La vida continúa
Pasé unos meses de gran agobio, tristeza y lloraba por cualquier boludez, pero a medida que avanza el trámite de divorcio, me voy sintiendo mejor y más seguro de mí mismo. Me instalé en mi propio departamento de soltero. Es pequeño, pero para mis cosas alcanza, además tengo una especie de oficina, con computadora, impresora y conectado por internet puedo seguir adelante con mi trabajo, diseño de ropa para hombres, heteros y gay, mujeres, en fin de lo que me encarguen. El problema de esto es que me enfrasco mucho en el trabajo y si no hay nadie que me apure en salir o pasear, mi vida social se pone casi nula. En el living, quité el sillón de tres cuerpos que tenía hace mucho tiempo por una caminadora. Soy bastante atlético y hago entre caminata, trote y carrera, casi dos horas diarias de ejercicios, lo que me permite además de estar en forma, mantenerme delgado. Mirándome al espejo, observé que mi cuerpo es, modestamente, delicioso, pero mi cabello necesita atención. Largo, desparejo y con canas. Así que decidí ir a la peluquería de Tito un gay hermoso, lástima que sea tan pasivo como yo. Igualmente como no es precisamente muy fiel a sus parejas y las rota con mucha frecuencia, siempre está buscando macho. Yo no discuto que es hermoso tener sexo, me gusta, pero yo necesito, cariño, amor, contención, no solamente sexo, como le gusta a Tito.
- ¡Andrés! Estás hecho un chiruzo, por favor sentate que te voy a atender personalmente. Pero ¿qué te pasó?
Le conté con lujos de detalles, como a él le gusta. Le juré que no me vuelvo a casar, pero que igualmente me gustaría tener otra pareja, fija, no el Tito’s style. El divino se cagó de risa.
Estuve casi toda la tarde en la peluquería, me depiló, me puso cremas faciales y corporales. Cuando salí del negocio me sentía hermoso y seductor. Por lo que fui al centro comercial de la zona, ya era casi de noche y decidí cenar. Luego caminando por el centro, casi todos los negocios ya cerrados, poca gente. Y alguien me habla.
- ¿Estás aburrido? Te veo ir de un lado a otro, sin decidirte.
Un tipo, de mi edad, pero mucho más alto, morocho, musculoso y aunque de sport se viste con mucha elegancia. Camisa blanca, vaqueros a la moda y zapatos marrones de cuero, que deben costar lo que yo gano por mes. Pelo negro algo largo, pero no melena. Sin bigotes, ojos negros y sonrisa con dientes blancos y perfectos (seguro de dentista).
- Me asustaste. Solo paseaba.
- Disculpame, me llamo Roberto.
- Un placer, mi nombre es Andrés.
- Me gustaría resarcirte invitándote a tomar algo, en el pub que funciona hasta tarde.
Obviamente que acepté, fuimos caminando lentamente, charlando como viejos amigos. Entramos y nos sentamos en un lugar tranquilo con bastante luz. La charla fue un cuéntame tu historia y yo te cuento la mía. Es soltero, empresario de transporte, vive por la zona, o sea somos vecinos. La charla fue muy sincera y no tocamos el tema de sexo, es más nunca le dije que me había separado de un hombre. Igualmente yo me sentía que él me trataba sabiendo, ustedes entienden. Hubo un momento en que me terminé de convencer. Me toma una mano y me dice
- Tenés unas hermosas manos, totalmente femeninas.
Y yo, caliente como una pipa, solo supe decir “Gracias”. Intercambiamos números de celulares y me acompañó hasta casa. Ni amagó a subir, ni yo lo invité. Me besó la mejilla.
- Mañana me gustaría invitarte al cine ¿venís?
- Tipo 8 en el centro comercial.
Estuve pensando en ese tipo, hasta que me dormí. A la mañana me desperté pensando en él. Luego me metí a trabajar, tenía toda una colección de hombres heteros que entregar. En la computadora y viendo lo que se estaba usando, viendo muchas clases de hombres, me calenté mucho pensando en Roberto.
Diez minutos antes de las 8 llegué a la zona de los cines, saqué dos entradas para ver una película de acción. Le mandé un mensaje diciendo donde estaba y él me contestó, estoy llegando. ¡Y llegó! Camisa negra, pantalones grises y otra fortuna en unos zapatos de cuero negro. ¡Qué hermoso es! Me da otro beso en la mejilla y discretamente me toma de la cintura al hacerlo. Charla de rigor, sonseras, pero para mí era como que me contaba la verdad de la vida. A la hora indicada entramos a la sala. Nos sentamos juntos, prácticamente con nuestros cuerpos adosados, su perfume es hermoso, siento que me toma de la mano.
- Me encantan tus manos.
Ya zafado, le digo
- ¿Y el resto?
- Lo que se ve es hermoso, lo que imagino es extraordinario. Me gustás.
- Vos también. Pero ahora veamos la película.
Vimos la película, pero en verdad me la pasé haciéndome la película como se dice comúnmente. En un par de oportunidades le rocé el nabo, que estaba algo abultado.
- Cuando termine la película ¿vamos a mi departamento?
- Si me invitás…
Salimos de la sala, como dos amigos varones que fueron a ver a los super héroes. En la calle tomamos un taxi, aunque eran solo 10 cuadras. Llegamos, edificio de lujo, gran entrada, hall de lujo, ascensor con dos puertas, fuimos al último piso, su piso, entero de él. Ya en el ascensor, fueron los primeros besos, me tomó de la cintura y sentí como me incrustaba en su enorme cuerpo, me dejé llevar por él. Entramos nos despatarramos en un enorme sillón, seguimos besándonos y me fui dejando desvestir, me quitó la camisa, los zapatos, las medias y me empezó a besar las tetillas jugando con mis pezones, yo deliraba mientras mi mano acariciaba su polla por sobre el pantalón. Se notaba dura y grande. Me levantó como a un bebé y me llevó al dormitorio, la cama es grande como de dos camas matrimoniales, se quitó la camisa mientras yo me quitaba el pantalón. Casi me desmayo, es delgado pero con músculos marcados, luego el pantalón y el slip, yo ya estaba desnudo. Me quedé hipnotizado con su polla, larga, gruesa, negra como mi culo, dos bolas enormes colgando. Le pido permiso y me deja chuparla. ¡Qué placer! Limpia, pero con olor a macho. Estuve como 15 minutos chupando su verga, él acostado en la cama y yo arrodillado como adorando a un dios, pero con la boca llena de su verga y mis manos acariciando las bolas. Me toma de los hombros lleva mi cara a su boca y me besa con ganas mientras sus manos, me acarician las nalgas, con la sesión de besos, sus manos abren mis nalgas y acarician mi entrada en el culo. Deliro de placer. Me toma la verga me acuesta y me la chupa, no es ni cercana a la suya, la mía parece una muestra gratis. Me hace que le chupe dos dedos, para luego meterlos en mi ansioso agujero, mientras él sigue mamándome la polla. Cuando tengo dos dedos adentro del culo, los gira y los abre para que se me dilate convenientemente. Me levanta las piernas y comienza a penetrar muy suavemente. Es lo suficientemente alto, para que su polla me penetre y él con su boca me siga besando. Sin apuro, sin *********, su enorme polla entra completa en mi adorado agujero. Cuando la siente segura adentro, comienza a darme empujones hasta el fondo, me duele, pero es tan delicioso tener ese monstruo dentro, que el dolor es placer. El vaivén es lento al principio, de a poco se va haciendo más rápido, como estuvo 20 minutos dándome placer, cuando el ritmo se hizo frenético y en un punto para y siento que me llena el culo y las entrañas de semen, enorme eyaculación, se acostó sobre mí sin sacar la verga, para seguir besándome mientras su polla va perdiendo dureza y tamaño, pero siempre dentro de mi culo.
- Roberto, me encantó.
- Sos tan lindo, Andrés, te vi y me enamoré.
- No te apures.
Cuando me sacó la verga del culo, se la mamé hasta sacarle los restos de semen. Mientras el grueso que estaba en mi culo, iba cayendo por mis piernas.
Luego nos bañamos juntos. Yo seguía caliente como una pipa, así que mientras nos bañamos aproveché para mamarle la verga, aunque no tuve premio en leche, igual tener esa polla en la boca, en el culo o en la mano es una belleza. Nos secamos, sin vestirnos, fuimos a la cocina y cominos restos.
- Quedate a dormir conmigo.
- Roberto, mañana trabajo desde temprano. Tal vez pueda quedarme el sábado, si todavía querés que lo volvamos a hacer.
- Esperar al sábado, vení mañana te lo ruego.
Así empezamos, veamos cómo continuamos, si continuamos.