĂş sĂ que te acuerdas perfectamente de toda su anatomĂa... o eso parece—añadĂ soltando una pequeña carcajada pĂcara.
Ella agachĂł la mirada dándole un nuevo trago a su copa. Yo lancĂ© mi mirada nuevamente hacia RamĂłn y Ă©l, al divisarnos, se quedĂł observando hacia nosotros fijamente, como si asĂ pretendiese demostrar que nos conocĂa y que le apetecĂa saludarnos.
Entonces, decidĂ comentarle a Carmen :
—Pues.... parece que Ă©l tambiĂ©n nos reconoce a nosotros. ÂżQuĂ© hacemos?... Âżle saludamos y asĂ le conocemos? Bueno... tĂş ya le conoces. —ReĂ.
—¡QuĂ© le voy a conocer, si sĂłlo me preguntĂł por el tiempo! —respondiĂł ella, aĂşn disimulando, dando pequeños sorbos a su cubata— No sĂ©... no parece mal tipo. Le saludamos y asĂ, si se acerca a conocernos, nos tomamos algo y no estamos solos toda la noche...
Carmen alzĂł la vista, le mirĂł, y levantando la mano le saludĂł. Él le devolviĂł ese saludo con una sonrisa amable y guiñándole un ojo, demostrando reconocerla al momento. Unos instantes más tarde, despuĂ©s de comentarle algo al oĂdo a la mujer que lo acompañaba, se acercaron los dos muy decididos hacia nuestra mesa.
—Hola, Carmen ,saludĂł RamĂłn , con gran naturalidad, nada más llegar a nuestro lado—, ¡quĂ© sorpresa que te acuerdes de mĂ! Antes, en la playa, te saludĂ© sin querer, confundiĂ©ndote con otra amiga que hacia tiempo no veĂa. ¡Sois clavadas! —MirĂł a su compañera, como buscando su asentimiento.
Yo, mientras RamĂłn decĂa esto, le observaba mientras me reĂa por dentro; la forma tan creĂble con la que mentĂa de forma tan descarada era digna de admirar. ¡QuĂ© temple!
—¿Éste supongo que será tu novio? —continuĂł preguntándole a mi chica, mientras le daba dos castos besos como saludo—. Encantado... ¡Hola, soy RamĂłn ! —Ahora hizo el paripĂ©, presentándose a mĂ, frente Carmen , muy educadamente y dándome la mano.
Casi sin darnos ni cuenta, ya nos habĂa salido ese “encuentro casual” que habĂamos “planeado” antes.
—Yo soy Jose...Ella Natalia... —intercedĂ—. Pero, parece que vosotros ya os conocĂ©is , añadĂ luego, mirando a aquel tipo a los ojos, con una falsa sonrisa de sorpresa. FingĂ asĂ no conocerle de nada más, que de haberle visto de refilĂłn por la playa.
—Bueno, os presento... —prosiguió Ramón ahora—, ella es Sandra... una amiga. —La mujer que lo acompañaba, decididamente, se presentó también dándonos dos besos a cada uno.
Sin pedir permiso, se sentaron en nuestra mesa, comenzando a charlar de forma rápida y muy suelta con nosotros. No paraban de preguntarnos de dĂłnde eramos; quĂ© tal lo estábamos pasando esos dĂas por allĂ; sobre las playas; sobre los restaurantes de la zona.... La facilidad de conversaciĂłn que tenĂan los dos era extraordinaria. En poco más de 15 o 20 minutos charlando, ya parecĂa que nos conociĂ©semos de antes; lo Ăşnico que me extrañaba, era que no comentaban nada acerca de su relaciĂłn: de si eran sĂłlo amigos, pareja o algo más... ParecĂa como si quisieran evitar ese tema.
—¿Nos tomamos otra copa?, Âżos apetece...? Invito yo —interrumpiĂł RamĂłn por un instante la fluida conversaciĂłn, mirándonos sucesivamente a Carmen y a mĂ.
—SĂ... Âżno? —le respondĂ yo, lanzando una mirada consultiva a mi chica, que me hizo un gesto afirmativo con la cabeza—. Vale... por nosotros perfecto —le confirmĂ©.
Carmen, ahora parecĂa estar muy a gusto, habĂa cambiado ese gesto nervioso y serio que tenĂa antes de su llegada allĂ, por uno mucho más alegre y despreocupado; la noche estaba transcurriendo genial hasta ahora...
—Sandra, por favor... ÂżTe importarĂa ir tĂş a pedir las copas? —le pidiĂł RamĂłn a su amiga, mientras se sacaba un billete de su cartera y se lo daba.
Aquella mujer se levantĂł y, estando ya de pie, le pidiĂł a mi chica con tono amable:
—Carmen, guapa... Âżme acompañarĂas para ayudarme a traerlas? Yo sola con las cuatro no voy a poder... ¡Soy muy torpe!
Mi novia, sonriente, se levantĂł con total naturalidad, como si se conociesen de antes, y juntas se dirigieron a la barra. ParecĂa que habĂan hecho buenas migas en tan solo esos escasos minutos que pudieron charlar. Sandra era una mujer madura, de una edad similar a la de VĂctor o quizás un poco más joven, pero no mucho más; yo le echarĂa unos 42 o asĂ. Era bastante morena de piel, y un poco más alta y más delgada que mĂ chica. Llevaba unos vaqueros muy ajustados, de esos tipo desgastados, que le marcaban un pequeño pero redondo y respingĂłn culo, y una blusa de tirantes que casi dejaba transparentar un poco sus pezones; parecĂa no llevar sujetador debajo. TenĂa unas tetas bonitas, pero al lado de las de mi chica, y más con el espectacular escote que lucia aquella noche, parecĂan más “normales” y algo más pequeñas: de una talla 85o 90,calcularĂa. Eso sĂ, lo mejor de ella era sin duda la cara de viciosa que tenĂa; de esas tĂas que, al verlas, intuyes que deben follar como unas autenticas “leonas”.
—Bufff, tĂo... ¡QuĂ© buena está hoy tu chica con ese vestido, amigo! —me sorprendiĂł RamĂłn con esas palabras, mientras ojeaba yo a su amiga—. ÂżCĂłmo la conseguiste convencer para traerse ese escotazo? ¡Diosss!.... Mira ahĂ en la barra, a esos tĂos a su lado... cĂłmo no le quitan ojo. —De forma descarada y sin cortare ni un pelo, empezĂł a hablarme sobre Carmen , mirando hacĂa ella, mientras las dos esperaban que las atendiesen; ahora, habĂa llegado más gente, y la barra estaba mucho más saturada que antes.
—Ya, bueno.... —balbuceĂ© nervioso ante esos comentarios suyos tan directos—. Pues, si te digo la verdad, tampoco la tuve que convencer mucho; fue ella misma la que se lo puso con agrado. Además... hoy se ha arreglado mucho más que de costumbre —le fui diciendo, mirando hacia Ă©l. RamĂłn no le quitaba ojo a Carmen desde allĂ—. Hoy está con ganas de gustar y se le nota. Esta noche la veo distinta, con más morbo. Serán estas vacaciones y el ambiente de este pueblo, que la está animando a soltarse. Y eso me gusta...
—¡SĂ, diosss!.... ¡QuĂ© tetones, tĂo! —me cortĂł Ă©l de nuevo, sin apartar la vista de mi novia—. Es que no puedo dejar de mirarlas. ¡Son sublimes! Desde que la vi la otra noche en la playa , me pone malo... ¡QuĂ© morbo me da que te guste exhibirla y que no te importe que la miren! A mĂ, esto de mirar a las mujeres de otros y que me dejen hacerlo, me vuelve loco. Bufffsss... —Aquel cuarentĂłn bufaba del morbo que parecĂa despertar en Ă©l que yo le dejase hablarme asĂ de mi novia. Yo, al instante, intentĂ© rebajar un poco su Ămpetu:
—Bueno... pero tampoco te pases mucho, ¡eh!, no se vaya a enterar ella... ¡y la armemos! —No podĂa dejar que se desmadrara demasiado—. Y bueno... Sandra no está nada mal tampoco, es distinta... más madurita... pero esta cañón tambiĂ©n. ÂżQuĂ© es tu pareja? —me decidĂ a preguntarle, aprovechando para hacer lo mismo que Ă©l con mi novia: mirar de arriba abajo, con morbo y sin cortarme ni un pelo a su compañera.
RamĂłn puso una sonrisa pĂcara, un tanto malĂ©fica, y con un enorme tono de sarcasmo, me contestĂł:
—NO... NO, no es mi pareja... ¡que va!. A mà me gustan demasiado las mujeres para tener sólo una esposa o novia fija, Sandra es la mujer de un amigo.
Prefiere que salga yo con su chica y se la divierta —dijo con una normalidad pasmosa, persistiendo en su rostro esa sonrisa maléfica.
Yo, al escucharle contarme esto, me quedé un poco extrañado, recordando cómo antes estaban ellos dos juntos, en la barra, comiéndose la boca y él magreándola por completo de arriba abajo. Ramón debió notar mi cara de extrañeza y me dio más detalles de aquello:
—A ver... ÂżCĂłmo te lo explico sin que te asustes demasiado?... Su marido... es... digamos que.... un marido consentidor. —La perplejidad de mi rostro hizo que RamĂłn concretase más—. Vamos... quĂ© le gusta que yo me la folle y que la haga disfrutar. Lo pasamos muy bien los tres con esto. Tienen una relaciĂłn muy liberal... ÂżNunca has oĂdo hablar de los parejas swingers? Pues algo asĂ... cuckold.
A mĂ, con sus palabras, en un segundo, se me puso la piel de gallina... De repente, como en un fugaz y repentino recuerdo, volviĂł a mi mente la visiĂłn de aquella SofĂa , la profesora madurita con la que tuve aquel “encontronazo” años atrás. VolvĂ a mirar hacĂa Sandra y, en ese momento, me recordĂł en cierto modo a SofĂa ; pensĂ© si esta amiga de RamĂłn y su marido serĂan una pareja como aquel otro matrimonio que “conocĂ” años atrás. Entonces, al escuchar esa confesiĂłn de la boca de RamĂłn , pude descubrir, que parecĂa ser verdad aquello de que existĂan realmente ese tipo de parejas, como me habĂa dicho mi amigo Alex; no era sĂłlo una fantasĂa de “tipos raros”, como yo me pensaba hasta ahora.
Una enorme sensaciĂłn de excitaciĂłn y miedo recorrieron todo mi cuerpo en ese instante. ÂżA ver si al final me estaba yo convirtiendo tambiĂ©n en uno de ellos? Hasta ahora, yo pensaba que lo que sentĂa era sĂłlo el morbo por ver de forma inocente cĂłmo otros miraban a mi novia, pero... ÂżquiĂ©n sabe?
RetornĂ© la mirada hacia Carmen y la vi allĂ, junto a Sandra, en la barra, rodeada de tĂos que no perdĂan ojo de su escotazo, sonriendo tan alegremente mientras charlaban las dos. Al instante, agarrĂ© lo poco que me quedaba del gin tonic y me lo bebĂ todo de un trago. Sin nada ya en la copa, mirĂ© de nuevo hacia RamĂłn para preguntarle:
—Pero... a ver... no puedo llegar a entender bien lo que me dices, cuéntame más... ¿Cómo es eso?
RamĂłn , por la forma en que comenzĂł a explicarme, parecĂa estar loco por contarme más detalles:
—Bueno, pues... que, como hoy, yo salgo con su mujer y nos divertimos mientras Ă©l nos espera en la habitaciĂłn del hotel. A veces, me la follo a solas y luego ella le cuenta todo al volver; otras veces regresamos y la follo delante de Ă©l... En algunas de esas veces participa, otras sĂłlo mira... depende del dĂa; de vez en cuando hacemos tambiĂ©n trĂos con otros hombres... Bueno, de todo —me iba contando RamĂłn , con tono tranquilo, mientras apuraba su copa, como si para Ă©l fuese algo totalmente normal y rutinario.
—Y todo esto.... Âżlo hacĂ©is desde hace mucho? —le volvĂ a preguntar, todavĂa un poco asombrado por lo que me contaba este “amiguete vacacional”que me habĂa echado.
—Más o menos, a Sandra y a su marido los conocerĂ© desde hace tres, cuatro años o asĂ... Los conocĂ un poco como a vosotros: un verano aquĂ mientras paseaban por la playa. Ella, ahĂ donde la ves ahora, con esa pinta de loba que tiene —riĂł con malicia—, antes no se atrevĂa ni a quitarse el bikini en la playa. Ahora, ¡no veas la de guarradas que hace! Ayer, hasta hicimos un trĂo...
Al segundo, los dos giramos a la vez la mirada hacia ellas, y descubrimos juntos cĂłmo se dirigĂan de vuelta hacia nosotros, ya con las copas. Llegaron a la mesa y, sorprendentemente, Sandra se situĂł a mi lado, obligando asĂ a que mi novia se tuviese que sentar junto a RamĂłn . Carmen, mirándome antes, como comprobando si eso me podĂa parecer mal o no, se colocĂł al momento tranquilamente y como si nada a su lado. A mi izquierda, Sandra se habĂa sentado pegada a mĂ, rozando sus muslos contra los mĂos.
—¿No os importa que hayamos cambiado las posiciones, no? Lo he hecho instintivamente... Nosotros solemos hacerlo mucho cuando conocemos a parejas nuevas. Es para ir asà entablando amistad más fácilmente —comentó Sandra, como queriendo explicarse y darle normalidad a aquel repentino cambio de asientos.
—No... no pasa nada —la excusĂł mi chica, aunque de forma muy tĂmida.
Carmen se habĂa colocado al lado de RamĂłn , no de forma tan pegada a Ă©l como Sandra a mĂ, ella se sentĂł dos palmos alejada de Ă©l, recostada en el sofá. AsĂ, desde esa posiciĂłn, ya sentada sonriente y tranquila, mirĂł hacia RamĂłn , despuĂ©s a Sandra y luego hacĂa mĂ, de una forma, como creyendo que Sandra podrĂa estar interesada en ligar conmigo o algo.
Carmen siempre habĂa sido bastante celosa y desconfiada cuando otras chicas me hacĂan gracietas o me saludaban muy efusivamente. Pero hoy no, hoy estaba muy distinta. Me daba a entender que esta noche aquello no parecĂa importarle. No parecĂa para nada preocupada y estaba siguiendo la situaciĂłn como algo muy natural. Además, incluso parecĂa que fuese algo que estuviese deseando: tener gente desconocida con quien divertimos y charlar, para no estar solos como estuvimos durante toda aquella semana de vacaciones.
Sandra no paraba de hablar; las palabras le salĂan por los codos, sobre todo, conmigo; relatándome sobre lo genial que era esta zona para veranear, y quĂ©, ella, desde la primera vez que vino, ya no querĂa ir a otro sitio que no fuese a Ă©ste y tal... Nos recomendaba hacer lo mismo a nosotros.
Carmen , mientras todo esto, casi no hablaba, sĂłlo asentĂa con la cabeza muy atenta a las conversaciones, pero sin comentar casi nada. RamĂłn , mientras tanto, disimulando y camuflado en la conversiĂłn de su amiga, descubrĂ cĂłmo se habĂa acercado mucho más a mi chica, y estaba ya casi tan pegado a ella como Sandra a mĂ. Pude ir comprobando cĂłmo se ponĂa las botas mirando el escote de mi novia. Primero, comenzĂł de reojo, de forma discreta, pero luego, a medida que notaba que Carmen no se daba cuenta, que no decĂa nada o que no parecĂa m*****arle, fue observándolo con más descaro.
Entonces,Carmen , de repente, en medio de una conversaciĂłn de RamĂłn con su amiga, en la que Ă©sta le contaba una anĂ©cdota tonta que le habĂa ocurrido esa misma tarde en la playa, la interrumpiĂł llevando la mirada hacia RamĂłn :
—Yo, bueno... nosotros —precisĂł Carmen mirando hacia mĂ—, tambiĂ©n, como anĂ©cdota, podrĂamos contar cĂłmo nos encontramos sin saberlo con una playa nudista. RamĂłn allĂ... parecĂa muy tranquilo paseándose desnudo... Yo no creo que fuese capaz de desnudarme totalmente y estar tan tranquilamente asĂ, a la vista de cualquiera...
—Ja, ja, ja... Ya tĂa... —la cortĂł Sandra con una carcajada—, pero RamĂłn tiene mucha experiencia en eso —le guiñó un ojo a RamĂłn de forma cĂłmplice—. Yo tampoco al principio me atrevĂa. Pero ahora, me encantan un montĂłn las playas nudistas. Ademas, bueno... tĂş habrás podido descubrir, que con eso que tiene, ¡como para no enseñarlo! —contĂł ella, sin reparo alguno, mirando a Carmen con otro guiño cĂłmplice y luego pasándome a mĂ la mano por el antebrazo, como pidiĂ©ndome permiso para hablarle a mi chica sobre la polla de RamĂłn .
—SĂ... la verdad... que sà —asintiĂł Carmen , de forma un tanto avergonzada, al haber comentado abiertamente el nudismo de RamĂłn . Luego, me mirĂł a mĂ, tal vez esperando que no me enfadase por ello. Yo sonreĂ, dejando claramente a entender que en absoluto me habĂan m*****ado esos comentarios sobre los atributos de RamĂłn . Es más, quise echar un poco mas leña al fuego, y exclamĂ© dirigiĂ©ndome a mi chica:
—Si yo tuviese una polla como la de Ă©l, tambiĂ©n me gustarĂa lucirla a todas horas. —SoltĂ© un risa un tanto avergonzada—. Además, Carmen, ahora no te avergĂĽences, que no pasa nada. ¡Bien que estuviste fijándote en ella cuando cruzamos esa playa nudista! Me di cuenta y lo hablamos... Y lo veo normal. Llama mucho la atenciĂłn.
Carmen , un poco sonrojada, mirĂł hacia abajo mientras intentaba disimular su vergĂĽenza dando otro trago a su copa. Entonces yo, de reojo, vi como mi chica no pudo evitar llevar su mirada hacia la entrepierna de RamĂłn que, allĂ sentado, con los ajustados pantalones blancos que llevaba, marcaba un buen “paquete”. Yo intuĂ, que incluso podrĂa habĂ©rsele puesto ya algo morcillona; seguro provocado por la visiĂłn tan cercana de las tetazas de mi novia.
—Bueno, Jose... y ya que estamos... siendo yo tambiĂ©n sincero, he de confesarte, que en la playa tambiĂ©n me he fijado en las tetas de tu chica. AllĂ, en topless, en esa playa, lucĂan genial —prosiguiĂł RamĂłn la conversaciĂłn, mirándome primero a mĂ, pero luego dirigiendo su mirada de retorno hacia mi novia—. Y bueno... tĂş, Carmen , si me lo permites y me disculpa tambiĂ©n tu novio, he de decirte, ¡quĂ© tienes unos pechos preciosos! —Sus ojos, ahora, se clavaron directos en sus tetas—. Es una delicia que te guste lucirlos en la playa. ¡A ver si un dĂa os animáis los dos a hacer nudismo! Ya verĂ©is cĂłmo os gusta... Al principio, a casi todo el mundo le da corte, vergĂĽenza o lo ve como algo extraño y raro, pero es genial. Si lo probáis, os digo que repetĂs seguro —volviĂł a comentar, dirigiĂ©ndose en exclusiva a Carmen.
RamĂłn tenĂa un encanto especial; aunque casi no le conocieses de nada, tenĂa una forma de ser que te hacĂa sentirte cĂłmodo y tranquilo con Ă©l casi al instante. Se le notaba un tipo muy abierto y amigable.
Carmen , sintiendo claramente los ojos de RamĂłn sobre su escote, parecĂa sumida en una mezcla de nervios y excitaciĂłn. Pero se percibĂa que estaba a gusto allĂ, piropeada por aquel hombre, sintiĂ©ndose deseada y con ganas de fiesta. Ya casi se habĂa terminado su copa; ella era la que más vacĂa la tenĂa de los cuatro. La verdad, que a mĂ me empezaba a preocupar un poco que pudiese pasarse con la bebida; no estaba acostumbrada a beber tanto, y ya iba algo “contentilla”; se lo podĂa notar por esa manera de comportarse de forma un tanto desinhibida. Y eso, en ella, sĂłlo era algo normal cuando bebĂa...
Al momento, RamĂłn echĂł la mano a su bolsillo, parecĂa sonarle el mĂłvil...
—¡Creo que me llaman! —exclamó—. Voy a salir fuera un momento a hablar. ¡Vengo ahora! ¡Perdonadme! —nos dijo, mientras se levantaba con su móvil sonando en la mano.
Mientras pasaba por delante de mi chica para salir, noté cómo acercaba su entrepierna con disimulo al rostro de Carmen. Vi que ella no lo esquivó demasiado, sino que aprovechó ese pequeño instante para ojeársela sin ningún tipo de reparo y a lo descarado.
Al “pasarle” el paquete frente a la cara, casi rozándola, vi claramente a Carmen fijarse en el enorme bulto; el tĂo iba medio empalmado y no le importaba que se le notase.
Nada más Ramón ir acercándose a la puerta de salida del local, Sandra nos comentó:
—Le habrá llamado algĂşn amigo... Creo que antes me comentĂł que habĂa quedado con uno.
Carmen y yo nos miramos, y ella, en ese instante, aprovechĂł para hacerme un gesto, insinuándome si yo preferirĂa mejor que se volviese a sentar a mi lado. Pero yo le devolvĂ el gesto, indicándole con señas que eso no era posible, a no ser que Sandra se levantase.
Aquella mujer siguiĂł charlando con nosotros como si nada, mientras RamĂłn seguĂa fuera. Hasta que, unos diez minutos despuĂ©s, RamĂłn regresĂł de su charla y se sentĂł de nuevo al lado de mi chica.
—¡Ya estoy aquĂ! He salido a hablar un segundo con un amigo —Hizo un gesto cĂłmplice, sonriendo de forma pĂcara a Sandra, como si los dos supiesen de quĂ© amigo se trataba.
Carmen, en ese instante, despuĂ©s de mirarme a mĂ, nos comentĂł a los cuatro:
—Disculparme a mà ahora un segundo... pero tengo que ir al baño, ¡que me meo!
—Yo voy contigo, guapa... ¡QuĂ© estoy igual! ─replicĂł Sandra rápido, al oĂrla, levantándose casi a la vez que mi chica.
Se dirigieron juntas al baño, y en la mesa nos quedamos de nuevo solos Ramón y yo, mirándolas como bobos mientras caminaban en dirección el servicio. Nada más entrar las dos dentro, él me preguntó con tono intrigado:
—¿QuĂ© era eso tan morboso que me decĂas que habĂais hecho viniendo? ¡Vamos, cuenta!
VolvĂ a mirar hacia la puerta del servicio, cerciorarme que Natalia habĂa entrado ya dentro, y le respondĂ:
—¡Bufff! Fue en el restaurante... ¡qué gozada!
—Pero... a ver, ¿qué pasó en el restaurante? Dime... —me insistió.
—Pufff... ¡fue un pasote el morbo! Nunca me habĂa dejado hacerle algo asĂ. Se dejĂł que le quitase el tanga... allĂ sentada en la mesa. ¡Yo creo que se enterĂł el camarero y todo!
Nada más comentarle esto, me metĂ la mano en el bolsillo y, mirando de nuevo alrededor, no fuesen a volver las chicas, saquĂ© el tanga que antes le habĂa quitado a Natalia y se lo enseñé, posándolo encima de la mesa, al lado de su copa...
—¡¡Joder, tĂo!! ÂżNo me jodas... quĂ© encima ahora anda la muy guarra por aquĂ sin bragas? —exclamĂł RamĂłn , mientras cogĂa ese tanga y se lo acercaba a su nariz para olerlo—. ¡¡Dios, quĂ© morbazo!!
DespuĂ©s de olfatearlo unos segundos, hizo un movimiento con una de sus manos colocándose la entrepierna; seguro se habrĂa empalmado al visionar a mi chica en su cabeza, con ese escote y ese vestido que llevaba... y ahora encima sin bragas.
—¡Guárdala!... ¡te la regalo! Además, ella en estos momentos se cree que se la dĂ al camarero del restaurante. No sabe que aun la tengo —le contĂ©, mientras podĂa observarle la enorme cara de lujuria que se le habĂa quedado, como si estuviese de nuevo visionando en su mente una imagen de mi chica desnuda...
Sin dudarlo se guardĂł aquel tanga en el bolsillo.
Al instante, mirándome a los ojos y con tono serio, me preguntó:
—Oye... a ver, una pregunta: ¿qué te comentó tu chica cuando le sugeriste lo de venir hasta la fiesta? ¿Cómo se lo tomó?, ¿te costó convencerla?... ¿o aceptó rápido?
—No, bueno... si te digo la verdad, aceptĂł a la primera. Y eso me sorprendiĂł un poco.... Fue algo asĂ como si ya estuviese deseando venir. No sĂ©... Âżpor quĂ© lo preguntas? —le dije. No sabĂa por dĂłnde iba.
—A ver... Yo creo, que ella ya sabĂa de antemano que hoy habĂa aquĂ una fiesta. Incluso, casi te dirĂa, que quedĂł con alguien para verse. ÂżTĂş no sabĂas nada?
Yo me quedé un poco sorprendido por sus palabras, y le respondà extrañado:
—No... ¡para nada! No sé por donde vas... ¿Con quién coño iba a quedar? Cómo no fuese contigo...
—Bueno, no te iba a comentar nada, pues no sabĂa si serĂa del todo cierto... Pero viendo ahora lo morboso que estás y todo lo que estas compartiendo conmigo y, cĂłmo veo que no te vas a mosquear, te lo contarĂ©... —Fue diciĂ©ndome mientras bebĂa de su copa.
—Dime... a ver sĂ, ¡cuĂ©ntame! ÂżPero quĂ© pasa? —Empezaba a estar cada vez más intrigado y nervioso.
—A ver cĂłmo te lo cuento para que no te asustes demasiado; creo que, tu chica y Riqui, puede que hayan medio quedado ya esta noche para encontrarse por aquĂ... por esta fiesta. —RamĂłn me miraba a los ojos mientras me lo contaba—. Por eso quizá tu chica aceptĂł encantada y sin preguntarte nada lo de venir aquĂ. ¡Se lo pusiste en bandeja!, no tuvo ni que proponĂ©rtelo ella y que tĂş sospechases algo.
Yo estaba muy sorprendido; jamás habrĂa pensado algo asĂ de Carmen . Sinceramente, aquello me parecĂa sĂłlo una fanfarronada por su parte... No le creĂa.
—¿Y tĂş, si ya sabĂas todo esto?, ÂżcĂłmo no me dijiste nada? ÂżQuĂ© eres cĂłmplice de ese tal Riqui? No me está gustando Ă©sto... ¡Me dijiste que se podĂa confiar en ti! —le interroguĂ©, con un tono de voz un tanto nervioso, y con el semblante de mi rostro serio, demostrando algo de enfadado.
—Bueno... yo no te engañé para nada. SĂ sabĂa que Riqui estaba desando follarse a tu chica, me lo dijo la misma noche que os vimos en su pub... —me iba diciendo RamĂłn . ParecĂa sincero—. Pero bueno, eso, ¡que tĂo no lo desea!, con esos melones y lo jamona que está. Pero, lo de que habĂa quedado con ella, eso, te juro que no lo sabĂa hasta hace un instante. Me acabo de enterar ahora mismo; me lo comentĂł hace un momentito que me acaba de llamar y yo le contĂ© que estabais aquĂ los dos conmigo. Acaba de terminar su turno en el pub y se viene para acá.
—Joder tĂo... La verdad, que todo esto no me lo puedo ni creer. Aunque, bueno, quizá por eso se puso sin rechistar este vestido, y se arreglĂł tanto y se maquillĂł tan estupendamente —le comentĂ© yo, terminando mi copa ya mediada—. Pero aun asĂ... no sĂ© si me hace mucha gracia todo Ă©sto. Estoy a gusto contigo, sĂ, y me da mucho morbo que me hables de ella y que la mires... Pero no sĂ©, seguir adelante me parece peligroso. ¡A ver si me voy arrepentir luego de todo esto! —añadĂ.
—¡Tu verás, Jose !, es tu decisiĂłn. Pero a ver, voy a hacerte una pregunta muy clara: Âża ti te podrĂa dar morbo que se follasen a tu chica? ÂżSĂ o No?... —Se me quedĂł mirando con rostro serio y morboso—. Que te gusta que la miren y que te digan cosas sobre ella, eso ya lo veo, ya se que sĂ. Pero... Âżte darĂa morbo algo más? —preguntĂł de nuevo.
Yo, pensativo y nervioso, pero a la vez enormemente excitado y curioso, pensĂ© durante unos segundos quĂ© contestarle. Una parte de mĂ tenĂa una curiosidad enorme por ver hasta dĂłnde serĂa capaz de llegar mi chica, y si era verdad todo aquello que me contaba ahora RamĂłn :
—Bueno, tĂo... Eso no lo sĂ©. Es muy fuerte lo que me propones —iba respondiĂ©ndole, a trompicones, midiendo bien cada palabra que decĂa—. No te voy a negar, que alguna vez sĂ que me he pajeado y fantaseado con esa idea, pero... de ahĂ a dar el paso. No sĂ©... —Dudaba—. Bufff, por un lado... ¡joder quĂ© morbo! Pero no sĂ©... estoy en dudas. Además, no creo que ella quisiera llegar nunca a tanto; es muy tĂmida y recatada, aunque hoy la veas asĂ vestida y algo lanzada. ¡No la conoces bien! Carmen no es asĂ, no es como Sandra —le fui diciendo esto, en cierto modo, queriendo auto convencerme a mi mismo de que seguir adelante con aquello no era arriesgado. Una parte de mĂ lo deseaba, pero a la otra, la más racional, le daba mucho miedo...
—Bueno... tienes razĂłn, no la conozco aĂşn casi nada. Pero, esta noche ella se ha preparado a conciencia para salir, Âżno?, y te ha ocultado que medio quedĂł con este chico, Riqui, Âżno? Pues yo veo bastante claro que algo tiene en mente; no sĂ© si será sĂłlo tontear o llegar a follar con Ă©l, no me atrevo a afirmar tanto, pero seguro que algo... algo sĂ que planea. Si no, ¡no te habrĂa ocultado que hablĂł y medio quedĂł con Ă©l!, Âżno te parece? ÂżTe lo habrĂa contado, no? —comentĂł RamĂłn , tambiĂ©n acabando ya su copa.
—No sĂ©... Bufff... igual tienes algo de razĂłn. Pero no sĂ©, quizá sea por eso que dices: sĂłlo por tontear un poco y sentirse guapa y deseada por otro que no sea su novio. A mĂ me quiere mucho y yo a ella. No concibo que le apetezca follarse ni ligarse a nadie que no sea yo —le volvĂ a decir, cada vez con mayor morbo por comprobar si ella habĂa quedado en verdad con aquel chico, ese tal Riqui, y hasta dĂłnde pudiese tener en mente llegar. Estaba seguro, quĂ© mi Carmen no iba hacer nada con nadie que no fuese yo; como mucho, tontear un poquito. Quizás, ni eso.
—Mira, te propongo un trato... —insistiĂł RamĂłn unos segundos despuĂ©s, viendo que me habĂa quedado en silencio y muy pensativo—. Si no quieres que Riqui haga nada con tu chica, yo le digo que se olvide de ella y no intente nada. Pero, si te da morbo ver hasta dĂłnde puede llegar ella con todo esto... yo te ayudo a planear algo morboso con Riqui, para que disfrutes viendo hasta dĂłnde es capaz tu chica de llegar con Ă©l. ÂżQuĂ© te parece?... ÂżAceptas? Será morboso. ÂżY quĂ© tienes tĂş que perder? Mañana ya os vais, Âżno?
Yo me quedĂ© otro segundo pensativo, la idea era ciertamente morbosa y, la verdad, era algo que llevaba fantaseado tiempo. Estábamos en un pueblo, donde nadie nos conocĂa y a donde quizá no volviĂ©semos jamás... Quizás nunca más se me presentase otra ocasiĂłn tan propicia para morbosear de ese modo y con esta idea. AsĂ quĂ©, decidĂ aceptar. Pero con una pequeña gran condiciĂłn:
—Vale, acepto, pero... eso sĂ, sin forzar para nada la situaciĂłn. Si mi novia no quiere o se siente incomoda, detenemos todo y nos vamos. Y además, yo tengo que enterarme de todo. No vale que Riqui se la lleve al baño e intente meterle mano sin yo enterarme. ÂżEntendido?
—SĂ... claro, por supuesto... Se me está ocurriendo algo para hacer Ă©sto mucho más morboso y excitante, y que tĂş puedas vivirlo, enterándote de todo. ¡TĂş confĂa en mĂ! —RamĂłn mostraba una cara de vicio enorme, que hacĂa que me intrigase quĂ© pensamientos estarĂan rondando su cabeza.
En esto, de repente, vimos salir ya a las dos chicas de vuelta del baño. VenĂan ambas muy sonrientes y haciĂ©ndose bromas la una a la otra. Esta vez, Carmen sĂ que se sentĂł a mi lado, y Sandra, antes de sentarse, comentĂł algo en alto mirándonos a mĂ y a RamĂłn :
—¡Joder con la tĂa! ¡Tiene a los tĂos locos con ese escote que lleva! Mientras hacĂamos cola en el baño, por lo menos tres intentaron ligar con ella. ¡VigĂlala Jose , que hoy te la levantan! —Se dirigĂa a mĂ, con tono de broma, mientras se iba acercando a RamĂłn para susurrarle al oĂdo algo en bajito. Éste, le contestĂł con una sonrisa cĂłmplice, como si ya supiese lo que le estaba contando.
—Bueno, ahora me toca a mà pagar las copas. ¿Os apetece otra, no? —les propuse a Ramón y Sandra.
—SĂ, venga, Jose ¡dame dinero!, que vamos Sandra y yo a por otras cuatro —me apurĂł Carmen , muy decidida, y haciĂ©ndome un gesto con la mano para que sacase pasta rápido...
—Vale, amor... ¡pero tranquila!, ¡qué te voy notando ya muy lanzada! —le repliqué, mientras le daba un billete de 50 euros para que pagase las copas.
—Tranquilo, cariño, no pasa nada... ¡estoy genial! ¡Vamos, Sandra!! —Con una mano, ayudaba a su nueva amiga madurita a levantarse del asiento.
AsĂ pues, nos quedamos nuevamente solos RamĂłn y yo...
—Oye... ¡cĂłmo está hoy de lanzada tu chica, eh! ÂżLa has visto? Me parece que aquĂ hay algo... Je, je, je...—intentaba Ă©l provocarme de nuevo, con voz y risas pĂcaras.
—Ufff... no sĂ©... ya veremos —respondĂ, mirando hacia ellas, que habĂan llegado ya a la barra y esperaban alegremente por las copas de espaldas a nosotros...
Al momento, RamĂłn girĂł su cabeza hacia la puerta y, al unĂsono, vimos entrar a dos chicos, los dos de sobre mi edad, de unos 29 o 30 años.
—Mira, ahà llegan ya Riqui y su amigo Andrés... —me comentó Ramón , guiñándome un ojo.
Hoy pude fijarme bien en Ă©l: Riqui era un chico de pelo negro, muy corto; un poco más alto que yo, aunque no mucho. Pero eso sĂ, con mucho mejor cuerpo; fuerte, musculado, con un bronceado de muchos dĂas de playa y curtido en deporte. No lo calificarĂa como más guapo que yo de cara, pero sĂ que era bien parecido y vestĂa elegantemente con una camiseta de marca y unos pantalones cortos por las rodillas. Su amigo era rubio, más delgado que Ă©l y con aspecto asĂ tipo “surferillo”. A mĂ, al verlos, el pulso se me acelerĂł a mil. MirĂ© hacia Carmen , y vi que aĂşn no les habĂa visto entrar, al estar despistada pidiendo las copas con Sandra.
Ramón les hizo un gesto a los dos para que le viesen, y ambos se acercaron rápido a nuestro lado.
—¡Hombre, RamĂłn , tĂo, estas en todas, eh! ¡No te pierdes una fiesta! ¡QuĂ© cabrĂłn! —comentĂł Riqui, chocándole fuerte la mano, como si fuesen colegas Ăntimos. Se quedaron de pie, justo al lado de nuestra mesa.
—SĂ, tĂo, ya ves... He salido otra vez a divertir a Sandra. Je je je...—les contestĂł RamĂłn riendo y mirando hacia ellas.
—Joder... Âżestá Sandra contigo hoy?... Âżotra vez? —Riqui se girĂł y la vio allĂ en la barra, junto a mi chica—. Yo, despuĂ©s de lo de ayer, creĂ que no tendrĂa ganas. ¡Pero quĂ© marcha que tiene la cabrona! —le dijo a RamĂłn , sonriĂ©ndole malĂ©ficamente. Por el cambio en el semblante de su cara, notĂ© cĂłmo se habĂa percatado de la presencia de Carmen al lado de Sandra.
Yo, durante todo esto, me quedĂ© callado y observando bien a Riqui y a su amigo, los cuales parecĂan no enterarse de mi presencia o no querer mirar aĂşn hacia mĂ.
—Mira, Riqui, Ă©ste es Jose—intervino RamĂłn —, estuvo el otro dĂa con su chica en el pub donde trabajas. ÂżTe acuerdas de Ă©l? —le preguntĂł, como presentándome.
—SĂ, claro... Encantado —Riqui me saludĂł ofreciĂ©ndome su mano—. Éste es AndrĂ©s, un colega mio... —Ahora fui yo el que mirĂ© hacia su amigo y le ofrecĂ tambiĂ©n mi mano.
En esto, las chicas aparecieron ya en la mesa con las copas. Al descubrir Sandra que aquellos dos chicos estaban allĂ, exclamĂł efusivamente mientras se abalanzaba sobre Riqui para darle dos fuertes besos en la mejillas:
—¡Hombre, Riqui! ¿Qué tal? ¡Has venido!... ¡Y hola Andrés, guapo! ¡Te ha liado hoy éste para salir con él!, ¿eh? —le preguntaba también a su amigo, al que correspondió con otros dos besos iguales.
Carmen , ante todo Ă©sto, se quedĂł quieta, asombrada, vergonzosa, de pie y mirando con timidez a Riqui. Estuvo un par de segundos asĂ, hasta que decidiĂł posar sobre la mesa las dos copas que ella traĂa en su mano: una para mĂ y la otra para ella.
—Hola, Carmen ... ÂżquĂ© tal estas? —le preguntĂł Riqui, educadamente, aunque observándola con disimulo de arriba abajo, sin cortarse ni un pelo en llamarla por su nombre en mi presencia, dejando asĂ claro que no se le habĂa olvidado.
—Bien... aquĂ... con mi novio. Nos enteramos casualmente de la fiesta y aquĂ estamos... —le respondiĂł ella, un tanto nerviosa y mirando de reojo hacia mĂ.
—AndrĂ©s... ¡vamos a buscar unas copas para tomárnoslas aquĂ, acompañándoles! —le propuso Riqui a su amigo, y los dos se dirigieron juntos hacia la barra.
Carmen , que les seguĂa con la mirada, volteĂł su cabeza hacia mĂ, con el resto del dinero que le habĂa sobrado de pagar las copas en la mano y, aĂşn un poco tĂmida pero de forma decidida, me preguntĂł:
—Jose ... ¿les pago a ellos también las copas? ¡Como estabas invitando tú!
—SĂ, Carmen ... ve y págaselas —le indiquĂ©.
Mi chica, rápido y de forma alegre, se fue hacia ellos, colocándose en la barra en medio de los dos para invitarles a sus copas.
Yo, sentado desde el sofá en el que estaba, divisaba la escena con inquietud y morbo a partes iguales. Mi chica se situó en la barra, casi rozándose con Riqui y charlando muy amistosa con él mientras esperaban por las copas.
SonreĂan los tres abiertamente cuando, de repente, Riqui, en un gesto rápido y disimulado, le colocĂł a mi novia un brazo sobre sus hombros, medio abrazándola, para continuar hablándole. Pero ahora, apoyándose un poco sobre ella, seguro queriendo observarle el escote desde lo más cerca posible. Carmen , ya totalmente desvergonzada, y como sin importarle que yo estuviese presente en el bar viĂ©ndoles, se agachĂł ligeramente sobre la barra, ofreciendo asĂ a Riqui una mejor visiĂłn de su canalillo. Yo no entendĂa si eso lo hacĂa apropĂłsito, o sin darse cuenta, pero continuĂł la conversaciĂłn asĂ apoyada...
Andres, el amigo de Riqui, observaba junto a ellos la escena, esbozando una sonrisa y pegando tambiĂ©n sucesivas miradas con descaro a los pechos de mi novia, pero no entrando en la conversaciĂłn con ellos, como dejando a Riqui charlar a solas con ella. La escena era realmente morbosa para mĂ, pero aun asĂ, estaba realmente nervioso. Mi novia iba a invitar a una copa, con mi dinero, a un tĂo que se la querĂa follar y, encima, Ă©ste empezaba ya a tirarle los tejos con descaro. Me excitaba ver cĂłmo aquellos dos tĂos le miraban el escote, pero me asustaba quĂ© más pudiese pasar luego.
Aunque, si lo pensaba bien, estaba muy seguro de que Carmen no harĂa nada más allá de eso: de sentirse observada y deseada. En aquel instante, siendo sincero, para mĂ ya era un logro verla exhibirse de ese modo tan claro. Siempre la habĂa tenido por una chica en extremo recatada, y aquello le podrĂa venir bien para ir cambiando de forma de ser, pues, ciertamente, era lo que yo deseaba: que comenzase a lanzarse más y a exhibir sin pudor su precioso y voluptuoso cuerpo.
AndrĂ©s pidiĂł dos cubatas a una de las camareras y, Carmen , muy sonriente y decidida, insistĂa en pagarles las copas ante la negativa al principio de los dos chicos, seguro queriendo quedar caballerosos, no dejándole pagar a ella. Al final, aceptaron, y Carmen las pagĂł con parte del dinero que aĂşn llevaba en la mano, antes de volver hacia la mesa.
En el regreso, mi novia venĂa caminando delante y, ellos, disimuladamente, se fueron quedando dos pasos por detrás, con sus copas en la mano y observando el movimiento que hacĂa su culo al caminar con ese vestido.
—Toma, Jose ... el dinero que me sobró —me dijo Carmen , nada más volver y sentarse de nuevo a mi lado.
GuardĂ© el dinero en la cartera, mientras veĂa la risa malĂ©fica que me ponĂa RamĂłn . De repente, sentĂ a mi chica darme un fuerte empujĂłn con su cadera, y decirme algo en alto:
—¡Jose, muévete un poco más a la derecha! Deja sitio para que se puedan sentar Riqui y Andrés.
Casi a la vez que ella, Sandra hizo lo mismo con RamĂłn , dejando hueco para que se sentase AndrĂ©s a su lado. Riqui, disimuladamente pero decidido, se sentĂł al lado de mi chica, casi pegado a ella, aprovechando el poco espacio libre de sofá que le permitĂa hacerlo.
Carmen , con Riqui allĂ sentado junto a ella, cruzĂł sus piernas dejando gran parte de sus muslos a la vista de Ă©l. Yo comencĂ© a deleitarme un poco con la situaciĂłn; los ojos de ese tĂo, parecĂan querer expresar todo lo que deseaba acariciar y frotar aquellos dos muslos. Yo, para mis adentros, imaginaba quĂ© podrĂa sentir si supiese que en realidad ella estaba allĂ sin bragas ni nada.
En esto, Sandra, comenzĂł a charlar con AndrĂ©s, de un modo parecido al que tuvo antes conmigo, pero esta vez sĂ que sĂ, y de todas todas, intentando descaradamente ligar con Ă©l.
Al cabo de un rato, mientras ellos dos copaban toda la atenciĂłn de la mesa, con una conversaciĂłn que tenĂan sobre una supuesta ex pareja de AndrĂ©s, vi cĂłmo Sandra ya le estaba pasando la mano por su pecho, acariciando su fibrado torso por encima de la camiseta sin mangas que llevaba...
—Ya te dije yo, que esa chica tan pija no te convenĂa, AndrĂ©s... Nunca me gustĂł para ti. Sabes bien que te lo dije ya el verano pasado que os conocà —le comentaba Sandra, mirándole de una forma lasciva, como queriendo demostrarle que hoy no se iba a volver a casa sin follar con ella.
Riqui, se mantenĂa callado y miraba a AndrĂ©s con una sonrisa pĂcara, como cĂłmplice con Ă©l; parecĂan demostrar con aquello, que habĂan venido allĂ precisamente a eso: a quĂ© ese tal AndrĂ©s se tirarse a la “madurita cachonda” Ă©sta. TenĂa pinta de tener fama de tĂa “fácil” y liberal, y tampoco es que pareciese importarle en exceso demostrarlo.
En esto, Ramón miró a Andrés y le sugirió:
—¡Venga, tĂo.... saca a Sandra a bailar, anda! A mĂ hoy no me apetece. ¡QuĂ© lo está deseando y no sabe cĂłmo pedĂrtelo!
Después, Ramón rodeó con su brazo derecho los hombros de su amiga, y le dijo:
—¿A que sĂ, Sandrita?, Âża que estas deseando mover un poco el cuerpo? Te veo mirando hacia la zona de baile desde ya hace un buen rato. —RamĂłn parecĂa muy interesado en que su amiga y AndrĂ©s se fuesen juntos a bailar.
—¡SĂ, eso! Tiene razĂłn, RamĂłn—exclamĂł ella—. ¡Vamos, AndrĂ©s! —insistiĂł, toda lanzada, mientras intentaba levantar a AndrĂ©s tirando de Ă©l con una mano, muy marchosa, y haciendo gestos con los brazos al son de la mĂşsica.
—¡Venga, tĂo, coño! ¡Sácala a bailar! No ves que lo está deseando —le animĂł tambiĂ©n Riqui, guiñándole un ojo.
AndrĂ©s, sonriendo y agarrando a Sandra de la cintura, se dirigiĂł con ella hacia la mini pista de baile, donde ya habĂa cada vez más gente bailando o tomándose allĂ las copas. Al verles llegar a la pista, RamĂłn y Riqui intercambiaron una mirada y sonrisa cĂłmplice, mientras yo observĂ© de nuevo a Carmen , que llevaba unos instantes en silencio; parecĂa divisar la escena entre Sandra y AndrĂ©s tranquila, pero cĂłmo con algo de incredulidad y asombro; como si no entendiese nada de nada de lo que pasaba. No debĂa comprender, si es que aquella mujer estaba con RamĂłn , como parecĂa en un primer momento, o si por el contrario era una cachonda que se liaba con todos. En otra momento, sentirĂa que esa incertidumbre no le gustarĂa nada, se encontrarĂa incomoda y querrĂa marcharse. Pero aquella noche era distinto. Por alguna razĂłn, más que causarle incomodidad, le causaba curiosidad... o ese era mi modo de ver las cosas en ese instante.
Entonces, Carmen se giró por completo en el asiento para mirar hacia la zona de baile, y contemplar fijamente cómo bailaban Sandra y Andrés...
A mi chica, siempre le habĂa gustado el baile, pero yo, la verdad, es que lo odiaba a ******. Esa serĂa posiblemente una de las pocas cosas que no tendrĂamos en comĂşn. Más de una vez me habĂa dicho que por quĂ© no me gustaba bailar, que a ella le encantaba... Pero yo siempre le contestaba lo mismo: que me podĂa pedir cualquier cosa, menos eso... Para lo del baile era un negado.
Yo, al verla observarles con fijaciĂłn y una leve sonrisa en su rosto, por la cara que estaba poniendo, tenĂa la certeza, que verles bailar le estaba dando mucha envidia. AsĂ quĂ©, ni corto ni perezoso, le preguntĂ© sin dudarlo:
—¿Te apetece bailar? —Ella girĂł su cabeza hacĂa mĂ, nada más notar mi mano acariciarle el pelo.
—Bueno... sĂ... un poco —me contestĂł, con mirada tĂmida, sabiendo que yo no querrĂa bailar con ella... Nunca querĂa.
MirĂ© hacĂa RamĂłn , que rápido intervino comentando:
—Pues Riqui lo hace genial. Está muy entrenado de bailar con las chicas en el pub donde trabaja. Se le da muy bien. ¡Menudos bailes se echa! Yo le he visto varias veces, y casi parece un profesional. —Los tres miramos hacĂa Riqui, que sĂłlo esbozaba una sonrisa, insinuando que aquello que RamĂłn decĂa podrĂa ser del todo cierto.
Vi ahĂ una buena oportunidad y, sin dudarlo, le sugerĂ a mi chica:
—Baila entonces un rato con Riqui, cariño... si quieres. Yo ya sabes lo negado que soy para eso.
Carmen mirĂł hacĂa Riqui, como comprobando la disposiciĂłn que podrĂa tener a esa oferta de bailar y, demostrando desearlo, le preguntĂł:
—¿Bailamos un poco entonces? Hace años que no bailo con un chico. Me apetece mucho, la verdad.
—Vale... si a tu novio no le importa, yo encantado —respondió Riqui, dando a entender que lo deseaba también. Le ofreció su mano para levantarla.
Mi novia, descruzĂł sus piernas, se puso en pie y se marchĂł con Ă©l hacia la zona de baile, sin poder parar de sonreĂr. A mĂ, la verdad, que no me ofreciĂł ni una simple mirada. SerĂa por lo novedoso del momento, pero me sonĂł un tanto extraño, bastante raro en ella...
—Bufff... ¿ésto empieza bien, eh? —añadiĂł RamĂłn , nada más quedarnos solos otra vez en la mesa—. ¡Mira quĂ© rápido se ha ido tu chica con Ă©l en cuanto le has dado oportunidad! Te dije que venĂa buscando algo.
Yo no contestĂ© nada, me di la vuelta, y desde allĂ fuimos los dos observando detenidamente la escena. Riqui y Carmen , llegaron a la pista, se colocaron al lado de AndrĂ©s y Sandra, y les saludaron al encontrarse. Sandra le dijo algo a mi chica al oĂdo, y Ă©sta le contestĂł tambiĂ©n algo a su vez, mientras se agarraba a Riqui comenzando a bailar.
Éste la tenĂa cogida por la cintura y con su mano a escasos centĂmetros de su trasero. ParecĂa haberla colocado de ese modo, con la clara intenciĂłn de ir bajándola luego poco a poco, y asĂ disimular mejor el ir acercándose a su culo, mientras se movĂan al son de la mĂşsica latina que ponĂan. Riqui, poco a poco, al ritmo de esos sonidos caribeños, agitaba todo el cuerpo de Carmen haciendo botar asĂ cada vez más sus tetas. Eso lo estaba haciendo seguro a propĂłsito, pues, por momentos, parecĂa que se le podrĂan llegar a salir y quedar libres en cualquier momento. Estaban llamando mucho la atenciĂłn de los tĂos que andaban solos por la pista, tomando sus copas y buscando ligar. Carmen atraĂa la atenciĂłn de muchos de ellos. La verdad, que el botar de sus pechos al son del merengue era un espectáculo...
—¡Joder, tĂo! Sigo diciendo quĂ© ¡vaya par de tetas tiene tu noviecita! Y cĂłmo se le mueven... ¡Bufff! —me comentaba RamĂłn , cada vez mas excitado, viendo con morbo, al igual que yo, cĂłmo Riqui bailaba sensualmente con Carmen y cĂłmo cada vez iba acercando más una mano hacia su culo.
Ella parecĂa dejarse hacer, o no se daba cuenta al estar metida en el baile, pero Riqui ya le rozaba claramente el trasero.
—SĂ, la verdad... —afirmé—, nunca la habĂa visto asĂ, de esta forma tan lanzada con un desconocido. Será porque le apetecĂa bailar... Conmigo nunca lo ha hecho. No sabĂa que le gustaba tanto. ¡Quizás deberĂa aprender! —iba diciendo yo, sin perder detalle de todo, pero sorprendido por lo distendida y suelta que se veĂa a Carmen , y por lo bien que se le daba a Riqui el baile. Se notaba que debĂa practicar mucho, y que lo usarĂa a menudo como “arma infalible”en sus conquistas femeninas.
—Ya sólo falta saber cómo hacemos para que lo veas todo... Que tu chica se lo va acabar montando con Riqui, parece ya un hecho. A no ser que te arrepientas y la frenes... —volvió a repetirme, sobándose un poco la entrepierna por encima del pantalón.
La verdad, que aquellas palabras de RamĂłn me parecieron un completo y desvergonzado vacile; para nada pensaba que, por unos cuantos movimientos de baile, ya mi novia se lo fuese a montar con otro. Me lo tomĂ© como una parte más del juego morboso con el que tanto le gustaba a RamĂłn provocarme. Yo lo sentĂ asĂ... y le seguĂ un poco el rollo:
—Bueno, no sĂ©... De momento sĂłlo esta bailando, o como mucho tonteando un poco con Ă©l. Ya veremos hasta dĂłnde llega la cosa... ¡Pero yo que tĂş no me harĂa muchas ilusiones! —repliquĂ©, volviendo a mirar hacia ellos, y cĂłmo fingiendo tranquilidad y seguridad en mĂ mismo.
—Ja, ja, ja, ja, ja...—RamĂłn riĂł a carcajadas—. Bueno, tĂş piensa lo que quieras... Pero vete pensando si quieres verlo todo o no. Porque, si estas dispuesto, hoy se follan a tu querida novia. ¡Te lo digo yo! Que me conozco muy bien a las tĂas. Y te digo que, a la tuya hoy, si la dejas libre, se lo monta con Riqui. ÂżQuieres apostarte algo? —me dijo de nuevo, devorando a mi novia con la mirada. Si la follan me obedecerás esta noche?
Mientras, veĂamos cĂłmo Riqui ya tenĂa la mano tanteando el culazo de Carmen por encima de su vestido...
Yo me quede callado, como mudo, observando bien la escena. No sabĂa quĂ© decir. Me parecĂa que aquel hombre se estaba pasando tres pueblos con sus comentarios, pues, aunque me daban cierto morbo, no me parecĂa que nada de lo que me decĂa se ajustase al carácter de mi chica. Ella me querĂa mucho, y estaba seguro que jamás harĂa nada a mis espaldas.
Aunque, serĂa de necios negar que aquella noche no estaba descubriendo una faceta distinta de Carmen que hasta ahora desconocĂa. Mi chica estaba allĂ, agarrada a un semi desconocido, bailando de forma sexy y con la mano del aquel tĂo tocándole ya sin reparos el trasero. Y Carmen se estaba dejando o al menos hacĂa que no se daba cuenta. Estaba claro, que no se estaba comportando como esa chica tan recatada y tĂmida por la que la tenĂa. SerĂa por el alcohol, por el sitio o por estar de vacaciones donde nadie nos conocĂa, pero en verdad, un poco cambiada sĂ que estaba...
!Vale,pero solo si no es forzada y lo veo yo ¡.
De repente, mientras miraba absorto cĂłmo seguĂan bailando los cuatro, Sandra se apartĂł de AndrĂ©s y fue en busca de mi novia, cortándoles de golpe el baile. Al instante, le comentĂł algo al oĂdo, y se marcharon juntas en direcciĂłn al baño. Los dos amigos, quedándose ahora sin parejas de baile, se pararon a intercambiar unas cuantas palabras mientras reĂan efusivamente. Riqui, entonces, al instante, dejĂł a AndrĂ©s allĂ solo, y retornĂł hacia la mesa junto con RamĂłn y yo.
Al llegar, se parĂł frente a nosotros, cogiĂł su copa que aĂşn tenia mediada sobre la mesa y ya sin hielo, y me mirĂł con rostro tĂmido pero despreocupado. En esto, RamĂłn se levantĂł para decirle:
—Riqui, acompáñame un momento... Quiero comentarte una cosa. —Los dos miraron al unĂsono hacia mĂ y, sin decir nada más, se largaron juntos hacia la puerta, saliendo raudos del local.
Yo, inmediatamente, al ver esto, mirĂ© hacia el baño y tuve la enorme tentaciĂłn de ir corriendo en busca de Carmen , para largarnos de allĂ; no sabia quĂ© podrĂan estar tramando aquello dos tipos, o si, este morbo incontrolable que de repente me habĂa entrado, me podrĂa suponer un problema gordo con ella si la cosa fuese a mayores. Por nada del mundo querrĂa perderla.
Ya justo me iba a levantar a buscarla, cuando Andrés llegó a mi lado y me preguntó por Riqui y por Ramón :
—¿A dónde han ido estos dos? —me comentó, extrañado, y mirando alrededor del local.
—No sĂ©... han salido fuera de repente. Supongo que volverán pronto —respondĂ, demostrando todavĂa algo de nervios, mientras no perdĂa ojo de la puerta del lavabo, esperando ansioso que saliese mi novia.
—¡Na... mira!, vienen ahà ya —exclamó Andrés, al ver aparecer a los dos de nuevo por la puerta, hablando algo entre ellos, sonriendo, y asintiendo Riqui a Ramón con la cabeza.
Al instante, casi a la vez que llegaron RamĂłn y Riqui junto a la mesa, salieron ya las chicas del baño. Sin mediar palabra, Sandra se abalanzĂł sobre AndrĂ©s como una loca, dándole un morreo ya totalmente desvergonzada. Mi chica se les quedĂł mirando y, al instante, observĂł a RamĂłn y Riqui que les sonreĂan pĂcaramente. Durante esos escasos segundos, Carmen a mĂ ni me mirĂł nerviosa , y al tomarla Riqui de nuevo de la mano, Ă©sta volviĂł raudo con Ă©l hacia la pista. RamĂłn se volviĂł a sentar conmigo en la mesa, mientras Sandra y AndrĂ©s seguĂan besándose y magreándose ante nuestra mirada.
Al momento, la amiga de Ramón agarró a Andrés de la mano y se marcharon juntos del bar...
—¡Te ha dejado solo tu amiga... parece! —le dije a RamĂłn , cĂłmo queriendo burlarme un poco de Ă©l, mientras los veĂa alejarse hacĂa el exterior del bar, de la mano.
Aquella escena tambiĂ©n era muy morbosa; parecĂa sacada de una peli porno, con la tĂpica “MILF” yĂ©ndose con un chico bastante más joven que ella.
—Ya... je je je...—asintiĂł RamĂłn riendo—.¡DĂ©jala! Hoy tiene ganas de una polla más joven. De la mĂa ya le dĂ bastante ayer... ¡con su marido mirando! Y bueno, piensa en ti, que puede que te dejen solo tambiĂ©n en cualquier instante —me replico Ă©l, indicándome con el dedo hacia Carmen , que seguĂa bailando con Riqui, dejándose ya sobar el trasero de una forma casi casi descarada...
—SĂ... mi novia no parece estar pasándoselo mal, no... —dije, resignado al ver aquello.
Aunque esto me pusiese bastante nervioso, no podĂa negar que era excitante verla asĂ. Aquel chico ahora se estaba pasando mucho más con sus gestos y, por momentos, yo pensaba que podrĂa estar incluso tentado a meter su mano bajo la falda de mi novia. No sabĂa quĂ© le podrĂa haber contado RamĂłn de mĂ; igual le habĂa dicho que eramos una pareja «swinger» de esas, y que yo estaba por completo de acuerdo en todo esto.
Carmen volteaba a veces su mirada hacia atrás, pero parecĂa querer fingir que no se daba cuenta, que por veces Riqui la sobaba con descaro. Incluso parecĂa querer ocultarse entre la gente para que yo no les viese. Me resultaba ciertamente increĂble el asunto. Aquella era una Carmen distinta a la que conocĂa. Estaba claro que tenĂa que ser por el alcohol. DebĂa decirle que no bebiese más...
—SĂ... Ya ves, que obligada no parece estar, no... —retomĂł la charla RamĂłn , al ver que yo no perdĂa detalle de todo—. Dime... entonces, Âżestás preparado para ver si se follan esta noche a tu dulce tetona Carmen ? —me preguntĂł RamĂłn , con voz morbosa, que me quitĂł un poco mis dudas de antes y me excitĂł aĂşn mas. Yo tenĂa claro que Riqui no se la iba a follar de modo alguno, pero me intrigaba ver hasta dĂłnde podĂa llegar ella.
—SĂ, creo que sĂ... —le dije, para apaciguar sus ansias por sacarme una respuesta afirmativa, aunque dentro de mĂ tenĂa la certeza de que eso nunca pasarĂa.
—Bueno, mira... —Ramón me pidió en un gesto disimulado que me diese la vuelta—, por ahà vuelve tu novia, botando sus tetones de putita. ¡Apuesto a que ya trae su chocho empapado! ¡La muy guarra! —Ramón dijo esto en voz alta, mientras caminaba Carmen hacia la mesa, y en un tono que, si no lo escuchó ella, debió ser por muy poco. La verdad, que Ramón se estaba pasando tres pueblos. Pero en el fondo, a mà eso me excitaba.
Carmen llegĂł junto a nosotros y, casi sin mirar hacia mĂ, cogiĂł la copa mediada que tenĂa aĂşn sobre la mesa, sin nada de hielo, caliente como ya debĂa de estar, y se la bebiĂł toda de un solo trago. Yo, al verla, le comentĂ© con tono enfadado:
—¡Carmen , cariño!, ¿no te estarás ya pasando un poco con la bebida? No quisiera tener que meterte yo en la cama esta noche. ¡No bebas más! Sabes lo rápido que te hace efecto el alcohol...
—No pasa nada,Jose ... qué estoy bien —me contestó, posando de golpe ese vaso sobre la mesa. Vi que le cayó un poco de liquido sobre su escote, mojando sus pechos—. Además... ¿no fuiste tú el que me propusiste tener una noche loca hoy aqu� Pues tranquilo, que sé controlarme. ¡Tú no me vas a tener que meter en cama! Lo estoy pasando muy bien. Hacia años que no bailaba tanto.
Dicho Ă©sto, rauda, y sin decir nada más, retornĂł con Riqui que ahora se habĂa quedado solo en la pista leyendo y contestando unos whatsapps en su mĂłvil. Al llegar mi chica de nuevo con Ă©l, siguieron bailando, con Riqui cada vez rozándose más contra ella, la cual tendrĂa que estar notando ya el seguro empalme que Ă©l tendrĂa.
Mientras continuaban bailando, Riqui le comentaba algo al oĂdo...
Una parte de mĂ, querĂa cortar todo aquello e irnos al hotel. Pero ya no podĂa... Por un lado, estaba Carmen , que parecĂa estar disfrutando, y tampoco querĂa ser un “agua-fiestas” actuando como un novio celoso. Pero, por otro lado, no podĂa negar que en parte me excitaba aquello; querĂa ver hasta dĂłnde llegarĂa Carmen . ÂżSe dejarĂa sobar una teta? Eso era sĂłlo ya lo que le faltaba; el culo ya se lo habĂa palpado aquel chico varias veces durante el baile.
De pronto, Carmen y Riqui dejaron de bailar, y se volvieron con nosotros. Mi chica, sentándose a mi lado y mirándonos sucesivamente a RamĂłn y a mĂ, nos comentĂł:
—Cariño, Âżvamos hasta la fiesta? AndrĂ©s le ha mandado un mensaje a Riqui diciendo que está allĂ, bailando con Sandra. ÂżVamos?—Carmen me hablaba de aquellos dos chicos como si los conociese de siempre.
Después de mirar hacia Ramón , le contesté:
—SĂ... Vamos...
—¡Guay! ¡Pues genial!... Allà invito yo a las copas —intercedió Riqui, entusiasmado.
Salimos del local y nos dirigimos hacia la fiesta. EstarĂa como a unos doscientos metros. En el trayecto, Carmen y yo fuimos juntos, agarrados del brazo, y RamĂłn y Riqui unos pasos por detrás, charlando.
Acercándonos a la fiesta, mi chica me preguntó:
—¿Te está m*****ando que baile con Riqui, cariño? Es quĂ©... la verdad, me apetecĂa mucho... ¡HacĂa tiempo que no lo hacĂa!
—No, amor... ¿por qué me iba importar? —le contesté, esperando más bien conocer, cuáles eres sus deseos, que mostrarle mi permiso abiertamente.
—Bueno... no sĂ©... por si te ponĂas celoso o algo... —prosiguiĂł ella diciĂ©ndome—. Me apetecerĂa seguir bailando con Ă©l en la fiesta, otro ratito más. ÂżMe dejas, no? Siempre me dijiste que te pidiese cualquier cosa, menos bailar tĂş conmigo. Pues ahora... te estoy pidiendo que me dejes bailar con Ă©l todo este rato que estemos por aquĂ, ¡me lo estoy pasando genial!
—SĂ, vale... baila con Ă©l todo lo que te apetezca. Pero en no mucho más de una hora nos vamos, Âżeh? ¡Son las tres de la mad**gada ya! Y mañana tenemos que salir temprano a casa de tu prima. ¡AcuĂ©rdate! —le recordĂ©, justo cuando llegábamos donde era la fiesta, y al Carmen mirar hacia atrás buscando de nuevo a Riqui con la mirada.
Se la notaba con ganas de seguir bailando con Ă©l, y eso, en el fondo, a mĂ excitaba. Verla mover sus curvas al son de la mĂşsica, mientras aquel “desconocido” la comĂa con la mirada, me ponĂa cardĂaco. No lo podĂa evitar. Intentaba seguir comportándome como un novio normal y no perder los papeles, pero el morbo me superaba.
—Es muy buen chico... y baila genial... Gracias por dejarme bailar con él. ¡Te quiero! —me dijo ahora, dándome un beso, mientras Ramón y Riqui nos alcanzaban, proponiéndonos ir a pedir algo de beber a la barraca de la fiesta.
Pedimos cuatro cubatas, que Riqui pagĂł, y los tres tĂos, o sea, Riqui, RamĂłn y yo, nos colocamos apoyados en la barra con nuestros ojos pegados en Carmen , que ahora bailaba sola en frente nuestro; distraĂda, de espaldas, moviĂ©ndose sensualmente mientras comenzaba a tomarse la copa observando la orquesta. Los tres nos quedamos como bobos mirándola, viendo cĂłmo balanceaba su cuerpo, agitando sus rotundas caderas al ritmo de la mĂşsica.
Riqui, en esto, dio un largo trago a su cubata, terminánselo casi por completo y, disimulada pero decididamente, se separĂł de nosotros para irse acercando directo hacĂa ella. Al encontrarse los dos de nuevo frente a frente, se agarraron de la manos, continuando el baile que habĂan iniciado antes en el pub...
Mientras, Ramón y yo, les observábamos sin quitarles ojo, viendo cómo poco a poco se iban alejando discretamente, metiéndose entre la gente...
—¿Ya te estás preparando para ver cĂłmo folla hoy tu chica con otro? —RamĂłn se acercĂł a mi oĂdo para decirme esto—. Creo que la cosa va a ser ya cuestiĂłn de minutos; tu chica debe estar a punto de perder las bragas por Riqui... A no... espera, ¡que ya le has hecho tĂş ese trabajo y se la traes ya sin nada! Ja ja ja...—me comentaba RamĂłn , riĂ©ndose a carcajadas sobre mi oreja, pero a la vez tocándome en el hombro, cĂłmo tranquilizándome... cĂłmo pidiĂ©ndome que no me enfadara... quĂ© todo era una broma.
Yo, aunque creĂa que todas esas bromas y comentarios ya iban demasiado lejos para habernos conocido hacĂa solo un par de dĂas, no les di importancia y quise fingir que ya me estaba planteando que pudiese llegar a pasar algo entre ellos...
—Bueno... ya veo que ella está un poco más decidida... pero aun asĂ, yo todavĂa tengo mis dudas que ella de el paso. Sigo pensando que sĂłlo quiere divertirse y tontear un poco con Ă©l... ¡nada más! —le contestĂ©.
Continuábamos divisando con morbo la escena, viendo que seguĂan bailando y que Riqui le agarraba el culo con las dos manos, como ya creyendo que no les veĂamos desde donde estábamos.
—Eso... tĂş dĂ©jala... y hazme caso a mĂ en todo lo que te diga, que te aseguro que hoy compruebas cĂłmo tu novia folla con otro... A Riqui no se le escapa una. ¡Te lo digo yo!, que le he visto hacer esto muchas otras veces con tĂas como la tuya —continuaba RamĂłn , provocándome, mientras se terminaba la copa.
Al momento, vimos aparecer entre la gente a Sandra y a AndrĂ©s, que se acercaban a Carmen y a Riqui. Sandra parecĂa venir mucho más despeinada que antes, y con pinta de bastante bebida.
“¡Estos dos vienen fijo de echar un polvo!”, pensĂ© para mĂ. Ella comenzĂł a charlar con mi novia y, al momento, se fueron juntas, dejando solos a Riqui y a AndrĂ©s, que seguĂan charlando sonrientes.
Mientras observaba cĂłmo Sandra y mi chica se iban alejando, perdiĂ©ndose entre la gente, vi tambiĂ©n como AndrĂ©s le daba algo a Riqui: parecĂan ser las llaves de su coche. DespuĂ©s, continuaron hablando unos instante más como si nada.
Pasaron unos breves minutos más, y la chicas seguĂan sin aparecer. Para mĂ, Carmen estaba tardando demasiado en volver. Me estaba comenzando a preocupar y me parecĂa que aquello estaba yendo ya demasiado lejos. Me impacientĂ©. EmpecĂ© a sospechar, que tal vez se habrĂa pasado con la bebida y podrĂa estar encontrándose mal o *****ando en algĂşn rincĂłn, ayudada por Sandra, sin querer decirme a mĂ nada o que no me enterase para que no la regañase. HacĂa un rato, yo la habĂa avisado seriamente que no bebiese más...
Entonces, de repente, vi como Riqui y su amigo se acercaban hacia nosotros...
Al llegar a nuestro lado, Riqui mirĂł a su cubata casi vacĂo que aĂşn estaba sobre barra, antes de comentarnos:
—Bueno, amigos... Ă©ste y yo nos vamos ya —dijo, refiriĂ©ndose a su colega—. Las chicas no creo que tarden mucho. Se han ido a mear aquĂ al lado... en el aparcamiento. Y bueno, Jose , tĂş despĂdeme de tu chica. Sois un encanto los dos. Ha sido un placer conoceros... ¡Hasta otra!... ¡A ver si volvĂ©is por el pueblo el año prĂłximo!
DespuĂ©s de darme Riqui afectuosamente la mano, los dos amigos se fueron, y yo me quedĂ© mirando a RamĂłn con una confortable sonrisa en mi cara, como diciĂ©ndole con esa expresiĂłn, que no iba a tener razĂłn en eso que Ă©l tan seguro me decĂa que pasarĂa.
Al ver ese semblante en mi cara, él rápido quiso salir al paso:
—¡Tranquilo! TĂş no cantes victoria tan rápido. Que aĂşn no habĂ©is vuelto al hotel. AĂşn estoy yo aquĂ... ¡Espera!
VolvĂ a esbozar una nueva sonrisa, al creer, que ahora era Ă©l quiĂ©n se pensaba que se follarĂa a mi chica. SĂ tenĂa dudas de que con Riqui llegase a hacer algo, con RamĂłn menos aun, que era un tipo casi veinte años mayor que ella.
Aun asĂ, siguieron pasando los minutos, y las chicas seguĂan sin aparecer. Di un Ăşltimo trago a mi copa y le dije a RamĂłn , ya bastante inquieto:
—Oye, RamĂłn ... Esto ya es para preocuparse... ¡Vamos a dejarnos ya de bromitas y vamos a buscar a las chicas! Sandra parecĂa muy ********, y mi novia iba ya bastante tocada tambiĂ©n. ¡A ver si se encuentran mal o les pasĂł algo!
—Vale, sĂ... te acompaño. ¡SĂgueme! —exclamĂł RamĂłn , pidiĂ©ndome que le acompañase en direcciĂłn a ese aparcamiento que habĂa a unos trescientos metros de la fiesta, donde Riqui nos dijo que supuestamente habĂan ido ellas a mear.
3 years ago